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La vida cotidiana a menudo te enfrenta a distintas situaciones que generan gran tensión, desde las más pequeñas, como la espera en una oficina para hacer un trámite, hasta las más importantes como una relación amorosa conflictiva. No importa qué edad tengas o qué actividades realices: el estrés aparece con frecuencia sin que lo llames para arruinarte el día. Si no lo controlas, puedes tener reacciones físicas o psicológicas a este estado alterado que pueden derivar en problemas de salud graves a largo plazo. Por eso, esta te invita a relajarte con 15 cosas de todos los días, por las que no vale la pena estresarse.

Un correo sin respuesta

Una tecla tan pequeña como el F5 (Actualizar o Refresh) del teclado puede concentrar grandes cantidades de ansiedad. A veces pones demasiada expectativa en un correo que es importante para ti y te desespera no recibir una respuesta inmediata. Incluso pueden pasar un par de horas y ya empiezas a dudar de la tecnología: ¿le habrá llegado? Hasta que al cabo de unos días llegas a pensar que no te quieren responder. ¡Calma! Tus tiempos no son los tiempos de los demás, cuanto menos te estreses, más rápido llegará la respuesta.

Atasco de tránsito

El tránsito es uno de los mayores factores de estrés, sobre todo cuando hay atascos. El tiempo empieza a jugar en contra, los ánimos se agitan y los conductores gritan y se fastidian como si la culpa de todo fuera del vehículo que tienen delante. Lo cierto es que el mal humor no ayuda a que los coches se muevan, así que mejor sonríe al conductor de al lado o bien conversa con alguien si vas en un medio de transporte colectivo. Todo fluirá mejor de esta manera.

El dinero

Es muy común el estrés relacionado con temas de dinero. Pero no hay que confundir la preocupación con angustia, y hay que tener claro que ponerse nervioso no es un negocio rentable. Está bien trabajar para generar los ingresos que cada uno considera necesarios, pero no hay por qué estresarse si los resultados no llegan tan rápido como quieres. No te olvides de que las cosas más saludables como salir a caminar, escuchar música o compartir una tarde con alguien querido siguen siendo gratis.

Compañeros de trabajo

En todos los lugares en los que mucha gente que no se conoce comparte tiempo, ya sea un lugar de trabajo o un lugar de estudio, habrá alguien que no te caiga tan bien como los demás. Es muy común concentrarse en lo irritable que es esa persona y estresarse por tener que hablar con ella de manera obligada. En realidad, es mucho más sano tratar de encontrar algo positivo en la persona que no te gusta, que seguro lo tiene. Si no es evidente, tómalo como un ejercicio e invierte el tiempo que te pasabas hablando mal de esa persona en buscar sus virtudes.

Un examen

Los días previos a un examen o a la presentación de un trabajo suelen ser terribles para los nervios. La inseguridad se apodera de ti y piensas que no serás capaz de estudiar lo suficiente o de terminar de escribir a tiempo. Para no estresarte con esto es importante planificar las semanas anteriores a la fecha clave. Debes tener previsto un plan para avanzar un poco cada día y llegar al momento de la entrega o el examen con calma. Salir a dar un paseo o cualquier actividad recreativa el día anterior resultarán en un mejor desempeño en la prueba.

No saber qué regalar

Se aproxima el cumpleaños de alguien cercano o las fiestas de fin de año y es común posponer la elección del regalo para el último momento. No te frustres si no encuentras el regalo ideal a tiempo, lo importante ese día será tu presencia y tus buenos y honestos deseos de felicidad. Para encontrar el regalo siempre tendrás tiempo, recorre en tu mente las últimas charlas que tuvieron y con seguridad habrá alguna pista de lo que la persona homenajeada está queriendo.

Invitados a cenar

El entusiasmo de haber invitado gente a cenar muchas veces se vuelve estrés en las horas previas, cuando la comida parece a punto de arruinarse o te das cuenta de que no queda un gramo de café en toda la casa. No vale la pena estresarse por esto, ya que los invitados no vienen por la comida sino para compartir un rato agradable. Que todo esté perfecto depende de tu buen humor y tu hospitalidad y no del punto exacto de los vegetales.
Hablar en público

Ya sea una presentación en el trabajo o en la escuela o hasta decir unas frases en el casamiento de unos amigos, hablar en público puede resultar una experiencia traumática para algunos. Para no estresarse en estos casos es importante saber qué se va a decir. No es necesario tenerlo escrito palabra por palabra, pero conocer el contenido y estar a gusto con lo que vas a decir te permitirá trasmitir la confianza necesaria a la audiencia. Ellos no estarán buscando tus defectos sino que se dejarán encantar por tus palabras.

El aspecto físico

El aspecto físico es una preocupación que afecta a todos los tipos de persona. Quienes más o quienes menos, casi todos cambiarían algo de cómo se ven y les angustia pensar en lo que dicen los demás sobre su apariencia. Lo importante para no estresarse con el aspecto corporal es tener confianza de quién eres más allá de cómo te ves. Esto no se logra yendo al gimnasio sino con amor propio. Después, para lo que haya que cambiar del exterior, no vale la angustia sino ponerse pequeñas metas en el día a día que se puedan cumplir y estar determinados al cambio.

El ruido ambiente

Un vecino que ha decidido colgar cuadros mientras estás durmiendo, la música estridente cuando tratas de leer o una mesa de ruidosos turistas en tu restaurante favorito puede instalar el estrés en tu día. En cuanto a los vecinos, siempre puedes probar el camino del diálogo, pero antes de que los nervios te tomen por completo. Debes trasmitir simpatía a la hora de hacer cualquier pedido, sino solo lograrás que suban el volumen de la música. En todo caso, concéntrate honestamente en lo que estás haciendo y el resto del mundo desaparecerá.

Tramitar documentos

Cualquier trámite, sobre todo si es en una oficina pública, puede volverse una situación de estrés si no estás en la sintonía adecuada para acercarte a la ventanilla. Puedes ver los minutos e incluso las horas irse sin que tu trámite se resuelva por una oficina saturada o un papel que te faltó llevar. Para estos casos se requiere mucha calma, ya que no vale la pena preocuparse por lo que no puedes cambiar. Como en todas las situaciones, de tu buena disposición dependerá en gran medida la respuesta de los demás.

Las tareas de la casa

No importa con cuántas personas vivas, siempre una parte del aseo de la casa será tu responsabilidad. Es común sentirse abrumado por la cantidad de trabajo que significa mantener el orden, tanto para quienes pasan gran parte de su tiempo en casa como para quienes solo llegan para la cena. El desorden crece de manera desproporcional y es un estrés mantenerlo a raya. ¡Calma!, basta con asignarle un tiempo determinado de la semana a las tareas de la casa y no obsesionarse con la perfección. A veces un poco de desorden es salud.

Tu cita llega tarde

La espera siempre es una situación que genera tensión, mucho más si es en un lugar público. Ya sea que la cita sea romántica o con una persona amiga, es molesto llegar antes que el otro al lugar acordado. Tampoco por esto vale la pena estresarse. Entra al cine sin culpas, comienza con un aperitivo en el restaurante, pero disfrútalo. Puedes pedir un periódico o lápiz y papel planificar otras actividades que tengas pendientes. Llevar un libro en el bolso es un seguro contra estos imprevistos. Después de leer unos capítulos o algunas noticias, tendrás comentarios en vez de reproches para hacer a tu cita cuando llegue.

Una mudanza

Hay pocas situaciones más estresantes que una mudanza. Todo tu orden se desmorona y tu vida tiene que entrar una serie de cajas que se apilan en todos los rincones de tu casa. Esta gran revolución de los objetos que dormían en las gavetas y armarios puede ser una ocasión única para recordar cómo llegaron allí y repasar, a través de la ropa, los adornos y las fotos, los mejores recuerdos de tu familia. Aprovecha para donar todas las cosas que ya no usas y hacer de la mudanza un momento positivo y renovador.

Un viaje inminente

A muchas personas les genera estrés la proximidad de un viaje, por más que lo hayan estado deseando y planeando durante meses o incluso años. Esto se explica por la angustia de dejar las rutinas y los sitios conocidos, que a nivel consciente o no, son lugares seguros o certezas que dan tranquilidad. Qué quedará fuera de la maleta o qué te esperará al regreso son temas que te desvelan antes de partir. No vale la pena estresarse tampoco por esto, ya que los cambios son oportunidades, no amenazas. Relájate y disfruta de la vida.


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La vida cotidiana a menudo te enfrenta a distintas situaciones que generan gran tensión, desde las más pequeñas, como la espera en una oficina para hacer un trámite, hasta las más importantes como una relación amorosa conflictiva. No importa qué edad tengas o qué actividades realices: el estrés aparece con frecuencia sin que lo llames para arruinarte el día. Si no lo controlas, puedes tener reacciones físicas o psicológicas a este estado alterado que pueden derivar en problemas de salud graves a largo plazo. Por eso, esta te invita a relajarte con 15 cosas de todos los días, por las que no vale la pena estresarse.

Un correo sin respuesta

Una tecla tan pequeña como el F5 (Actualizar o Refresh) del teclado puede concentrar grandes cantidades de ansiedad. A veces pones demasiada expectativa en un correo que es importante para ti y te desespera no recibir una respuesta inmediata. Incluso pueden pasar un par de horas y ya empiezas a dudar de la tecnología: ¿le habrá llegado? Hasta que al cabo de unos días llegas a pensar que no te quieren responder. ¡Calma! Tus tiempos no son los tiempos de los demás, cuanto menos te estreses, más rápido llegará la respuesta.

Atasco de tránsito

El tránsito es uno de los mayores factores de estrés, sobre todo cuando hay atascos. El tiempo empieza a jugar en contra, los ánimos se agitan y los conductores gritan y se fastidian como si la culpa de todo fuera del vehículo que tienen delante. Lo cierto es que el mal humor no ayuda a que los coches se muevan, así que mejor sonríe al conductor de al lado o bien conversa con alguien si vas en un medio de transporte colectivo. Todo fluirá mejor de esta manera.

El dinero

Es muy común el estrés relacionado con temas de dinero. Pero no hay que confundir la preocupación con angustia, y hay que tener claro que ponerse nervioso no es un negocio rentable. Está bien trabajar para generar los ingresos que cada uno considera necesarios, pero no hay por qué estresarse si los resultados no llegan tan rápido como quieres. No te olvides de que las cosas más saludables como salir a caminar, escuchar música o compartir una tarde con alguien querido siguen siendo gratis.

Compañeros de trabajo

En todos los lugares en los que mucha gente que no se conoce comparte tiempo, ya sea un lugar de trabajo o un lugar de estudio, habrá alguien que no te caiga tan bien como los demás. Es muy común concentrarse en lo irritable que es esa persona y estresarse por tener que hablar con ella de manera obligada. En realidad, es mucho más sano tratar de encontrar algo positivo en la persona que no te gusta, que seguro lo tiene. Si no es evidente, tómalo como un ejercicio e invierte el tiempo que te pasabas hablando mal de esa persona en buscar sus virtudes.

Un examen

Los días previos a un examen o a la presentación de un trabajo suelen ser terribles para los nervios. La inseguridad se apodera de ti y piensas que no serás capaz de estudiar lo suficiente o de terminar de escribir a tiempo. Para no estresarte con esto es importante planificar las semanas anteriores a la fecha clave. Debes tener previsto un plan para avanzar un poco cada día y llegar al momento de la entrega o el examen con calma. Salir a dar un paseo o cualquier actividad recreativa el día anterior resultarán en un mejor desempeño en la prueba.

No saber qué regalar

Se aproxima el cumpleaños de alguien cercano o las fiestas de fin de año y es común posponer la elección del regalo para el último momento. No te frustres si no encuentras el regalo ideal a tiempo, lo importante ese día será tu presencia y tus buenos y honestos deseos de felicidad. Para encontrar el regalo siempre tendrás tiempo, recorre en tu mente las últimas charlas que tuvieron y con seguridad habrá alguna pista de lo que la persona homenajeada está queriendo.

Invitados a cenar

El entusiasmo de haber invitado gente a cenar muchas veces se vuelve estrés en las horas previas, cuando la comida parece a punto de arruinarse o te das cuenta de que no queda un gramo de café en toda la casa. No vale la pena estresarse por esto, ya que los invitados no vienen por la comida sino para compartir un rato agradable. Que todo esté perfecto depende de tu buen humor y tu hospitalidad y no del punto exacto de los vegetales.
Hablar en público

Ya sea una presentación en el trabajo o en la escuela o hasta decir unas frases en el casamiento de unos amigos, hablar en público puede resultar una experiencia traumática para algunos. Para no estresarse en estos casos es importante saber qué se va a decir. No es necesario tenerlo escrito palabra por palabra, pero conocer el contenido y estar a gusto con lo que vas a decir te permitirá trasmitir la confianza necesaria a la audiencia. Ellos no estarán buscando tus defectos sino que se dejarán encantar por tus palabras.

El aspecto físico

El aspecto físico es una preocupación que afecta a todos los tipos de persona. Quienes más o quienes menos, casi todos cambiarían algo de cómo se ven y les angustia pensar en lo que dicen los demás sobre su apariencia. Lo importante para no estresarse con el aspecto corporal es tener confianza de quién eres más allá de cómo te ves. Esto no se logra yendo al gimnasio sino con amor propio. Después, para lo que haya que cambiar del exterior, no vale la angustia sino ponerse pequeñas metas en el día a día que se puedan cumplir y estar determinados al cambio.

El ruido ambiente

Un vecino que ha decidido colgar cuadros mientras estás durmiendo, la música estridente cuando tratas de leer o una mesa de ruidosos turistas en tu restaurante favorito puede instalar el estrés en tu día. En cuanto a los vecinos, siempre puedes probar el camino del diálogo, pero antes de que los nervios te tomen por completo. Debes trasmitir simpatía a la hora de hacer cualquier pedido, sino solo lograrás que suban el volumen de la música. En todo caso, concéntrate honestamente en lo que estás haciendo y el resto del mundo desaparecerá.

Tramitar documentos

Cualquier trámite, sobre todo si es en una oficina pública, puede volverse una situación de estrés si no estás en la sintonía adecuada para acercarte a la ventanilla. Puedes ver los minutos e incluso las horas irse sin que tu trámite se resuelva por una oficina saturada o un papel que te faltó llevar. Para estos casos se requiere mucha calma, ya que no vale la pena preocuparse por lo que no puedes cambiar. Como en todas las situaciones, de tu buena disposición dependerá en gran medida la respuesta de los demás.

Las tareas de la casa

No importa con cuántas personas vivas, siempre una parte del aseo de la casa será tu responsabilidad. Es común sentirse abrumado por la cantidad de trabajo que significa mantener el orden, tanto para quienes pasan gran parte de su tiempo en casa como para quienes solo llegan para la cena. El desorden crece de manera desproporcional y es un estrés mantenerlo a raya. ¡Calma!, basta con asignarle un tiempo determinado de la semana a las tareas de la casa y no obsesionarse con la perfección. A veces un poco de desorden es salud.

Tu cita llega tarde

La espera siempre es una situación que genera tensión, mucho más si es en un lugar público. Ya sea que la cita sea romántica o con una persona amiga, es molesto llegar antes que el otro al lugar acordado. Tampoco por esto vale la pena estresarse. Entra al cine sin culpas, comienza con un aperitivo en el restaurante, pero disfrútalo. Puedes pedir un periódico o lápiz y papel planificar otras actividades que tengas pendientes. Llevar un libro en el bolso es un seguro contra estos imprevistos. Después de leer unos capítulos o algunas noticias, tendrás comentarios en vez de reproches para hacer a tu cita cuando llegue.

Una mudanza

Hay pocas situaciones más estresantes que una mudanza. Todo tu orden se desmorona y tu vida tiene que entrar una serie de cajas que se apilan en todos los rincones de tu casa. Esta gran revolución de los objetos que dormían en las gavetas y armarios puede ser una ocasión única para recordar cómo llegaron allí y repasar, a través de la ropa, los adornos y las fotos, los mejores recuerdos de tu familia. Aprovecha para donar todas las cosas que ya no usas y hacer de la mudanza un momento positivo y renovador.

Un viaje inminente

A muchas personas les genera estrés la proximidad de un viaje, por más que lo hayan estado deseando y planeando durante meses o incluso años. Esto se explica por la angustia de dejar las rutinas y los sitios conocidos, que a nivel consciente o no, son lugares seguros o certezas que dan tranquilidad. Qué quedará fuera de la maleta o qué te esperará al regreso son temas que te desvelan antes de partir. No vale la pena estresarse tampoco por esto, ya que los cambios son oportunidades, no amenazas. Relájate y disfruta de la vida.


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El estrés es la respuesta automática y natural de nuestro cuerpo ante las situaciones que nos resultan amenazadoras o desafiantes, como consecuencia de esta reacción podría verse afectada nuestra salud. Estos son siete problemas de salud ocasionados por el estrés.

Peligro: Si siente que está en peligro, el hipotálamo del cerebro envía compuestos químicos para los nervios y las glándulas suprarrenales, ubicadas en la parte superior de cada riñón. Estas glándulas liberan hormonas como el cortisol, que aumenta la presión arterial y el azúcar. El proceso, por supuesto, podría dañar la salud si sucede con frecuencia.


Compulsión: Estudios han vinculado el cortisol, una hormona liberada en momentos de estrés, a los antojos de azúcar y grasa. Los científicos creen que la sustancia se une a los receptores que controlan la ingesta de alimentos en el cerebro. Así que si suele descontar la presión sobre la comida, deje a mano alimentos saludables y frutas.

Almacenamiento de grasa: Claramente se puede relacionar el estrés al aumento de peso, afirma Philip Hagen, profesor de medicina de la Clínica Mayo, en Minnesota, Estados Unidos. Esto es porque, además de la mala alimentación durante períodos de estrés, el cortisol también aumenta la cantidad de tejido adiposo, o sea, aumenta las células de grasa. Los niveles más altos de cortisol fueron relacionados con el exceso de grasa abdominal.

Corazón: La relación entre el estrés y la enfermedad cardíaca es todavía incierta, pero un estudio reciente en Europa encontró que las personas que tienen trabajos estresantes son 23% más propensas a tener un primer ataque cardiaco que los demás.

Insomnio: El estrés puede causar hiperactividad, lo que dificulta el sueño. Un largo período de estrés también puede provocar insomnio y otros trastornos del sueño. En tales casos, el indicado es hacer yoga u optar por actividades de relajación.

Dolores de cabeza: La adrenalina y el cortisol pueden causar alteraciones vasculares que causan dolores de cabeza y migraña. El estrés también hace que los músculos se vuelvan tensos, lo que puede agravar los dolores.

Memoria:
El exceso de cortisol en el cuerpo puede afectar la capacidad del cerebro para almacenar recuerdos. Durante el estrés agudo, la hormona también interfiere con los neurotransmisores, las sustancias que las células del cerebro utilizan para comunicarse.



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El estrés es la respuesta automática y natural de nuestro cuerpo ante las situaciones que nos resultan amenazadoras o desafiantes, como consecuencia de esta reacción podría verse afectada nuestra salud. Estos son siete problemas de salud ocasionados por el estrés.

Peligro: Si siente que está en peligro, el hipotálamo del cerebro envía compuestos químicos para los nervios y las glándulas suprarrenales, ubicadas en la parte superior de cada riñón. Estas glándulas liberan hormonas como el cortisol, que aumenta la presión arterial y el azúcar. El proceso, por supuesto, podría dañar la salud si sucede con frecuencia.


Compulsión: Estudios han vinculado el cortisol, una hormona liberada en momentos de estrés, a los antojos de azúcar y grasa. Los científicos creen que la sustancia se une a los receptores que controlan la ingesta de alimentos en el cerebro. Así que si suele descontar la presión sobre la comida, deje a mano alimentos saludables y frutas.

Almacenamiento de grasa: Claramente se puede relacionar el estrés al aumento de peso, afirma Philip Hagen, profesor de medicina de la Clínica Mayo, en Minnesota, Estados Unidos. Esto es porque, además de la mala alimentación durante períodos de estrés, el cortisol también aumenta la cantidad de tejido adiposo, o sea, aumenta las células de grasa. Los niveles más altos de cortisol fueron relacionados con el exceso de grasa abdominal.

Corazón: La relación entre el estrés y la enfermedad cardíaca es todavía incierta, pero un estudio reciente en Europa encontró que las personas que tienen trabajos estresantes son 23% más propensas a tener un primer ataque cardiaco que los demás.

Insomnio: El estrés puede causar hiperactividad, lo que dificulta el sueño. Un largo período de estrés también puede provocar insomnio y otros trastornos del sueño. En tales casos, el indicado es hacer yoga u optar por actividades de relajación.

Dolores de cabeza: La adrenalina y el cortisol pueden causar alteraciones vasculares que causan dolores de cabeza y migraña. El estrés también hace que los músculos se vuelvan tensos, lo que puede agravar los dolores.

Memoria:
El exceso de cortisol en el cuerpo puede afectar la capacidad del cerebro para almacenar recuerdos. Durante el estrés agudo, la hormona también interfiere con los neurotransmisores, las sustancias que las células del cerebro utilizan para comunicarse.



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PESCADO


Agregue a su dieta ácidos grasos omega 3. estos nutrientes esenciales ayudan a moderar las hormonas del estrés y protegen de la depresión. Podría ingerir un complemento de aceite de pescado, pero la manera más rica de obtenerlos es de los alimentos. Para un suministro constante de omega 3, procure comer 85 gramos de pescado graso al menos dos veces por semana, o un puñado de nueces todos los días.

CHOCOLATE OSCURO


Hay pruebas de que este manjar ayuda a aliviar el estrés. en un estudio realizado en alemania, quienes comieron mucho chocolate oscuro a lo largo de diez años tenían una presión arterial más baja que los que consumieron menos. otro estudio mostró una reducción de una hormona del estrés en personas que solían comer chocolate oscuro. Por desgracia, esta delicia sigue conteniendo “grasa, azúcar y calorías, que no son muy buenas para la salud”, recuerda la dietista kathleen zelman, así que no se pase de unos cuantos pedacitos por día.

TÉ NEGRO


Investigaciones realizadas en londres indican que beber té negro podría ayudarlo a recuperar con mayor rapidez de las situaciones estresantes. los participantes de un estudio que tomaron cuatro tazas de té negro todos los días durante seis semanas tenían niveles más bajos de cortisol (una hormona del estrés), y decían sentirse más relajados después de realizar tareas estresantes que aquellos que no bebieron té. otros estudios muestran que el té negro tiene efectos benéfi cos en el estado de ánimo, y que puede ayudar a aumentar el estado de alerta durante todo el día.

PALTA


La deliciosa pulpa verde de este fruto está repleta de dos potentes sustancias que combaten el estrés: potasio y ácidos grasos monoinsaturados. ambos nutrientes pueden disminuir la presión arterial, y tal vez contribuyan a prevenir la depresión. en un ambicioso estudio de 11 años de duración realizado en españa, se observó que cuantos más ácidos grasos monoinsaturados ingerían los participantes, menos riesgo tenían de deprimirse. los investigadores creen que estas grasas tal vez aumenten la efi ciencia con que el cerebro absorbe la serotonina, un neurotransmisor que mejora el estado de ánimo.



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PESCADO


Agregue a su dieta ácidos grasos omega 3. estos nutrientes esenciales ayudan a moderar las hormonas del estrés y protegen de la depresión. Podría ingerir un complemento de aceite de pescado, pero la manera más rica de obtenerlos es de los alimentos. Para un suministro constante de omega 3, procure comer 85 gramos de pescado graso al menos dos veces por semana, o un puñado de nueces todos los días.

CHOCOLATE OSCURO


Hay pruebas de que este manjar ayuda a aliviar el estrés. en un estudio realizado en alemania, quienes comieron mucho chocolate oscuro a lo largo de diez años tenían una presión arterial más baja que los que consumieron menos. otro estudio mostró una reducción de una hormona del estrés en personas que solían comer chocolate oscuro. Por desgracia, esta delicia sigue conteniendo “grasa, azúcar y calorías, que no son muy buenas para la salud”, recuerda la dietista kathleen zelman, así que no se pase de unos cuantos pedacitos por día.

TÉ NEGRO


Investigaciones realizadas en londres indican que beber té negro podría ayudarlo a recuperar con mayor rapidez de las situaciones estresantes. los participantes de un estudio que tomaron cuatro tazas de té negro todos los días durante seis semanas tenían niveles más bajos de cortisol (una hormona del estrés), y decían sentirse más relajados después de realizar tareas estresantes que aquellos que no bebieron té. otros estudios muestran que el té negro tiene efectos benéfi cos en el estado de ánimo, y que puede ayudar a aumentar el estado de alerta durante todo el día.

PALTA


La deliciosa pulpa verde de este fruto está repleta de dos potentes sustancias que combaten el estrés: potasio y ácidos grasos monoinsaturados. ambos nutrientes pueden disminuir la presión arterial, y tal vez contribuyan a prevenir la depresión. en un ambicioso estudio de 11 años de duración realizado en españa, se observó que cuantos más ácidos grasos monoinsaturados ingerían los participantes, menos riesgo tenían de deprimirse. los investigadores creen que estas grasas tal vez aumenten la efi ciencia con que el cerebro absorbe la serotonina, un neurotransmisor que mejora el estado de ánimo.



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A estas alturas son muchos a los que les cuesta más levantarse en las mañanas, a los que los dolores de cabeza y musculares se les han hecho constantes o andan más irritables. Eso se puede diagnosticar como estrés de fin de año.

El sicólogo y académico de la Universidad Mayor, Edmundo Campusano, indica que el estrés se define como un estado de alerta, de activación emocional donde estamos todos nuestros sentidos están en alerta, listos para responder a cualquier estímulo, lo que se traduce en un continuo estado de tensión corporal.

Según el académico, a fin de año esta sensación se aguidiza porque habitualmente en esta fecha se cierran procesos, se hacen presupuestos para el próximo año, se cierran ciclos. “En términos personales se hacen evaluaciones de lo que fue el año. A esto se suma que en esta época estamos cargados de exigencias sociales, como los regalos y fiestas de fin de año, las vacaciones, entre otros temas”.

Como consejo, Campusano agrega que se ha probado científicamente que para reducir un cuadro de estrés, hay que reducir la impredictibilidad y la incontrabilidad de las situaciones. “Tener una sensación de control y predicción disminuye los síntomas de ansiedad, y para eso es fundamental organizarse y tener un plan de acción”.
“Estamos a tiempo para hacer una buena planificación de fin de año, aún faltan tres meses por ejemplo para las vacaciones. No hay que dejarlo para último momento, considerando que son decisiones que se toman en familia y que requiere más de una conversación para ponerse de acuerdo. Lo mismo con la celebración de las fiestas de fin de año”, dice Edmundo Campusano.


Fases del estrés y recomendaciones


Fase de alarma: No hay control de las emociones, los sentidos están alerta listos para responder a cualquier estímulo. “En esta etapa hay que implementar un plan de acción, estrategias cognitivas, ventilar las emocione, hablar de lo que nos pasa, salir, moverse”, dice el académico de la Universidad Mayor.

Fase de agotamiento: Aparecen los síntomas físicos. Se está extrañamente tenso, duele la cabeza, el estómago, hay congestión. La gente comienza a hacer comentarios sobre los cambios bruscos de ánimo. “Es esta fase cuando hay que decir, ¡alto!, algo está pasando”, aconseja Campusano.

Fase de resistencia: Bajan las defensas, hay problemas de colon, salen herpes y hay más refríos. Si no se puede salir de este estado por cuenta propia, es recomendable buscar un especialista.



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A estas alturas son muchos a los que les cuesta más levantarse en las mañanas, a los que los dolores de cabeza y musculares se les han hecho constantes o andan más irritables. Eso se puede diagnosticar como estrés de fin de año.

El sicólogo y académico de la Universidad Mayor, Edmundo Campusano, indica que el estrés se define como un estado de alerta, de activación emocional donde estamos todos nuestros sentidos están en alerta, listos para responder a cualquier estímulo, lo que se traduce en un continuo estado de tensión corporal.

Según el académico, a fin de año esta sensación se aguidiza porque habitualmente en esta fecha se cierran procesos, se hacen presupuestos para el próximo año, se cierran ciclos. “En términos personales se hacen evaluaciones de lo que fue el año. A esto se suma que en esta época estamos cargados de exigencias sociales, como los regalos y fiestas de fin de año, las vacaciones, entre otros temas”.

Como consejo, Campusano agrega que se ha probado científicamente que para reducir un cuadro de estrés, hay que reducir la impredictibilidad y la incontrabilidad de las situaciones. “Tener una sensación de control y predicción disminuye los síntomas de ansiedad, y para eso es fundamental organizarse y tener un plan de acción”.
“Estamos a tiempo para hacer una buena planificación de fin de año, aún faltan tres meses por ejemplo para las vacaciones. No hay que dejarlo para último momento, considerando que son decisiones que se toman en familia y que requiere más de una conversación para ponerse de acuerdo. Lo mismo con la celebración de las fiestas de fin de año”, dice Edmundo Campusano.


Fases del estrés y recomendaciones


Fase de alarma: No hay control de las emociones, los sentidos están alerta listos para responder a cualquier estímulo. “En esta etapa hay que implementar un plan de acción, estrategias cognitivas, ventilar las emocione, hablar de lo que nos pasa, salir, moverse”, dice el académico de la Universidad Mayor.

Fase de agotamiento: Aparecen los síntomas físicos. Se está extrañamente tenso, duele la cabeza, el estómago, hay congestión. La gente comienza a hacer comentarios sobre los cambios bruscos de ánimo. “Es esta fase cuando hay que decir, ¡alto!, algo está pasando”, aconseja Campusano.

Fase de resistencia: Bajan las defensas, hay problemas de colon, salen herpes y hay más refríos. Si no se puede salir de este estado por cuenta propia, es recomendable buscar un especialista.



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Hacer limpieza de tu cerebro solo te llevará 20 minutos. No le des más vueltas.

Tu cabeza está centrifugando como si fuera el demonio de Tasmania. Estás pensando al mismo tiempo en las tres llamadas que tienes atrasadas en el trabajo, el favor que te pidió tu cuñada, el recibo del seguro del coche, la lista de la compra, el retraso en el pago de la tarjeta, la crisis financiera y el calentamiento global. Tienes estrés, insomnio y te cuesta concentrarte para hacer cualquier cosa.

Nuestra cabeza a veces parece la redacción de un periódico, llena de papeles y con todos los teléfonos sonando.  El experto en productividad David Allen ha desarrollado el método brain dump, un volcado de la mente. Allen es el autor de Getting Things Done, un libro que todo el mundo necesita leer, y cuyo título tiene en español la espantosa traducción Organízate con eficacia.

Así se hace un volcado mental: Toma una hoja de papel y escribe cada una de las cosas que están dando vueltas en tu cabeza, una por línea. Da igual si la lista no está completa, lo importante es tener una lista por escrito.
Ahora pon cada línea de la lista en otro sitio siguiendo esta clasificación:
**Cosas que tienen una fecha de entrega: anótalas en la agenda. Si son proyectos grandes, divídelos en tareas y pon cada tarea en la agenda con su fecha.
**Cosas que puedes hacer en menos de tres minutos: hazlo ahora.
**Cosas que tiene que hacer otra persona: envía ya ese mensaje y haz que la persona se comprometa a una fecha límite.

**Cosas complicadas que tienes que solucionar: estas son las peores. Divide el problema en pasos lo más pequeños posible. Si puedes dar el primer paso ahora en menos de tres minutos, ¡hazlo! Pon fecha y hora a los siguientes pasos y apúntalos en la agenda.
**Cosas complicadas que tú no puedes solucionar: Si puedes ayudar en algo, concreta la forma. Si no hay nada que puedas hacer, táchalas de la lista, no tiene sentido preocuparse. A no ser que seas un alto cargo político. En ese caso, táchate tú y delega el trabajo en manos de alguien competente, es decir, que no sea otro político.
**Cosas que estaría bien hacer algún día, como escribir tus memorias, leer Guerra y paz o ver El planeta de los Simios. Usa una lista aparte, o una página de notas en tu agenda y llámala Algún día.

El cerebro es parecido a tu ordenador. Si tienes demasiados programas abiertos, cada vez consume más recursos, funciona más lento, y tiene más errores. Con este repaso archivamos muchos de esos pensamientos activos, y liberamos nuestras neuronas para enfrentarnos a las tareas más inmediatas.

Para hacer hueco en tu cerebro tienes que poner tus pensamientos en otro sitio. Necesitas una agenda, y necesitas usarla.

El volcado completo no debería llevarte más de 20 minutos. Después de hacerlo notarás cierto alivio, pero las cosas más peliagudas, sobre todo las del punto 4, pueden seguir dando problemas. Hay un pequeño truco que yo llamo mirar al monstruo a los ojos:

**Tápate los ojos con las manos y apoya los codos en una mesa. Apoya los pulgares en las sienes.
**Concéntrate y piensa solo en ese horrible problema, imagínate que tus peores miedos se cumplen y todo va mal, con todo detalle. Móntate tu propia película de terror.
**A continuación, piensa en qué harías para seguir adelante después del desastre, paso a paso.
**Respira hondo durante todo el proceso.

¿Mejor, verdad? Nuestros temores son como el monstruo que vive debajo de la cama cuando somos niños. Da mucho más miedo si nos negamos a mirar.

Ahora si nada de esto funciona como esperabas, en adictamente, preocupados por quitarte esta problemática relacionada con el stress, ha creado el exclusivo (y gratuito) tratamiento anti-stress que pueden observar en la siguiente imagen:




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