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Perder peso no solo tiene que ver con lo que comes sino la hora en que lo comes, según un nuevo estudio. Los participantes que consumieron una comida más grande más tarde en el día perdieron menos peso que quienes comieron más temprano.

Los autores del estudio, Martha Garaulet y el médico Frank Scheer, director del programa de cronobiología médica en el Hospital Brigham and Women’s en Boston, Estados Unidos, estudiaron a 420 personas en España durante un programa de tratamiento de pérdida de peso con duración de 20 semanas.

Los participantes fueron divididos en dos grupos; los que comían más temprano y almorzaban antes de las 3:00 p.m. y los que comían más tarde, quienes almorzaban después de las 3:00 p.m. En España, el almuerzo es la comida más grande del día, y comprende aproximadamente el 40% de las calorías diarias de una persona.

En promedio, las personas que comían más temprano perdieron 25% más peso que quienes comían más tarde en el transcurso del estudio, de acuerdo con Scheer.

Los autores del estudio no encontraron diferencias en la pérdida de peso de los grupos basándose en la hora del desayuno y la cena. También observaron el gasto energético, composición de la dieta, hormonas del apetito y duración del sueño. Esos factores fueron similares en ambos grupos, lo que llevó a los autores a concluir que el momento de la comida más grande es el origen de la lenta pérdida de peso.

El estudio fue publicado este martes en International Journal of Obesity.

Detrás de los resultados

¿Sabías que tu tejido graso tiene un reloj integrado? De hecho, la mayoría de las células en tu cuerpo funcionan en un horario de 24 horas, dice Scheer.

La combinación de todos estos relojes corporales es llamado sistema circadiano, y es controlado por un grupo de células en el hipotálamo de tu cerebro. Pero los “relojes” en las células de órganos individuales pueden ser alterados por la actividad diaria que no afecta al centro de control.

Por ejemplo, los investigadores concluyeron que alimentar a los animales durante momentos anormales puede “reajustar” los relojes en su hígado y páncreas, que son clave para optimizar el metabolismo. Cuando esto ocurre, el reloj central del cerebro permanece según lo previsto. Esto puede resultar en una desincronización entre los dos.

“Eso después podría llevar a un aumento de peso anormal o una disminución en la pérdida de peso”, dice Scheer.

Parte de esto podría deberse a la capacidad del cuerpo para controlar la glucosa, el tipo de azúcar que normalmente viene de los carbohidratos. Las personas que comieron más tarde en el estudio mostraron niveles significativamente mayores en el modelo de evaluación de homeostasis (HOMA, por sus siglas en inglés), un índice de resistencia de insulina que es utilizado para identificar diabetes.

Tu sistema es más capaz de lidiar con mayores niveles de glucosa en la mañana, dice Scheer, al extraer azúcar de la sangre para utilizarla como energía. “La misma cantidad de comida más tarde en el día no sería igualmente recibida”.
Vínculo genéticoLos investigadores identificaron varios genes que podrían jugar un papel en la obesidad y ciclos de sueño; es decir, si somos madrugadores o dormimos hasta muy tarde. Un gen llamado RELOJ afecta nuestros ritmos circadianos. Una variante extraña del gen; 'el alelo c' está relacionado con la obesidad.

En el estudio este alelo menor fue más común en las personas que comían más tarde y podría ser el responsable de que quisieran comer más tarde en el día, dice Scheer.

Otra explicación
Las personas en el estudio que comieron más tarde a menudo comían menos en el desayuno o no desayunaban. Algunos estudios pasados han demostrado que esa es la receta para un desastre dietético. Ayunar demasiado tiempo puede poner al cuerpo en un “modo de almacenamiento”. Las personas que se saltan el desayuno son más propensas a comer en exceso después, aunque los autores del estudio no encontraron una diferencia significativa en las calorías totales que ambos grupos comieron.

La conclusión
Hay limitaciones para estos resultados. El estudio fue observacional, lo que significa que los investigadores pidieron a los participantes que registraran sus propias comidas. Los estudios observacionales pueden vincular dos cosas; como tiempos de comida y pérdida de peso, pero no pueden mostrar las causas y efectos. El estudio necesita ser verificado con una prueba controlada.

Con eso dicho, planear tus comidas para un momento más temprano en el día no haría daño.

“Deberíamos considerar seriamente el efecto no sólo de lo que comemos, sino de cuándo comemos”, dice Scheer.

Intenta seguir la regla del Rey, Príncipe, Mendigo: desayuna como rey, almuerza como príncipe y cena como mendigo.



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Perder peso no solo tiene que ver con lo que comes sino la hora en que lo comes, según un nuevo estudio. Los participantes que consumieron una comida más grande más tarde en el día perdieron menos peso que quienes comieron más temprano.

Los autores del estudio, Martha Garaulet y el médico Frank Scheer, director del programa de cronobiología médica en el Hospital Brigham and Women’s en Boston, Estados Unidos, estudiaron a 420 personas en España durante un programa de tratamiento de pérdida de peso con duración de 20 semanas.

Los participantes fueron divididos en dos grupos; los que comían más temprano y almorzaban antes de las 3:00 p.m. y los que comían más tarde, quienes almorzaban después de las 3:00 p.m. En España, el almuerzo es la comida más grande del día, y comprende aproximadamente el 40% de las calorías diarias de una persona.

En promedio, las personas que comían más temprano perdieron 25% más peso que quienes comían más tarde en el transcurso del estudio, de acuerdo con Scheer.

Los autores del estudio no encontraron diferencias en la pérdida de peso de los grupos basándose en la hora del desayuno y la cena. También observaron el gasto energético, composición de la dieta, hormonas del apetito y duración del sueño. Esos factores fueron similares en ambos grupos, lo que llevó a los autores a concluir que el momento de la comida más grande es el origen de la lenta pérdida de peso.

El estudio fue publicado este martes en International Journal of Obesity.

Detrás de los resultados

¿Sabías que tu tejido graso tiene un reloj integrado? De hecho, la mayoría de las células en tu cuerpo funcionan en un horario de 24 horas, dice Scheer.

La combinación de todos estos relojes corporales es llamado sistema circadiano, y es controlado por un grupo de células en el hipotálamo de tu cerebro. Pero los “relojes” en las células de órganos individuales pueden ser alterados por la actividad diaria que no afecta al centro de control.

Por ejemplo, los investigadores concluyeron que alimentar a los animales durante momentos anormales puede “reajustar” los relojes en su hígado y páncreas, que son clave para optimizar el metabolismo. Cuando esto ocurre, el reloj central del cerebro permanece según lo previsto. Esto puede resultar en una desincronización entre los dos.

“Eso después podría llevar a un aumento de peso anormal o una disminución en la pérdida de peso”, dice Scheer.

Parte de esto podría deberse a la capacidad del cuerpo para controlar la glucosa, el tipo de azúcar que normalmente viene de los carbohidratos. Las personas que comieron más tarde en el estudio mostraron niveles significativamente mayores en el modelo de evaluación de homeostasis (HOMA, por sus siglas en inglés), un índice de resistencia de insulina que es utilizado para identificar diabetes.

Tu sistema es más capaz de lidiar con mayores niveles de glucosa en la mañana, dice Scheer, al extraer azúcar de la sangre para utilizarla como energía. “La misma cantidad de comida más tarde en el día no sería igualmente recibida”.
Vínculo genéticoLos investigadores identificaron varios genes que podrían jugar un papel en la obesidad y ciclos de sueño; es decir, si somos madrugadores o dormimos hasta muy tarde. Un gen llamado RELOJ afecta nuestros ritmos circadianos. Una variante extraña del gen; 'el alelo c' está relacionado con la obesidad.

En el estudio este alelo menor fue más común en las personas que comían más tarde y podría ser el responsable de que quisieran comer más tarde en el día, dice Scheer.

Otra explicación
Las personas en el estudio que comieron más tarde a menudo comían menos en el desayuno o no desayunaban. Algunos estudios pasados han demostrado que esa es la receta para un desastre dietético. Ayunar demasiado tiempo puede poner al cuerpo en un “modo de almacenamiento”. Las personas que se saltan el desayuno son más propensas a comer en exceso después, aunque los autores del estudio no encontraron una diferencia significativa en las calorías totales que ambos grupos comieron.

La conclusión
Hay limitaciones para estos resultados. El estudio fue observacional, lo que significa que los investigadores pidieron a los participantes que registraran sus propias comidas. Los estudios observacionales pueden vincular dos cosas; como tiempos de comida y pérdida de peso, pero no pueden mostrar las causas y efectos. El estudio necesita ser verificado con una prueba controlada.

Con eso dicho, planear tus comidas para un momento más temprano en el día no haría daño.

“Deberíamos considerar seriamente el efecto no sólo de lo que comemos, sino de cuándo comemos”, dice Scheer.

Intenta seguir la regla del Rey, Príncipe, Mendigo: desayuna como rey, almuerza como príncipe y cena como mendigo.



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¿Cuántas veces nos han advertido de la importancia de pesarse con la menor cantidad de ropa posible? 

A todos nos han dicho alguna vez que nos quitemos la ropa para poder calcular con mayor exactitud el peso de nuestro cuerpo. Pero ¿Y si en realidad no es tanta la diferencia que existe entre pesarse con o sin ropa?

Para demostrar esto, la revista 'International Journal of Obesity' publicó un estudio que demostraba cómo afectaba realmente el peso de la ropa a la hora de obtener nuestro peso real y si factores como el género o la temperatura afectaban en el cálculo.

Para realizar este análisis, los investigadores contaron con 50 adultos entre los que se encontraban sujetos con edades comprendidas entre los 18 y los 50 años. De ellos 35 eran mujeres mientras que los otros 15 eran hombres.

La investigación se realizó durante un año entero en el que los sujetos participantes se pesaban con y sin ropa para posteriormente comparar ambos resultados.

Los científicos exigían a los sujetos que ayunaran la noche de antes de la medición del peso, para que de esa manera el peso se ajustara más a la realidad.

Otro de los factores que se tuvo en cuenta para realizar el estudio, fue la temperatura exterior. La investigación se realizó durante las cuatro estaciones del año, ya que se quería descubrir la variación que se producía comparando las épocas más calurosas con las más frías.

De este modo se pudo ver que durante la época de verano y en sus temperaturas más altas, el rango era mucho más bajo, así pues se pudo comprobar que el peso de la ropa tan solo se diferenciaba de la del resto del año en 0,6 kg en los hombres y tan solo 0,4 en mujeres.

Los datos del estudio determinaron que la temperatura exterior solamente ejercía una variación del 6% en el caso de las mujeres y de 12% en el peso de los hombres.

Además de esto se pudo demostrar que la ropa de los hombres es mucho más pesada que las de las mujeres ya que se confirmaría que la de ellos pesa 1,2 Kg mientras que la de ellas solamente 0,8, independientemente de la temperatura exterior.

Ayunar y estar bien hidratado también ayuda a obtener nuestro peso real

Otro de los consejos que siempre nos han dico que tenemos que tener en cuenta a la hora de pesarnos, es el subirnos a la báscula en ayunas y después de haber ido al baño.

Esto se recomienda porque así evitamos la retención de líquidos y por lo tanto no presentamos un peso más elevado.

También es importante pesarse a primera hora de la mañana, porque es el momento en el que aún no hemos consumido ningún alimento, ni líquido y por lo tanto no tenemos ni retención de líquidos ni comida en el intestino.

Un error que comete mucha gente, es pesarse después de haber realizado ejercicio. Hay que tener en cuenta que después de un gran esfuerzo, perdemos gran cantidad de líquidos por lo que lo más recomendable es hidratarnos y esperar al momento más adecuado.



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¿Cuántas veces nos han advertido de la importancia de pesarse con la menor cantidad de ropa posible? 

A todos nos han dicho alguna vez que nos quitemos la ropa para poder calcular con mayor exactitud el peso de nuestro cuerpo. Pero ¿Y si en realidad no es tanta la diferencia que existe entre pesarse con o sin ropa?

Para demostrar esto, la revista 'International Journal of Obesity' publicó un estudio que demostraba cómo afectaba realmente el peso de la ropa a la hora de obtener nuestro peso real y si factores como el género o la temperatura afectaban en el cálculo.

Para realizar este análisis, los investigadores contaron con 50 adultos entre los que se encontraban sujetos con edades comprendidas entre los 18 y los 50 años. De ellos 35 eran mujeres mientras que los otros 15 eran hombres.

La investigación se realizó durante un año entero en el que los sujetos participantes se pesaban con y sin ropa para posteriormente comparar ambos resultados.

Los científicos exigían a los sujetos que ayunaran la noche de antes de la medición del peso, para que de esa manera el peso se ajustara más a la realidad.

Otro de los factores que se tuvo en cuenta para realizar el estudio, fue la temperatura exterior. La investigación se realizó durante las cuatro estaciones del año, ya que se quería descubrir la variación que se producía comparando las épocas más calurosas con las más frías.

De este modo se pudo ver que durante la época de verano y en sus temperaturas más altas, el rango era mucho más bajo, así pues se pudo comprobar que el peso de la ropa tan solo se diferenciaba de la del resto del año en 0,6 kg en los hombres y tan solo 0,4 en mujeres.

Los datos del estudio determinaron que la temperatura exterior solamente ejercía una variación del 6% en el caso de las mujeres y de 12% en el peso de los hombres.

Además de esto se pudo demostrar que la ropa de los hombres es mucho más pesada que las de las mujeres ya que se confirmaría que la de ellos pesa 1,2 Kg mientras que la de ellas solamente 0,8, independientemente de la temperatura exterior.

Ayunar y estar bien hidratado también ayuda a obtener nuestro peso real

Otro de los consejos que siempre nos han dico que tenemos que tener en cuenta a la hora de pesarnos, es el subirnos a la báscula en ayunas y después de haber ido al baño.

Esto se recomienda porque así evitamos la retención de líquidos y por lo tanto no presentamos un peso más elevado.

También es importante pesarse a primera hora de la mañana, porque es el momento en el que aún no hemos consumido ningún alimento, ni líquido y por lo tanto no tenemos ni retención de líquidos ni comida en el intestino.

Un error que comete mucha gente, es pesarse después de haber realizado ejercicio. Hay que tener en cuenta que después de un gran esfuerzo, perdemos gran cantidad de líquidos por lo que lo más recomendable es hidratarnos y esperar al momento más adecuado.



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Uno de los métodos más comunes para bajar peso es hacer dieta. Sin embargo, muchas veces tienen el llamado “efecto rebote”, esto significa que tras terminar el régimen, recuperamos los kilos perdidos o incluso ganamos aún más.

Además, es difícil mantenerlas en el tiempo, inundándonos de sentimientos de culpa y fracaso cuando comemos algo considerado indebido. De este modo, es recurrente que frases como “Si tuviera más fuerza de voluntad” asomen en nuestra cabeza.

Pero para agrado nuestro, es posible perder kilos sin pasar hambre. Así lo informó Lilian Cheung, doctora en ciencias y nutricionista registrada, quien asegura que es posible alcanzar un peso saludable y tener una vida más satisfactoria sin sacrificarse.

Para la especialista lo ideal no es seguir una pauta temporal de alimentación, sino que adoptar ciertos hábitos saludables. Ella recomienda comer en forma consciente, lo que se puede lograr con 7 pasos que te mostraremos a continuación:

1. Honra a la alimentación
Muchas veces comemos en abundancia sin siquiera sentirle el gusto a la comida. O bien, compramos lo primero que encontramos sin darnos cuenta de lo que estamos ingiriendo.”Al comer, contempla tu comida, disfruta de su origen, piensa de dónde provino, y en qué o quiénes la trajeron a ti. Comenzarás a sentir una profunda gratitud”, dice Cheung.

2. Involucra a todos los sentidos
Observa la belleza de tu comida, inhala su aroma, explore su textura. “Pon atención a los sonidos que tu comida hace cuando la estás preparando y cuando la comas considera lo que está en tu mente cuando la miras”, señala.

3. Sé consciente del tamaño de las porciones
No te sirvas demasiado y procura que tu plato no supere los 22 centímetros de diámetro. Los estudios demuestran que mientras más grande es el plato más comemos. Sé modesto.



4. Mastica
El hecho de masticar ayuda a digerir bien los alimentos. De este modo podremos saborearla mejor y además la haremos más digerible.

5. Coma lentamente
Al igual que el punto anterior, esta práctica no sólo nos permite disfrutar de la comida, también ayuda a que comamos menos, según las investigaciones.

6. No te saltes comidas
Cuando te saltas el desayuno, el almuerzo o cualquiera de las comidas del día, sólo consigues comer mucho más de una sola vez cuando tienes la oportunidad, en lugar de hacerlo en forma parcializada.

Debes tener un desayuno energético con cereales de grano entero y proteínas saludables como el yogur, nueces, huevos y frutas, así controlarás tu apetito durante la jornada.

7. Come más vegetales y menos carnes rojas
Las investigaciones muestran que el consumo de carne roja aumenta el riesgo de padecer enfermedades al corazón, diabetes y cáncer de colon. De hecho, un reciente estudio realizado por la Universidad de Harvard también encontró que las carnes rojas y procesadas pueden contribuir al aumento de peso.



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Uno de los métodos más comunes para bajar peso es hacer dieta. Sin embargo, muchas veces tienen el llamado “efecto rebote”, esto significa que tras terminar el régimen, recuperamos los kilos perdidos o incluso ganamos aún más.

Además, es difícil mantenerlas en el tiempo, inundándonos de sentimientos de culpa y fracaso cuando comemos algo considerado indebido. De este modo, es recurrente que frases como “Si tuviera más fuerza de voluntad” asomen en nuestra cabeza.

Pero para agrado nuestro, es posible perder kilos sin pasar hambre. Así lo informó Lilian Cheung, doctora en ciencias y nutricionista registrada, quien asegura que es posible alcanzar un peso saludable y tener una vida más satisfactoria sin sacrificarse.

Para la especialista lo ideal no es seguir una pauta temporal de alimentación, sino que adoptar ciertos hábitos saludables. Ella recomienda comer en forma consciente, lo que se puede lograr con 7 pasos que te mostraremos a continuación:

1. Honra a la alimentación
Muchas veces comemos en abundancia sin siquiera sentirle el gusto a la comida. O bien, compramos lo primero que encontramos sin darnos cuenta de lo que estamos ingiriendo.”Al comer, contempla tu comida, disfruta de su origen, piensa de dónde provino, y en qué o quiénes la trajeron a ti. Comenzarás a sentir una profunda gratitud”, dice Cheung.

2. Involucra a todos los sentidos
Observa la belleza de tu comida, inhala su aroma, explore su textura. “Pon atención a los sonidos que tu comida hace cuando la estás preparando y cuando la comas considera lo que está en tu mente cuando la miras”, señala.

3. Sé consciente del tamaño de las porciones
No te sirvas demasiado y procura que tu plato no supere los 22 centímetros de diámetro. Los estudios demuestran que mientras más grande es el plato más comemos. Sé modesto.



4. Mastica
El hecho de masticar ayuda a digerir bien los alimentos. De este modo podremos saborearla mejor y además la haremos más digerible.

5. Coma lentamente
Al igual que el punto anterior, esta práctica no sólo nos permite disfrutar de la comida, también ayuda a que comamos menos, según las investigaciones.

6. No te saltes comidas
Cuando te saltas el desayuno, el almuerzo o cualquiera de las comidas del día, sólo consigues comer mucho más de una sola vez cuando tienes la oportunidad, en lugar de hacerlo en forma parcializada.

Debes tener un desayuno energético con cereales de grano entero y proteínas saludables como el yogur, nueces, huevos y frutas, así controlarás tu apetito durante la jornada.

7. Come más vegetales y menos carnes rojas
Las investigaciones muestran que el consumo de carne roja aumenta el riesgo de padecer enfermedades al corazón, diabetes y cáncer de colon. De hecho, un reciente estudio realizado por la Universidad de Harvard también encontró que las carnes rojas y procesadas pueden contribuir al aumento de peso.



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El sedentarismo y la mala alimentación no son las únicas causas del aumento de peso. “Un montón de gente hace lo que nosotros creemos que son opciones de estilos de vida, pero lo cierto es que sus cuerpos reaccionan a factores que no podemos controlar”, dijo Robert J. Hedaya, doctor en medicina y profesor de psiquiatría en Georgetown University Medical Center (EEUU) a Yahoo! Health.

Por ello a continuación te contamos algunos factores que nos hacen subir kilos, y que requieren de ayuda profesional para subsanarse.

1. La depresión

Muchos medicamentos antidepresivos causan aumento de peso, según Hedaya, quien también es fundador del National Center for Whole Psychiatry in Chevy Chase. Asimismo, un estudio realizado en 2010 y publicado en la revista American Journal of Public Health, determinó que quienes que se sienten solos y tristes suben de peso más rápidamente que aquellos que reportan menos síntomas relacionados con la depresión. La explicación puede estar en que algunas personas deprimidas se refugian en alimentos ricos en grasas y altos en calorías, para sentir bienestar y además reducen su actividad física, según Belinda Needham, profesora asistente del departamento de sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona y autora principal del estudio.

Dominique Fradin-Lee, doctora en medicina y profesora asistente de Loma Linda School of Medicine en California (EEUU) recomienda a los pacientes que suben de peso tras tomar antidepresivos, que comiencen a dejar el fármaco lentamente. Si los medicamentos no tienen la culpa, es mejor buscar copañía para hacer ejercicio, ya que el apoyo social motiva.

2. Medicamentos
Hay una larga lista de medicamentos que pueden causar aumento de peso: algunas pastillas anticonceptivas, terapias hormonales, fármacos para la enfermedad cardíaca y la presión arterial, drogas anticonvulsivas, medicamentos para el cáncer de mama como el tamoxifeno, algunos tratamientos para la artritis reumatoide, e incluso algunos remedios para la migraña y la acidez estomacal.

“Cuando veo a pacientes preocupados por el aumento de peso, me pongo a mirar sus medicamentos”, dice Steven D. Wittlin, doctor en medicina y director clínico de la división endocrino-metabolismo en la University of Rochester Medical Center en Rochester, Nueva York.

“Algunos pueden afectar el apetito, otros pueden afectar el metabolismo”, agrega el experto, señalando que otros simplemente pueden hacer que te sientas mejor y recuperes el apetito perdido.

Si sospechas que algún fármaco está haciendo que aumentes centímetros, puedes pedirle a tu médico que te recomiende un tratamiento alternativo que no tenga estas consecuencias.

3. Tu metabolismo es lento
Los problemas digestivos y el metabolismo lento podrían ser la razón por la que subes de peso. Hedaya dice que si no vas al baño todos los días puede que estés sufriendo de deshidratación, bajos niveles de fibra, o incluso falta de buena flora intestinal.

Si padeces estreñimiento, prueba con probióticos que pueden ayudar a funcionar tu sistema digestivo correctamente, además mantente hidratado y opta por una dieta con varios alimentos ricos en fibra, como frutas, cereales integrales o legumbres.






4. A tu cuerpo le faltan nutrientes

La falta de vitamina D, magnesio o hierro puede comprometer tu sistema inmunológico, debilitar tus niveles de energía, o alterar tu metabolismo, de manera que se hace más difícil llevar un estilo de vida saludable.

Y es que la baja energía generalmente se compensa con cafeína, dulces o carbohidratos simple, afirma Hedaya, agregando que esta situación además desmotiva la actividad física.

Los niveles de hierro puedes aumentarlos consumiendo carnes rojas y espinacas; mientras el magnesio se incrementa con frutos secos; y la vitamina D, con leche y luz solar. Eso sí, hay que moderarse. “Si tomas demasiada leche, puedes tener cálculos renales. Necesitas hacerte un análisis de sangre cada tres meses, para que tu médico pueda recomendarte las dosis justas”, dice Hedaya.

Antes de tomar suplementos de nutrientes, debes ver a un especialista para descartar que el aumento de peso se deba a resistencia a la insulina o hipotiroidismo.

5. Estás envejeciendo
A medida que pasa el tiempo ya no quemamos tantas calorías como antes, por lo que debemos hacer más ejercicio y comer menos, indica Fradin-Lee “Algunos estudios muestran que el ejercicio puede ser incluso más importante que la dieta para mantener el peso a largo plazo”, señala la especialista.

“Recuerda que todas las calorías no son iguales cuando se trata de peso” dice Fradin-Lee, quien agrega que “comer proteínas magras hará que tu cuerpo queme calorías en forma más eficiente. Por otro lado, los carbohidratos son algo que el cuerpo tiende a quemar más lentamente e incluso almacenar en su cuerpo más fácilmente”.

6. Fascitis plantar
“Muchas enfermedades musculoesqueléticas, como la fascitis plantar, la osteoartritis y los dolores de rodilla o cadera, puede provocar un aumento de peso no intencional”, dice Donald Bohay, doctor en medicina y co-presidente del comité de educación pública de la American Orthopaedic Foot & Society.

“La fascitis plantar sin duda te puede obligar a recortar tu actividad física lo suficiente como para causar aumento de peso”, dice la experta.

Si es tu caso, opta por ejercicios como andar en bicicleta o nadar. Puedes buscar un terapeuta que diseñe un programa de ejercicios adecuado a tus necesidades específicas.

7. Síndrome de Cushing o hipercortisolismo
Si el aumento de peso va acompañado de hipertensión arterial, osteoporosis, y cambios en el tono y calidad de tu piel -incluyendo estrías de color morado o plateadas sobre el abdomen y mejillas ruborosas- podría ser una señal de que tu cuerpo no está procesando los nutrientes como debería, debido a un tumor productor de cortisol en una de las glándulas suprarrenales.

El síndrome afecta a cerca de 15 cada 1 millón de adultos al año. “No es muy común”, dice Wittlin, añadiendo que uno de los signos más reveladores es que la grasa se concentra más en la parte media del cuerpo, haciendo que los brazos y las piernas parezcan más delgados.

Si sospechas que es tu caso, acude a un médico para que te indique un análisis de sangre y otro de orina, a fin de obtener un control preciso de los niveles de cortisol en tu cuerpo. Si las cifras son consideradas excesivamente altas, el especialista ordenará más exámenes, como una tomografía computarizada de las glándulas pituitaria y adrenal, para determinar si existe un tumor. Si se confirma, probablemente deberán realizarte una cirugía para extirpar el tumor.



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El sedentarismo y la mala alimentación no son las únicas causas del aumento de peso. “Un montón de gente hace lo que nosotros creemos que son opciones de estilos de vida, pero lo cierto es que sus cuerpos reaccionan a factores que no podemos controlar”, dijo Robert J. Hedaya, doctor en medicina y profesor de psiquiatría en Georgetown University Medical Center (EEUU) a Yahoo! Health.

Por ello a continuación te contamos algunos factores que nos hacen subir kilos, y que requieren de ayuda profesional para subsanarse.

1. La depresión

Muchos medicamentos antidepresivos causan aumento de peso, según Hedaya, quien también es fundador del National Center for Whole Psychiatry in Chevy Chase. Asimismo, un estudio realizado en 2010 y publicado en la revista American Journal of Public Health, determinó que quienes que se sienten solos y tristes suben de peso más rápidamente que aquellos que reportan menos síntomas relacionados con la depresión. La explicación puede estar en que algunas personas deprimidas se refugian en alimentos ricos en grasas y altos en calorías, para sentir bienestar y además reducen su actividad física, según Belinda Needham, profesora asistente del departamento de sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona y autora principal del estudio.

Dominique Fradin-Lee, doctora en medicina y profesora asistente de Loma Linda School of Medicine en California (EEUU) recomienda a los pacientes que suben de peso tras tomar antidepresivos, que comiencen a dejar el fármaco lentamente. Si los medicamentos no tienen la culpa, es mejor buscar copañía para hacer ejercicio, ya que el apoyo social motiva.

2. Medicamentos
Hay una larga lista de medicamentos que pueden causar aumento de peso: algunas pastillas anticonceptivas, terapias hormonales, fármacos para la enfermedad cardíaca y la presión arterial, drogas anticonvulsivas, medicamentos para el cáncer de mama como el tamoxifeno, algunos tratamientos para la artritis reumatoide, e incluso algunos remedios para la migraña y la acidez estomacal.

“Cuando veo a pacientes preocupados por el aumento de peso, me pongo a mirar sus medicamentos”, dice Steven D. Wittlin, doctor en medicina y director clínico de la división endocrino-metabolismo en la University of Rochester Medical Center en Rochester, Nueva York.

“Algunos pueden afectar el apetito, otros pueden afectar el metabolismo”, agrega el experto, señalando que otros simplemente pueden hacer que te sientas mejor y recuperes el apetito perdido.

Si sospechas que algún fármaco está haciendo que aumentes centímetros, puedes pedirle a tu médico que te recomiende un tratamiento alternativo que no tenga estas consecuencias.

3. Tu metabolismo es lento
Los problemas digestivos y el metabolismo lento podrían ser la razón por la que subes de peso. Hedaya dice que si no vas al baño todos los días puede que estés sufriendo de deshidratación, bajos niveles de fibra, o incluso falta de buena flora intestinal.

Si padeces estreñimiento, prueba con probióticos que pueden ayudar a funcionar tu sistema digestivo correctamente, además mantente hidratado y opta por una dieta con varios alimentos ricos en fibra, como frutas, cereales integrales o legumbres.






4. A tu cuerpo le faltan nutrientes

La falta de vitamina D, magnesio o hierro puede comprometer tu sistema inmunológico, debilitar tus niveles de energía, o alterar tu metabolismo, de manera que se hace más difícil llevar un estilo de vida saludable.

Y es que la baja energía generalmente se compensa con cafeína, dulces o carbohidratos simple, afirma Hedaya, agregando que esta situación además desmotiva la actividad física.

Los niveles de hierro puedes aumentarlos consumiendo carnes rojas y espinacas; mientras el magnesio se incrementa con frutos secos; y la vitamina D, con leche y luz solar. Eso sí, hay que moderarse. “Si tomas demasiada leche, puedes tener cálculos renales. Necesitas hacerte un análisis de sangre cada tres meses, para que tu médico pueda recomendarte las dosis justas”, dice Hedaya.

Antes de tomar suplementos de nutrientes, debes ver a un especialista para descartar que el aumento de peso se deba a resistencia a la insulina o hipotiroidismo.

5. Estás envejeciendo
A medida que pasa el tiempo ya no quemamos tantas calorías como antes, por lo que debemos hacer más ejercicio y comer menos, indica Fradin-Lee “Algunos estudios muestran que el ejercicio puede ser incluso más importante que la dieta para mantener el peso a largo plazo”, señala la especialista.

“Recuerda que todas las calorías no son iguales cuando se trata de peso” dice Fradin-Lee, quien agrega que “comer proteínas magras hará que tu cuerpo queme calorías en forma más eficiente. Por otro lado, los carbohidratos son algo que el cuerpo tiende a quemar más lentamente e incluso almacenar en su cuerpo más fácilmente”.

6. Fascitis plantar
“Muchas enfermedades musculoesqueléticas, como la fascitis plantar, la osteoartritis y los dolores de rodilla o cadera, puede provocar un aumento de peso no intencional”, dice Donald Bohay, doctor en medicina y co-presidente del comité de educación pública de la American Orthopaedic Foot & Society.

“La fascitis plantar sin duda te puede obligar a recortar tu actividad física lo suficiente como para causar aumento de peso”, dice la experta.

Si es tu caso, opta por ejercicios como andar en bicicleta o nadar. Puedes buscar un terapeuta que diseñe un programa de ejercicios adecuado a tus necesidades específicas.

7. Síndrome de Cushing o hipercortisolismo
Si el aumento de peso va acompañado de hipertensión arterial, osteoporosis, y cambios en el tono y calidad de tu piel -incluyendo estrías de color morado o plateadas sobre el abdomen y mejillas ruborosas- podría ser una señal de que tu cuerpo no está procesando los nutrientes como debería, debido a un tumor productor de cortisol en una de las glándulas suprarrenales.

El síndrome afecta a cerca de 15 cada 1 millón de adultos al año. “No es muy común”, dice Wittlin, añadiendo que uno de los signos más reveladores es que la grasa se concentra más en la parte media del cuerpo, haciendo que los brazos y las piernas parezcan más delgados.

Si sospechas que es tu caso, acude a un médico para que te indique un análisis de sangre y otro de orina, a fin de obtener un control preciso de los niveles de cortisol en tu cuerpo. Si las cifras son consideradas excesivamente altas, el especialista ordenará más exámenes, como una tomografía computarizada de las glándulas pituitaria y adrenal, para determinar si existe un tumor. Si se confirma, probablemente deberán realizarte una cirugía para extirpar el tumor.



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Si quieres perder esa barriga tienes que sudar, pero al revés no funciona. Sudar no adelgaza.

Los campeones finlandeses de resistencia en sauna de la foto aguantan más de veinte minutos sudando sin parar. No parecen muy delgados. Los seres humanos sudamos mucho y bien. No todos los animales pueden hacerlo, nosotros compartimos la habilidad de sudar con los primates y los caballos, entre otros. El sudor, además de dejar rodales en las camisas, es un excelente mecanismo de refrigeración. Gracias al sudor somos capaces de hacer esfuerzos prolongados, como correr un maratón.

Cuando hacemos ejercicio, el cuerpo se calienta, y sudamos para enfriarlo de nuevo. Pero sudar no adelgaza. Es el ejercicio lo que quema las grasas, y el sudor solo un efecto secundario del ejercicio. Así que no tiene sentido envolverse en plásticos, pasarse horas en la sauna (es peligroso), o peor aún, usar una de esas saunas personales de la teletienda alrededor de la barriga.

El peso que se pierde con el sudor es agua. Si pierdes medio kilo en la sauna, en cuanto bebas dos vasos de agua, lo recuperarás. Si encima bebes zumo, estás añadiendo azúcar y seguramente más peso.

No todo el mundo suda igual. Las mujeres tienen más glándulas sudoríparas, pero son menos activas que las de los hombres. Las personas que están en forma sudan más, porque son más eficientes refrigerándose. También sudan más quienes tienen sobrepeso, pero esta vez es a causa de la grasa, que actúa como aislante y sube la temperatura interior del cuerpo.

En comparación, otros animales sudan mucho menos y solo se pueden refrigerar por la boca, sacando la lengua. En esto se basaba la primera forma de caza de nuestros antepasados, denominada caza por resistencia. Consistía en perseguir a las presas durante horas, a ritmo constante. Un antílope solo se puede refrigerar sacando la lengua, pero no puede respirar, sacar la lengua y correr al mismo tiempo. Solo había que hacerlo huir sin dejar que parase a descansar. Al cabo de varias horas, el antílope caía víctima de un golpe de calor. Los humanos terminaban sudados y agotados, pero la cena estaba servida.



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Si quieres perder esa barriga tienes que sudar, pero al revés no funciona. Sudar no adelgaza.

Los campeones finlandeses de resistencia en sauna de la foto aguantan más de veinte minutos sudando sin parar. No parecen muy delgados. Los seres humanos sudamos mucho y bien. No todos los animales pueden hacerlo, nosotros compartimos la habilidad de sudar con los primates y los caballos, entre otros. El sudor, además de dejar rodales en las camisas, es un excelente mecanismo de refrigeración. Gracias al sudor somos capaces de hacer esfuerzos prolongados, como correr un maratón.

Cuando hacemos ejercicio, el cuerpo se calienta, y sudamos para enfriarlo de nuevo. Pero sudar no adelgaza. Es el ejercicio lo que quema las grasas, y el sudor solo un efecto secundario del ejercicio. Así que no tiene sentido envolverse en plásticos, pasarse horas en la sauna (es peligroso), o peor aún, usar una de esas saunas personales de la teletienda alrededor de la barriga.

El peso que se pierde con el sudor es agua. Si pierdes medio kilo en la sauna, en cuanto bebas dos vasos de agua, lo recuperarás. Si encima bebes zumo, estás añadiendo azúcar y seguramente más peso.

No todo el mundo suda igual. Las mujeres tienen más glándulas sudoríparas, pero son menos activas que las de los hombres. Las personas que están en forma sudan más, porque son más eficientes refrigerándose. También sudan más quienes tienen sobrepeso, pero esta vez es a causa de la grasa, que actúa como aislante y sube la temperatura interior del cuerpo.

En comparación, otros animales sudan mucho menos y solo se pueden refrigerar por la boca, sacando la lengua. En esto se basaba la primera forma de caza de nuestros antepasados, denominada caza por resistencia. Consistía en perseguir a las presas durante horas, a ritmo constante. Un antílope solo se puede refrigerar sacando la lengua, pero no puede respirar, sacar la lengua y correr al mismo tiempo. Solo había que hacerlo huir sin dejar que parase a descansar. Al cabo de varias horas, el antílope caía víctima de un golpe de calor. Los humanos terminaban sudados y agotados, pero la cena estaba servida.



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