Mostrando entradas con la etiqueta estudio. Mostrar todas las entradas

Cremas de protección solar ponen en peligro la vida marina

Una reciente investigación muestra que las cremas solares que nos protegen de la radiación ultravioleta podrían poner en peligro la vida marina.

Según el estudio publicado en la revista Environmental Science and Tecnology, estos productos, una vez liberados al mar, reaccionan con la radiación ultravioleta de la luz solar y generan agentes potencialmente tóxicos para la vida marina.

Para este trabajo, un grupo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el mayor organismo público de investigación de España, realizó experimentos en laboratorios y en las aguas de una playa mediterránea.

“En base a los análisis químicos realizados, la liberación de compuestos que se produce podría tener importantes consecuencias ecológicas en las zonas costeras”, afirman los científicos.

Este estudio pone de relieve la necesidad de que la industria cosmética y los científicos realicen esfuerzos coordinados para lograr un equilibrio que garantice la salud y el uso sostenible del medio ambiente.


ANUNCIO PATROCINADO



El efecto de químicos industriales sobre el desarrollo cerebral infantil

No es un estudio, sino una revisión de estudios, pero la conclusión de un artículo publicado hoy en The Lancet hace pensar en un futuro devastador en el que embarazadas y niños bien podrían plantearse vivir en refugios hasta que sus retoños estuvieran muy crecidos. 

La razón: estamos rodeados de químicos industriales que ponen en peligro el desarrollo neurológico de los niños, desde que estos se están gestando en el útero.

Los autores, de las universidades de Southern Denmark, Harvard y del Hospital Mount Sinai, confirman en primer lugar lo que una revisión sistemática publicada por ellos mismos en 2006 en la misma revista decía, que existen cinco químicos industriales que pueden ser sin duda clasificados como neurotóxicos durante el desarrollo del cerebro: el plomo, el metilmercurio, el arsénico, los bifenilos policlorados y el tolueno. Se trata de sustancias que no son difíciles de encontrar, quepueden estar presentes en el agua e incluso, advierten, en los juguetes de los niños.

A ellas se suman, en el trabajo publicado ahora, varias más, por lo que el escenario que pintan los autores es el de un mundo químico en el que los niños no están a salvo. Y por ello, escriben y piden que las autoridades hagan algo.

Para los autores hay un problema de base y es que reconocer los riesgos de los químicos industriales para el desarrollo del cerebro ha necesitado históricamente décadas de investigación y escrutinio, como ha sucedido con el plomo y el metilmercurio, ya reconocidos como tales. Y esto no puede seguir sucediendo. Ni con los centenares de químicos que están incorporados a las industrias, agriculturas y otras actividades de la vida diaria ni, sobre todo, con los de nueva incorporación.

Como reconoce Alberto Marcos Dolado, coordinador del Grupo de Estudio de Neurología del Trabajo de la Sociedad Española de Neurología, hay una frase del trabajo especialmente reseñable y es en la que los autores sostienen que el problema fundamental es la presunción de que los nuevos químicos y las nuevas tecnologías “son seguras hasta que no se demuestre lo contrario“. Sin embargo, añaden, existen muchísimos ejemplos de sustancias que han causado mucho daños y que se introdujeron en el mercado porque implicaban ciertos beneficios sociales o industriales, como el asbestos o la talidomida, entre otros.

Para Marcos Dolado, ese concepto tiene que cambiar. Y así interpreta este neurólogo del Hospital Clínico San Carlos el trabajo: como un aviso a las autoridades, un llamamiento para que investiguen más la exposición a estas sustancias, aunque reconoce que es fácil que el mensaje de Philippe Grandjean y sus colaboradores suene alarmista.

Un problema global


El propio Grandjean lo confirma a EL MUNDO: “Sé que suena escalofriante, pero tenemos maneras de hacer algo al respecto. En primer lugar, debemos estar de acuerdo en que el cerebro de las siguientes generaciones debe ser protegidas lo mejor que podamos. Ya tenemos métodos para determinar si una sustancia química puede dañar el cerebro y lo que tenemos que hacer es usarlos y actuar según la información que obtengamos. Si no lo hacemos, creo que esta generación venidera tendrá un buen motivo para no perdonarnos”.

Marco Dolado reconoce que el trabajo está muy bien hecho, pero apunta también a que hay que ser cauto a la hora de atribuir solo a causas ambientales el aumento de problemas neurológicos infantiles, como la dislexia, el autismo o el trastorno de déficit de atención por hiperactividad. El experto apunta a que los propios autores reconocen que hay causas genéticas involucradas. Eso sí, citan numerosos estudios en que el nexo entre exposición y problemas de desarrollo es indiscutible. Entre ellos, uno chino que liga la exposición de agua contaminada con fluorido a un descenso de siete puntos en el cociente intelectual de un grupo de niños y otro francés, que liga la exposición a solventes muy usados en trabajos comunes, como peluquería o enfermería a problemas de comportamiento a los dos años de edad. “Aunque la contaminación con plomo y muchos pesticidas es mucho peor en los países en vías de desarrollo, se trata de un problema global“, señala Grandjean.

El portavoz de la SEN cree que sería bueno que, “aunque a nivel científico hay que ser precavido, sería bueno que este estudio fomentara la realización de estudios sobre exposición a químicos ambientales y su efecto en el desarrollo del cerebro. “Estudios más fiables, que se vigilaran las industrias y, sobre todo, que no se incorporaran nuevos químicos hasta que se supiera que son seguros”, resume el neurólogo.

Medidas a tomar


Pero, ¿qué se puede hacer frente a esta situación? En el artículo, los autores llaman a un plan de acción basado en tres pilares. El primero sería hacer obligatoriamente pruebas de todos los químicos industriales y pesticidas en el mercado, para garantizar su neuroseguridad. El segundo, obligar también por ley a probar cualquier sustancia nueva antes de que entre en el mercado y, por último, piden que se cree un nuevo organismo para estudiar esta neurotoxicidad, algo similar a la Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer de la OMS.

Preguntado por este diario, Grandjean apunta a otras medidas que se pueden tomar mientras se esperan estos grandes cambios: “Los padres pueden ir haciendo cosas por su cuenta, como comer fruta orgánica, consumir marisco que esté en la parte de debajo de la cadena alimenticia en lugar de atún, evitar usar e sprays de pinturas y pesticidas en el jardín…”

Por su parte, Marcos Dolado cree que son las madres expuestas a químicos en sus entornos de trabajo las que más cuidado han de tener. Pero, reflexiona, también se puede empezar por evitar sustancias igual de tóxicas y muchos más visibles, como el tabaco, algo que aún no se hace.

El Mundo
ANUNCIO PATROCINADO



El insecticida aumenta el riesgo de Alzheimer

Una investigación realizada en Estados Unidos cuyos resultados fueron publicados el lunes en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA) Neurology, muestra que el pesticida DDT aumenta el riesgo de sufrir Alzheimer.

“El DDE -el componente activo que queda luego de que el DDT haya sido metabolizado en el cuerpo- era casi cuatro veces más elevado en la sangre de las personas que sufren Alzheimer que en las del grupo de control sano”, explicó AFP.

"La amplitud del efecto del DDT es importante, comparable al factor genético más corriente que predispone a la enfermedad de Alzheimer", destacó Allan Levey, director del Centro de Investigación sobre la enfermedad de Alzheimer de la Universidad Emory (Georgia, sudeste).

Según Levey, se trata de “uno de los primeros estudios en identificar un importante riesgo medioambiental para el Alzheimer".

Los investigadores estudiaron a 86 pacientes de más de 60 años y 79 personas de edad avanzada en buen estado de salud.

El DDT todavía se utiliza en muchos lugares del mundo y las autoridades de salud pública lo consideran como una importante herramienta contra la malaria.

Hispantv
ANUNCIO PATROCINADO



Comer frutas y verduras para vivir más años

Cada vez hay más datos que sugieren que las dietas basadas en el consumo de frutas y de verduras, y con muy poca ingesta de carnes, especialmente rojas, nos puede hacer la vida no solo más saludable, sino más larga.

El Proyecto EPIC (European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition), uno de los estudios más ambiciosos en el ámbito de Salud Pública, iniciado hace 20 años en Europa y que incluye a más de medio millón de personas procedentes de distintas regiones de Suiza, Alemania, Italia, Grecia, España, Dinamarca, Países Bajos, Francia, Noruega y Suecia, confirma ahora el papel del consumo de frutas y verduras papel en la reducción de la mortalidad.

Este descenso, asegura el estudio publicado en American Journal of Epidemiology, es más importante en el caso de muertes por enfermedades cardiovasculares.

En concreto, el estudio ha analizado la relación entre el consumo de frutas y verduras y el riesgo de mortalidad sobre 451.151 individuos durante más de 13 años. La muestra incluye 25.682 casos de fallecidos (10.438 por cáncer y 5.125 por enfermedad cardiovascular) de entre los 451.151 participantes estudiados durante más de 13 años. «Este trabajo es, hasta la fecha, el estudio epidemiológico más importante que ha analizado esta asociación», explica a SINC María José Sánchez Pérez, de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) y una de las autoras de la investigación.

En realidad los resultados confirman lo que ya se sabía: que el consumo diario de frutas y verduras es sano y que se asociaba con la prevención de enfermedades crónicas. Más concretamente, el consumo combinado de frutas y verdurasde más de 569 gramos al día reduce el riesgo de mortalidad en un 10% y lo retrasa en 1,12 años con respecto a unconsumo inferior a 249 gramos diarios; además, por cada 200 gramos diarios de incremento en el consumo de frutas yverduras, este riesgo disminuye un 6%.

Haciendo un cálculo, los investigadores señalan que la proporción de muertes que se podrían prevenir si toda la población que come poco este tipo de alimentos aumentara su consumo entre 100 a 200 gramos al día -alcanzándose así las recomendaciones de 400 a 500 gramos al día- sería de un 2,9%.

Las evidencias sobre el efecto beneficioso del consumo de frutas y verduras en la prevención del cáncer y otras enfermedades crónicas son claras, afirma Sánchez. «Por ello, una de las actuaciones de prevención más efectivas es la promoción de su consumo en la población».

Dos mejor que una

Además, el estudio constata que los beneficios son especialmente importantes en la salud cardiovascular. Según el trabajo, el riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular se reduce un 15% y más de un 4% de los fallecidos por esta causa se podrían prevenir consumiendo más de 400 gramos diarios de estos alimentos.

Sin embargo, también se ve que el consumo de frutas por separado no parecía asociarse con una reducción significativa del riesgo de mortalidad, pero sí el consumo de verduras, que incluso fue más importante para las verduras crudas: unconsumo elevado implica un 16% de reducción del riesgo de mortalidad.

Tampoco ha encontrado el estudio una relación entre el consumo de frutas y verduras y una reducción de la mortalidad por cáncer. No obstante, subraya Sánchez, dado que el consumo de frutas y verduras se asocia con el riesgo de algunos cánceres -de colon y recto, estómago, pulmón, etc., es de esperar que su consumo también tenga un efecto positivo sobre la mortalidad por estos tumores.

Un aspecto curioso es que el efecto era mayor en aquellas personas con factores de riesgo como obesidad, consumo de tabaco o alcohol. La reducción del riesgo de mortalidad por el consumo de frutas y verduras fue mayor en los participantes que consumían alcohol (en torno a un 30-40% de reducción del riesgo), en los obesos (20%) y «posiblemente» también en los fumadores. Este efecto positivo probablemente sea debido a su alto contenido en antioxidantes, que actúan paliando el estrés oxidativo inducido por el alcohol, el tabaco y la obesidad.

EPIC: estudio ambicioso

El EPIC es uno de los estudios más ambiciosos que se hacen en Europa en el ámbito de la Salud Pública. A lo largo de 2013 han sido publicados algunos resultados que van e la misma dirección que este último trabajo. Así, a principios de año se publicaron en American Journal of Clinical Nutrition, los datos de un estudio, realizado sobre 45.000 voluntarios, que señalaba que los vegetarianos, aquellos que no comen ni carne ni pescado, tienen un riesgo de hospitalización o muerte por enfermedad cardiaca un 32% menor que aquellos carnívoros o los ictiófagos.

«Una explicación de las diferencias en este riesgo radica probablemente en los efectos de la alimentación sobre el colesterol y la presión arterial, y demuestra el importante papel de la dieta en la prevención de las enfermedades del corazón», explicó Francesca Crowe, de la Universidad de Oxford (Gran Bretaña).

Meses después, el equipo coordinado por Carlos Alberto González, del Instituto Catalán de Oncología, publicaba en BMC Medicine los datos de una investigación que señalaba al consumo de carnes rojas como muy perjudicial para la salud. En concreto, afirmaba que comer demasiada carne roja, especialmente aquella que ha sido procesada (embutidos, salchichas o hamburguesas), nos puede acortar la vida. Las recomendaciones aconsejan no ingerir más de 70 gramos diarios -unos 500gr/semana-, es decir menos de 1 filete de ternera y, sin embargo, en España el consumo medio de carne roja supera los 250gr/día, casi cuatro veces más de lo que dicen las guías.

Fuente: buena salud
ANUNCIO PATROCINADO



Con la tecnología de Blogger.