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Un reciente estudio de investigadores de la Universidad de Oxford es concluyente: los fumadores que van reduciendo gradualmente su dosis de nicotina para dejar el tabaco fracasan más en su objetivo que los que optan por abandonarlo sin contemplaciones. 

Para el trabajo, dirigido por la doctora Nicola Lindson-Hawley, se reclutó a 697 personas que deseaban dejar este nocivo hábito, y se las dividió en dos grupos: el primero abandonó del todo el tabaco en una fecha fijada; el segundo fue disminuyendo progresivamente el número de cigarrillos consumidos a lo largo de las dos semanas previas al “gran día”.

Los dos grupos disfrutaron del consejo de especialistas, y se les proporcionaron parches y chicles de nicotina y otras ayudas. Tras dejar de fumar, los participantes en la investigación fueron evaluados semanalmente durante cuatro semanas, y de nuevo a los seis meses. Además de preguntarles cómo se sentían, los investigadores medían la cantidad de monóxido de carbono que exhalaban, una prueba objetiva de si seguían sin fumar.

A las cuatro semanas de dejar el tabaco, el 39 % de las personas que lo habían abandonado gradualmente se mantenían libres del hábito, frente al 49 % del grupo que lo había cortado abruptamente. Eso significa que los segundos tenían un 25 % más de posibilidades de cumplir su propósito: las diferencias ya se constataban en el mismo día en que unos y otros se privaban del todo de nicotina: fueron más los sujetos del segundo grupo que aguantaron 24 horas seguidas sin echar un pitillo.

Según Lindson-Hawley, quienes dejan el tabaco poco a poco se enfrentan a dos retos: abandonar su costumbre del todo, e ir cumpliendo los objetivos graduales de disminución. Sin embargo, las que cortan de raíz solo tienen una tarea (aunque dura) por delante. Esto podría explicar las diferencias entre unos y otros.

La investigadora señala que “quienes desean dejar de fumar y cuentan con ayudas y terapias para hacerlo tienen más posibilidades de éxito si abandonan radicalmente su hábito. Sin embargo, en nuestra investigación hemos descubierto que hay individuos para los que es imposible dejarlo de golpe: en ese caso, es mejor reducir la dosis que no hacer nada”




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Todos sabemos que el consumo de cigarrillos de tabaco es altamente perjudicial para nuestra salud y para la salud de quienes nos rodean. Este nocivo hábito existe hace siglos e incluso hasta hace pocos años era una costumbre distinguida y refinada. Afortunadamente los gobiernos y algunos organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud desarrollan fuertes campañas para erradicar, lo que en las últimas décadas se ha dado en llamar, la epidemia del cigarrillo. 

  • Cáncer de estómago El cáncer de estómago causa alrededor de 800.000 muertes en todo el mundo por año.
  • Disfunción eréctil Las causas más importantes de la disfunción eréctil son las enfermedades cardiovasculares y la diabetes.
  • Cáncer de próstata El cáncer de próstata suele ser de evolución lenta, sin embargo se puede presentar de formas muy agresivas. El síntoma más común es dificultad y dolor al orinar y mantener relaciones sexuales. 
  • Cáncer de hígado El cáncer de hígado, junto con el cáncer de páncreas y estómago, es uno de los tipos de cáncer más agresivos de todos. Lamentablemente no suele ser detectado a tiempo y para el momento en que es diagnosticado suele estar muy avanzado.
  • Cáncer de colon y recto Es la tercera forma más común de cáncer y suele ser ocasionado por factores del estilo de vida, y sólo en una pequeña cantidad de casos se identifican factores genéticos.
  • Enfermedad vascular periférica Es también conocida como enfermedad arterial periférica (EAP) y consiste en la obstrucción de grandes arterias que no forman parte de la vasculatura coronaria ni cerebral. Se suele presentar en las extremidades inferiores.
  • Enfermedades coronarias Se entiende por enfermedades coronarias al conjunto de enfermedades que de algún modo bloquean el suministro de sangre y oxígeno al corazón. 
  • Enfermedad pulmonar obstructiva crónica Se trata de una enfermedad degenerativa de la capacidad pulmonar. El consumo de tabaco es la causa más común. 
  • Bronquitis aguda La bronquitis es causada por la presencia de un virus o una bacteria en particular, por lo tanto no es estrictamente causada por el tabaquismo. Ahora bien, el consumo de tabaco deteriora las vías respiratorias y favorece el ingreso de ese tipo de virus y bacterias. Además, la nicotina acumulada en los pulmones dificulta el tratamiento de la bronquitis. 
  • Enfisema Es la afección más común entre los fumadores de tabaco. Los químicos que se encuentran fundamentalmente en los filtros de los cigarrillos deterioran las paredes de los alvéolos y dificultan el suministro de oxígeno.
La epidemia de tabaquismo mata a casi 6 millones de personas al año, de los cuales 600 000 son fumadores pasivos, es decir, personas que no fuman pero están expuestas al humo de tabaco de otras personas.






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Según el Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), sólo en ese país hay más de 45 millones de fumadores, de los cuales un 70% quiere dejar el vicio.
Modelo de lo que sería ChronoDose, actualmente en desarrollo
El problema es que las técnicas para dejar el cigarrillo que están basadas en el uso de sistemas de entrega de nicotina (como chicles o parches), no consideran los periodos de mayor ansiedad. Es una entrega constante de nicotina, sin regulación de intensidad o cronología.

Por eso el desarrollo de la compañía californiana Chrono Therapeutics es tan interesante. El emprendimiento está trabajando en un sistema que mezcla la idea de la tecnología "vestible", uno de los mayores impulsos tecnológicos durante 2014, con las terapias basadas en nicotina para ayudar a los adictos a dejar cigarrillo.

El sistema se basa en un dispositivo llamado "ChronoDose", que se puede llevar en el torso, la muñeca o el brazo y que puede regular la administración de nicotina durante el día. Además, usando su sistema de conectividad Bluetooth, puede darle información actualizada al usuario a través de una aplicación, con una guía en tiempo real con pasos para mejorar los efectos de la terapia.
Según Chrono, la ansiedad por la nicotina tiene sus puntos más altos al despertar, luego de varias horas de sueño, y en las comidas, ya que el consumo de comida aumenta el metabolismo de la nicotina, generando la necesidad de una dosis más alta. El desarrollo de la compañía se adelanta a estos periodos de ansiedad, administrando nicotina de forma previa, y envía mensajes y notificaciones al usuario, invitándolo a mantener redes de contacto.

Por ahora no hay fechas para la comercialización del producto. La compañía acaba de levantar US$ 32 millones en una ronda de financiamiento que incluye a GE Ventures, Canaan Partners y la Mayo Clinic.




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Según el Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), sólo en ese país hay más de 45 millones de fumadores, de los cuales un 70% quiere dejar el vicio.
Modelo de lo que sería ChronoDose, actualmente en desarrollo
El problema es que las técnicas para dejar el cigarrillo que están basadas en el uso de sistemas de entrega de nicotina (como chicles o parches), no consideran los periodos de mayor ansiedad. Es una entrega constante de nicotina, sin regulación de intensidad o cronología.

Por eso el desarrollo de la compañía californiana Chrono Therapeutics es tan interesante. El emprendimiento está trabajando en un sistema que mezcla la idea de la tecnología "vestible", uno de los mayores impulsos tecnológicos durante 2014, con las terapias basadas en nicotina para ayudar a los adictos a dejar cigarrillo.

El sistema se basa en un dispositivo llamado "ChronoDose", que se puede llevar en el torso, la muñeca o el brazo y que puede regular la administración de nicotina durante el día. Además, usando su sistema de conectividad Bluetooth, puede darle información actualizada al usuario a través de una aplicación, con una guía en tiempo real con pasos para mejorar los efectos de la terapia.
Según Chrono, la ansiedad por la nicotina tiene sus puntos más altos al despertar, luego de varias horas de sueño, y en las comidas, ya que el consumo de comida aumenta el metabolismo de la nicotina, generando la necesidad de una dosis más alta. El desarrollo de la compañía se adelanta a estos periodos de ansiedad, administrando nicotina de forma previa, y envía mensajes y notificaciones al usuario, invitándolo a mantener redes de contacto.

Por ahora no hay fechas para la comercialización del producto. La compañía acaba de levantar US$ 32 millones en una ronda de financiamiento que incluye a GE Ventures, Canaan Partners y la Mayo Clinic.




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A pesar de que se prohibió fumar en espacios cerrados con público, los uruguayos no han dejado de fumar. Es el segundo país en la región con mayor número de fumadores, según el Institute for Health Metries and Evaluation (HME) de la Universidad de Washington. Comprensible quizás porque no es fácil dejar un vicio, sobre todo para aquellos que llevan muchos años en él.

Un estudio español confirma que la prevalencia del tabaquismo disminuye hasta un 11% cuando se implementan ambientes libres de humo de tabaco en lugares públicos cerrados.

Los síntomas de abstinencia son distintos para cada persona que fuma, pero hay algunos que son comunes, explica la doctora María Paz Corvalán, coordinadora de la Comisión de Tabaquismo de la Sociedad Chilena de Enfermedades Respiratorias.

Estos indicios son: ganas excesivas por fumar, irritabilidad, aumento de apetito, dificultad para dormir, dificultad para concentrarse, sensación de inquietud y nerviosismo, pero que irán desapareciendo a medida que pasen días sin fumar.

Cuando se deja de fumar, el cuerpo tiene que adaptarse a no tener nicotina, la sustancia adictiva del cigarrillo. Es desagradable, pero se puede lograr.

“Dejar de fumar es un proceso en que el cuerpo se va liberando de la nicotina. El primer día sin fumar puede ser tanto el mejor día en la vida de un paciente (si es que no fuma más a partir de ese día) y también puede ser el peor”, agrega.

Lo que pasa

A 20 minutos de dejarlo:
la presión arterial y el ritmo del pulso bajan a la normalidad y la temperatura corporal de las manos y pies llegan a un nivel normal.

A 8 horas de dejarlo: los niveles de monóxido de carbono en la sangre bajan y el nivel de oxígeno en la sangre se incrementa a niveles normales.

A 24 horas de dejarlo: el riesgo de un ataque al corazón disminuye.

A 48 horas de dejarlo:
las terminaciones nerviosas se regeneran y los sentidos del olfato y gusto se normalizan.

2 a 3 semanas de dejarlo: mejora la circulación y se hace más fácil caminar. Los pulmones trabajan mejor y las heridas sanan más rápido.

1 a 9 meses de dejarlo: se tiene más energía. Los síntomas relacionados al tabaquismo como tos, congestión nasal, fatiga y dificultad respiratoria mejoran.

Al año de dejarlo: el riesgo de cardiopatía coronaria es la mitad del que alguien que consume tabaco.

A 5 años de dejarlo: el riesgo de padecer cáncer de boca y pulmón se reduce a la mitad.

A 10 años de dejarlo: el riesgo de accidente cerebrovascular y cáncer pulmonar son similares a los de alguien que nunca ha fumado. Si la fuerza de voluntad no te acompaña, existen distintos tratamientos que ayudan a dejar de fumar.

Dentro de los más exitosos son aquellos que combinan tratamientos farmacológicos y psicológicos de orientación cognitivo-conductual; terapia de reemplazo de nicotina tales como chicles o parches; y medicamentos que disminuyen la disponibilidad del tóxico en el cerebro como la Vareniclina y Burpopión.

“Cuando hablamos de este tipo de fenómeno entendemos que requieren tiempo para producirse, por lo tanto en algunos años veremos cómo el número de fumadores en nuestro país se reduce y muchos otros cambios positivos ocurren. La manera más efectiva es dejar completamente, de una vez, o de a poco el consumo de cigarrillos.”, concluye.
La lista divertida
La revista electrónica thoughtcatalog.com publicó una línea de tiempo de cómo una persona se podría llegar a sentir emocionalmente durante la experimentación del Síndrome de Privación de la Nicotina.

  • 1. No importa cuánto llevas fumando, hueles a cigarro y tu pareja se queja por ello. 
  • 2. Se necesita una gran ocasión para dejar de fumar, como un propósito de Año Nuevo. 
  • 3. Desde el momento que decides dejarlo, te aseguras de publicarlo en todas las redes sociales para que todos sepan. 
  • 4. De ahora en adelante debes mantener el control sobre los minutos, horas, días y semanas que has estado sin fumar. 
  • 5. Ya estás pensando en retirarte. Estás ansiosa, molesta, básicamente, todo te irrita. 
  • 6. Mantienes la calma. 
  • 7.Despiertas pensando: “Esta sí que es una gran batalla”.
  • 8. Te empiezas a preguntar qué podría reemplazar un cigarro cuando has tenido una noche de mal sexo. 
  • 9. Lo que solía ser un break para fumar en la oficina, ahora es un break para comer helados. 
  • 10. Comienzas a juzgar los hábitos de los que fuman. 
  • 11. Debes evitar todo contacto con el cigarro, incluidos tus amigos que lo hacen. 
  • 12. Considera invertir en un cigarro electrónico. 
  • 13. Aspira discretamente el cigarro electrónico porque te ves muy rara absorbiendo un delgado palo negro. 
  • 14. Te sientes tan saludable que hasta piensas en convertirte en vegetariana. 
  • 15. Te sientes orgullosa de ti misma y sacas la cuenta de tu ahorro por semana. 
  • 16. Una amiga te dice que en vez de fumar cigarros, fumes marihuana ¡Duda! 
  • 17. Continúas sintiéndote orgullosa de ti misma. 
  • 18. Pasaste el umbral. Ahora tienes dos opciones: continuar por este saludable camino o buscar una razón para recaer. 
  • 19. Caíste, empezó el proceso de nuevo.



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A pesar de que se prohibió fumar en espacios cerrados con público, los uruguayos no han dejado de fumar. Es el segundo país en la región con mayor número de fumadores, según el Institute for Health Metries and Evaluation (HME) de la Universidad de Washington. Comprensible quizás porque no es fácil dejar un vicio, sobre todo para aquellos que llevan muchos años en él.

Un estudio español confirma que la prevalencia del tabaquismo disminuye hasta un 11% cuando se implementan ambientes libres de humo de tabaco en lugares públicos cerrados.

Los síntomas de abstinencia son distintos para cada persona que fuma, pero hay algunos que son comunes, explica la doctora María Paz Corvalán, coordinadora de la Comisión de Tabaquismo de la Sociedad Chilena de Enfermedades Respiratorias.

Estos indicios son: ganas excesivas por fumar, irritabilidad, aumento de apetito, dificultad para dormir, dificultad para concentrarse, sensación de inquietud y nerviosismo, pero que irán desapareciendo a medida que pasen días sin fumar.

Cuando se deja de fumar, el cuerpo tiene que adaptarse a no tener nicotina, la sustancia adictiva del cigarrillo. Es desagradable, pero se puede lograr.

“Dejar de fumar es un proceso en que el cuerpo se va liberando de la nicotina. El primer día sin fumar puede ser tanto el mejor día en la vida de un paciente (si es que no fuma más a partir de ese día) y también puede ser el peor”, agrega.

Lo que pasa

A 20 minutos de dejarlo:
la presión arterial y el ritmo del pulso bajan a la normalidad y la temperatura corporal de las manos y pies llegan a un nivel normal.

A 8 horas de dejarlo: los niveles de monóxido de carbono en la sangre bajan y el nivel de oxígeno en la sangre se incrementa a niveles normales.

A 24 horas de dejarlo: el riesgo de un ataque al corazón disminuye.

A 48 horas de dejarlo:
las terminaciones nerviosas se regeneran y los sentidos del olfato y gusto se normalizan.

2 a 3 semanas de dejarlo: mejora la circulación y se hace más fácil caminar. Los pulmones trabajan mejor y las heridas sanan más rápido.

1 a 9 meses de dejarlo: se tiene más energía. Los síntomas relacionados al tabaquismo como tos, congestión nasal, fatiga y dificultad respiratoria mejoran.

Al año de dejarlo: el riesgo de cardiopatía coronaria es la mitad del que alguien que consume tabaco.

A 5 años de dejarlo: el riesgo de padecer cáncer de boca y pulmón se reduce a la mitad.

A 10 años de dejarlo: el riesgo de accidente cerebrovascular y cáncer pulmonar son similares a los de alguien que nunca ha fumado. Si la fuerza de voluntad no te acompaña, existen distintos tratamientos que ayudan a dejar de fumar.

Dentro de los más exitosos son aquellos que combinan tratamientos farmacológicos y psicológicos de orientación cognitivo-conductual; terapia de reemplazo de nicotina tales como chicles o parches; y medicamentos que disminuyen la disponibilidad del tóxico en el cerebro como la Vareniclina y Burpopión.

“Cuando hablamos de este tipo de fenómeno entendemos que requieren tiempo para producirse, por lo tanto en algunos años veremos cómo el número de fumadores en nuestro país se reduce y muchos otros cambios positivos ocurren. La manera más efectiva es dejar completamente, de una vez, o de a poco el consumo de cigarrillos.”, concluye.
La lista divertida
La revista electrónica thoughtcatalog.com publicó una línea de tiempo de cómo una persona se podría llegar a sentir emocionalmente durante la experimentación del Síndrome de Privación de la Nicotina.

  • 1. No importa cuánto llevas fumando, hueles a cigarro y tu pareja se queja por ello. 
  • 2. Se necesita una gran ocasión para dejar de fumar, como un propósito de Año Nuevo. 
  • 3. Desde el momento que decides dejarlo, te aseguras de publicarlo en todas las redes sociales para que todos sepan. 
  • 4. De ahora en adelante debes mantener el control sobre los minutos, horas, días y semanas que has estado sin fumar. 
  • 5. Ya estás pensando en retirarte. Estás ansiosa, molesta, básicamente, todo te irrita. 
  • 6. Mantienes la calma. 
  • 7.Despiertas pensando: “Esta sí que es una gran batalla”.
  • 8. Te empiezas a preguntar qué podría reemplazar un cigarro cuando has tenido una noche de mal sexo. 
  • 9. Lo que solía ser un break para fumar en la oficina, ahora es un break para comer helados. 
  • 10. Comienzas a juzgar los hábitos de los que fuman. 
  • 11. Debes evitar todo contacto con el cigarro, incluidos tus amigos que lo hacen. 
  • 12. Considera invertir en un cigarro electrónico. 
  • 13. Aspira discretamente el cigarro electrónico porque te ves muy rara absorbiendo un delgado palo negro. 
  • 14. Te sientes tan saludable que hasta piensas en convertirte en vegetariana. 
  • 15. Te sientes orgullosa de ti misma y sacas la cuenta de tu ahorro por semana. 
  • 16. Una amiga te dice que en vez de fumar cigarros, fumes marihuana ¡Duda! 
  • 17. Continúas sintiéndote orgullosa de ti misma. 
  • 18. Pasaste el umbral. Ahora tienes dos opciones: continuar por este saludable camino o buscar una razón para recaer. 
  • 19. Caíste, empezó el proceso de nuevo.



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Fumar puede matarte. Lo sabemos, por lo menos, desde hace 50 años; aun así, millones de personas siguen fumando, y otras miles adquieren el hábito cada año. ¿Por qué?

Sus historias involucran fuertes adicciones, un desafío ferviente, y miles de millones invertidos en hacer que las personas actúen en contra de sus mejores intereses. ¿Qué tan malo es?

En 1965, el 42 por ciento de la población fumaba. Hoy en día, el 19 por ciento de los estadounidenses lo hace, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés). Esa cifra parece ser relativamente pequeña, pero representa aproximadamente unos 43,8 millones de estadounidenses, y la disminución del número de personas que fuman se ha estancado, dicen los expertos.

Este sábado se cumplió el 50 aniversario del histórico informe de las autoridades de salud de Estados Unidos que relacionaba el fumar con la mala salud. El gobierno ya ha hecho pública otra edición del informe, la número 32.

A no ser que se dé un cambio drástico, los expertos dicen que el gobierno seguirá publicando estos mismos informes, en los que se advierte sobre los daños del tabaquismo, durante muchos años más.

Fumar todavía es la causa número uno de muertes prevenibles en Estados Unidos y lo ha sido durante décadas. Mata a más personas que la obesidad, el abuso de drogas, las enfermedades contagiosas, las armas de fuego y los accidentes de tráfico, según el CDC.

Alrededor de 443.000 estadounidenses mueren a causa de enfermedades relacionadas con el fumar cada año, según el Departamento de Salud de Estados Unidos.

Incluso el presidente Obama, quien ha impulsado una de las leyes anti-tabaco más estrictas de la historia, admitió en 2009 que dejó de fumar pero que todavía "cae en la tentación" en ocasiones. El deseo de fumar es así de fuerte.

Un retrato de desafío

"Fumar es mi mejor amigo", dijo Barry Blackwell. Blackwell encarna perfectamente el dilema de cómo la cultura de fumar ha cambiado, pero su hábito no lo ha hecho.

Está tan estrechamente ligado al hábito que aparece en una elegante serie de retratos que documenta la vida de los fumadores. "Pensé que era interesante explorar por qué la gente continúa fumando a pesar de la repulsión social", dijo Laura Noel, una fotógrafa profesional y profesora de la Universidad de Emory, quien desea convertir la serie en un libro.

Mientras fotografiaba estos retratos, notó la diferencia de edad entre los fumadores. Los fumadores jóvenes, comentó, lo disfrutan con una suerte de desafío ensayado. "Ves un poco más de adicción cuando las personas se hacen mayores".

Blackwell tiene casi 60 años y dirige el último estudio de revelado de fotografías en blanco y negro en Atlanta. Dice que practica esta otra actividad antigua -fumar- desde que empezaron las advertencias de las autoridades de salud.
Sin embargo, cuando empezó a los ocho años, no sabía nada acerca de los riesgos para la salud.

Blackwell es un hijo de la región del tabaco. Creció en Carolina del Norte. Al igual que varias generaciones que lo antecedieron, pasaba los veranos trabajando en la granja familiar de tabaco. "Todos los que me rodeaban fumaban, todos", dijo Blackwell.

"Cada habitación de la casa tenía un cenicero. No recuerdo que alguien en la escuela me dijera que eso estaba mal. Incluso recuerdo que cuando iba al médico para un chequeo regular, él me examinaba con un cigarro colgando de su boca. Era una forma de vida".

Cuando se alistó en la Marina, diariamente, el gobierno le proporcionaba cigarrillos junto a sus alimentos enlatados. Con el transcurso de los años, sin embargo, su entorno que apoyaba el hábito de fumar cambió.

Fumar a pesar de las restricciones
Su propia madre dejó el hábito hace un par de décadas después de sufrir dolores en el pecho. "Ella ha estado detrás de mí desde entonces", dice Blackwell.

Pocos lugares públicos le permiten fumar. Incluso el parque donde Blackwell solía hacer ejercicio pasó a ser un entorno libre de humo el año pasado. Y mientras bromea respecto a que era "bien parecido en aquel entonces" y que "se divertía más cuando fumar era socialmente más aceptable", ahora es difícil para él salir en citas.

"A las mujeres no les gustan los hombres que fuman", dijo.

Se ha puesto restricciones personales, y ahora se limita a fumar en una habitación, en su "cueva". Sin embargo, no se avergüenza de fumar, y se niega a mentir sobre ello, como lo hace aproximadamente el 40% de los fumadores de cigarrillos tradicionales, de acuerdo a una firma independiente de investigación que llevó a cabo una encuesta reciente en representación de una empresa de cigarrillos electrónicos.

Aun así, Blackwell dice que entiende las razones detrás del engaño. "La gente te ve con menos consideración cuando fumas", dijo Blackwell. Los desconocidos que lo ven fumar le dicen que eso lo matará, afirmó. "Es uno de los pocos prejuicios socialmente aceptables que quedan".

Ha intentado dejar de fumar, pero nada ha funcionado. De hecho, en los años ochenta, tuvo más éxito en dejar una droga que supuestamente es más adictiva. "La cocaína era mucho más fácil de dejar que los cigarros", dijo.

Hay una muy buena razón para ello.

'Ellos perderán su capacidad para hacer una elección libre'

Mientras fumar daña tu salud, no lo notas al principio. Ésa es la razón por la que la Organización Mundial de la Salud llama al tabaco un "asesino gradual".

Para el momento en que los fumadores puedan sentir los efectos, ya serán adictos. "Los fumadores generalmente empiezan a fumar cuando son adolescentes o jóvenes; al principio, fuman en reuniones sociales", dijo Sherry McKee, directora del Laboratorio de Farmacología del Comportamiento de Yale.

"La mayoría de los fumadores jóvenes creen que pueden dejarlo fácilmente en cualquier momento y casi todos creen que no serán fumadores a largo plazo".

"En última instancia, perderán su capacidad de tener la libre elección de fumar", dijo Jed Rose, el director del Centro Duke para Dejar de Fumar en Carolina del Norte.

"Entonces, 30 años después, es cuando normalmente los vemos en nuestros programas tratando desesperadamente de dejar de fumar, porque ahora no pueden pasar un sólo día sin un cigarrillo".

Además, las estrategias de mercadeo del tabaco pueden ser persuasivas. Varios estudios muestran que el mercadeo y la publicidad funcionan, y aumentan la probabilidad de que los jóvenes empiecen a fumar.

En 2011, las compañías de cigarrillos gastaron 8.370 millones dólares en anuncios y gastos promocionales en Estados Unidos solamente, incluso con las estrictas regulaciones federales en materia de publicidad, según el CDC.

Eso significa que se gastaron más o menos 23 millones de dólares al día o 27 dólares por cada estadounidense al año. Las advertencias en los paquetes de cigarrillos en sí han utilizado un lenguaje cada vez más fuerte en el transcurso de los años.
En 1965, la ley federal exigió que la advertencia "Precaución: El consumo de este producto puede ser dañino para la salud" debía estar ubicada en el costado del paquete, según el CDC.

Eso cambió a "Advertencia: Fumar cigarrillos es peligroso para la salud y puede causar la muerte por cáncer y otras enfermedades" en 1967; y en 1969, cambió a "Advertencia: El Cirujano General ha determinado que el fumar cigarrillos es peligroso para su salud".

Los paquetes de hoy en día utilizan una de cuatro advertencias, entre ellas "Advertencia del Cirujano General: Fumar causa cáncer de pulmón, enfermedades del corazón, enfisema, y puede complicar el embarazo" y "Advertencia del Cirujano General: Dejar de fumar ahora reduce considerablemente los riesgos graves para su salud".

Sin embargo, las etiquetas de advertencia en Estados Unidos se consideran "más débiles y menos prominentes" que las de otros países, según el CDC.

Algunas otras naciones usan imágenes gráficas. Un juez federal bloqueó en 2011 un intento de usar tácticas similares en los paquetes de cigarrillos en Estados Unidos.

El juez de Distrito de EE.UU., Richard J. Leon, citó los derechos de la Primera Enmienda contra el discurso inconstitucionalmente impuesto como un factor en su decisión.

Mientras tanto, una fuerte combinación de factores fisiológicos y biológicos hacen que las personas sigan fumando.

"Los productos químicos en los cigarrillos trabajan en las estructuras en lo profundo del cerebro de un fumador, literalmente, alterándolas para que el hábito se vuelva profundamente arraigado", dijo Rose. Con las drogas como la cocaína , puede haber una incomodidad extrema por la abstinencia en los primeros días, pero luego desaparece.

"La adicción a la conducta de fumar puede ser mucho más fuerte que sólo los síntomas de abstinencia a corto plazo de una fuerte droga", dijo.

Eso significa que los fumadores pueden ser más adictos a los comportamientos de fumar que a la nicotina. "Cada movimiento que un fumador hace: encender el cigarrillo, la inhalación, todos los sentimientos y sensaciones que esto implica; el paquete completo se vuelve altamente adictivo", dijo Rose.

Es por eso que, cuando ayuda a las personas a dejar de fumar, Rose dice que su organización ha encontrado que un parche o pastilla o medicamento, aunado a técnicas de cambio de comportamiento, resulta más efectivo.

También están explorando los cigarrillos electrónicos como alternativa.

Decisiones de quienes dejan el hábito

La modificación de la conducta y el parche: ese es el enfoque que el fumador Derrick Jones está asumiendo como propósito de Año Nuevo para dejar de fumar.

Jones no recuerda por qué empezó a fumar. De hecho, este asesor de comunicaciones de 36 años dice que les prohibía a su madre y a su abuela que fumaran cuando iban con él en el auto.

Él piensa que comenzó a calmar el estrés cuando se trasladó a Washington a mediados de los años noventa. Trató de dejar de fumar la primavera pasada, pero el "alcohol" era un factor desencadenante, indicó.

No puede evitar estar cerca del alcohol; los domingos es el anfitrión de un karaoke en un bar local, y dice que eso siempre le deja con deseos de fumar.

Esta vez, el parche parece ayudar, pero interrumpe su sueño. "El parche me da pesadillas y me despierta a las 5 de la mañana", dijo Jones.

Va al gimnasio esas mañanas. El ejercicio parece ser una distracción positiva, dijo.

"Pensé que cambiaría todo de una vez, mis hábitos alimenticios, hábitos de ejercicio y el hábito de fumar, para estar mejor preparado para un cambio total".

Blackwell, mientras tanto, piensa que ha renunciado a intentar dejarlo.

"Todavía corro y aún estoy saludable y he tenido muchos fumadores en mi familia que llegaron a cumplir más de 80 años de vida", dijo Blackwell. "Fumar siempre está conmigo, mucho después de que los amigos y las personas se han ido. Los cigarrillos siempre están aquí".




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Fumar puede matarte. Lo sabemos, por lo menos, desde hace 50 años; aun así, millones de personas siguen fumando, y otras miles adquieren el hábito cada año. ¿Por qué?

Sus historias involucran fuertes adicciones, un desafío ferviente, y miles de millones invertidos en hacer que las personas actúen en contra de sus mejores intereses. ¿Qué tan malo es?

En 1965, el 42 por ciento de la población fumaba. Hoy en día, el 19 por ciento de los estadounidenses lo hace, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés). Esa cifra parece ser relativamente pequeña, pero representa aproximadamente unos 43,8 millones de estadounidenses, y la disminución del número de personas que fuman se ha estancado, dicen los expertos.

Este sábado se cumplió el 50 aniversario del histórico informe de las autoridades de salud de Estados Unidos que relacionaba el fumar con la mala salud. El gobierno ya ha hecho pública otra edición del informe, la número 32.

A no ser que se dé un cambio drástico, los expertos dicen que el gobierno seguirá publicando estos mismos informes, en los que se advierte sobre los daños del tabaquismo, durante muchos años más.

Fumar todavía es la causa número uno de muertes prevenibles en Estados Unidos y lo ha sido durante décadas. Mata a más personas que la obesidad, el abuso de drogas, las enfermedades contagiosas, las armas de fuego y los accidentes de tráfico, según el CDC.

Alrededor de 443.000 estadounidenses mueren a causa de enfermedades relacionadas con el fumar cada año, según el Departamento de Salud de Estados Unidos.

Incluso el presidente Obama, quien ha impulsado una de las leyes anti-tabaco más estrictas de la historia, admitió en 2009 que dejó de fumar pero que todavía "cae en la tentación" en ocasiones. El deseo de fumar es así de fuerte.

Un retrato de desafío

"Fumar es mi mejor amigo", dijo Barry Blackwell. Blackwell encarna perfectamente el dilema de cómo la cultura de fumar ha cambiado, pero su hábito no lo ha hecho.

Está tan estrechamente ligado al hábito que aparece en una elegante serie de retratos que documenta la vida de los fumadores. "Pensé que era interesante explorar por qué la gente continúa fumando a pesar de la repulsión social", dijo Laura Noel, una fotógrafa profesional y profesora de la Universidad de Emory, quien desea convertir la serie en un libro.

Mientras fotografiaba estos retratos, notó la diferencia de edad entre los fumadores. Los fumadores jóvenes, comentó, lo disfrutan con una suerte de desafío ensayado. "Ves un poco más de adicción cuando las personas se hacen mayores".

Blackwell tiene casi 60 años y dirige el último estudio de revelado de fotografías en blanco y negro en Atlanta. Dice que practica esta otra actividad antigua -fumar- desde que empezaron las advertencias de las autoridades de salud.
Sin embargo, cuando empezó a los ocho años, no sabía nada acerca de los riesgos para la salud.

Blackwell es un hijo de la región del tabaco. Creció en Carolina del Norte. Al igual que varias generaciones que lo antecedieron, pasaba los veranos trabajando en la granja familiar de tabaco. "Todos los que me rodeaban fumaban, todos", dijo Blackwell.

"Cada habitación de la casa tenía un cenicero. No recuerdo que alguien en la escuela me dijera que eso estaba mal. Incluso recuerdo que cuando iba al médico para un chequeo regular, él me examinaba con un cigarro colgando de su boca. Era una forma de vida".

Cuando se alistó en la Marina, diariamente, el gobierno le proporcionaba cigarrillos junto a sus alimentos enlatados. Con el transcurso de los años, sin embargo, su entorno que apoyaba el hábito de fumar cambió.

Fumar a pesar de las restricciones
Su propia madre dejó el hábito hace un par de décadas después de sufrir dolores en el pecho. "Ella ha estado detrás de mí desde entonces", dice Blackwell.

Pocos lugares públicos le permiten fumar. Incluso el parque donde Blackwell solía hacer ejercicio pasó a ser un entorno libre de humo el año pasado. Y mientras bromea respecto a que era "bien parecido en aquel entonces" y que "se divertía más cuando fumar era socialmente más aceptable", ahora es difícil para él salir en citas.

"A las mujeres no les gustan los hombres que fuman", dijo.

Se ha puesto restricciones personales, y ahora se limita a fumar en una habitación, en su "cueva". Sin embargo, no se avergüenza de fumar, y se niega a mentir sobre ello, como lo hace aproximadamente el 40% de los fumadores de cigarrillos tradicionales, de acuerdo a una firma independiente de investigación que llevó a cabo una encuesta reciente en representación de una empresa de cigarrillos electrónicos.

Aun así, Blackwell dice que entiende las razones detrás del engaño. "La gente te ve con menos consideración cuando fumas", dijo Blackwell. Los desconocidos que lo ven fumar le dicen que eso lo matará, afirmó. "Es uno de los pocos prejuicios socialmente aceptables que quedan".

Ha intentado dejar de fumar, pero nada ha funcionado. De hecho, en los años ochenta, tuvo más éxito en dejar una droga que supuestamente es más adictiva. "La cocaína era mucho más fácil de dejar que los cigarros", dijo.

Hay una muy buena razón para ello.

'Ellos perderán su capacidad para hacer una elección libre'

Mientras fumar daña tu salud, no lo notas al principio. Ésa es la razón por la que la Organización Mundial de la Salud llama al tabaco un "asesino gradual".

Para el momento en que los fumadores puedan sentir los efectos, ya serán adictos. "Los fumadores generalmente empiezan a fumar cuando son adolescentes o jóvenes; al principio, fuman en reuniones sociales", dijo Sherry McKee, directora del Laboratorio de Farmacología del Comportamiento de Yale.

"La mayoría de los fumadores jóvenes creen que pueden dejarlo fácilmente en cualquier momento y casi todos creen que no serán fumadores a largo plazo".

"En última instancia, perderán su capacidad de tener la libre elección de fumar", dijo Jed Rose, el director del Centro Duke para Dejar de Fumar en Carolina del Norte.

"Entonces, 30 años después, es cuando normalmente los vemos en nuestros programas tratando desesperadamente de dejar de fumar, porque ahora no pueden pasar un sólo día sin un cigarrillo".

Además, las estrategias de mercadeo del tabaco pueden ser persuasivas. Varios estudios muestran que el mercadeo y la publicidad funcionan, y aumentan la probabilidad de que los jóvenes empiecen a fumar.

En 2011, las compañías de cigarrillos gastaron 8.370 millones dólares en anuncios y gastos promocionales en Estados Unidos solamente, incluso con las estrictas regulaciones federales en materia de publicidad, según el CDC.

Eso significa que se gastaron más o menos 23 millones de dólares al día o 27 dólares por cada estadounidense al año. Las advertencias en los paquetes de cigarrillos en sí han utilizado un lenguaje cada vez más fuerte en el transcurso de los años.
En 1965, la ley federal exigió que la advertencia "Precaución: El consumo de este producto puede ser dañino para la salud" debía estar ubicada en el costado del paquete, según el CDC.

Eso cambió a "Advertencia: Fumar cigarrillos es peligroso para la salud y puede causar la muerte por cáncer y otras enfermedades" en 1967; y en 1969, cambió a "Advertencia: El Cirujano General ha determinado que el fumar cigarrillos es peligroso para su salud".

Los paquetes de hoy en día utilizan una de cuatro advertencias, entre ellas "Advertencia del Cirujano General: Fumar causa cáncer de pulmón, enfermedades del corazón, enfisema, y puede complicar el embarazo" y "Advertencia del Cirujano General: Dejar de fumar ahora reduce considerablemente los riesgos graves para su salud".

Sin embargo, las etiquetas de advertencia en Estados Unidos se consideran "más débiles y menos prominentes" que las de otros países, según el CDC.

Algunas otras naciones usan imágenes gráficas. Un juez federal bloqueó en 2011 un intento de usar tácticas similares en los paquetes de cigarrillos en Estados Unidos.

El juez de Distrito de EE.UU., Richard J. Leon, citó los derechos de la Primera Enmienda contra el discurso inconstitucionalmente impuesto como un factor en su decisión.

Mientras tanto, una fuerte combinación de factores fisiológicos y biológicos hacen que las personas sigan fumando.

"Los productos químicos en los cigarrillos trabajan en las estructuras en lo profundo del cerebro de un fumador, literalmente, alterándolas para que el hábito se vuelva profundamente arraigado", dijo Rose. Con las drogas como la cocaína , puede haber una incomodidad extrema por la abstinencia en los primeros días, pero luego desaparece.

"La adicción a la conducta de fumar puede ser mucho más fuerte que sólo los síntomas de abstinencia a corto plazo de una fuerte droga", dijo.

Eso significa que los fumadores pueden ser más adictos a los comportamientos de fumar que a la nicotina. "Cada movimiento que un fumador hace: encender el cigarrillo, la inhalación, todos los sentimientos y sensaciones que esto implica; el paquete completo se vuelve altamente adictivo", dijo Rose.

Es por eso que, cuando ayuda a las personas a dejar de fumar, Rose dice que su organización ha encontrado que un parche o pastilla o medicamento, aunado a técnicas de cambio de comportamiento, resulta más efectivo.

También están explorando los cigarrillos electrónicos como alternativa.

Decisiones de quienes dejan el hábito

La modificación de la conducta y el parche: ese es el enfoque que el fumador Derrick Jones está asumiendo como propósito de Año Nuevo para dejar de fumar.

Jones no recuerda por qué empezó a fumar. De hecho, este asesor de comunicaciones de 36 años dice que les prohibía a su madre y a su abuela que fumaran cuando iban con él en el auto.

Él piensa que comenzó a calmar el estrés cuando se trasladó a Washington a mediados de los años noventa. Trató de dejar de fumar la primavera pasada, pero el "alcohol" era un factor desencadenante, indicó.

No puede evitar estar cerca del alcohol; los domingos es el anfitrión de un karaoke en un bar local, y dice que eso siempre le deja con deseos de fumar.

Esta vez, el parche parece ayudar, pero interrumpe su sueño. "El parche me da pesadillas y me despierta a las 5 de la mañana", dijo Jones.

Va al gimnasio esas mañanas. El ejercicio parece ser una distracción positiva, dijo.

"Pensé que cambiaría todo de una vez, mis hábitos alimenticios, hábitos de ejercicio y el hábito de fumar, para estar mejor preparado para un cambio total".

Blackwell, mientras tanto, piensa que ha renunciado a intentar dejarlo.

"Todavía corro y aún estoy saludable y he tenido muchos fumadores en mi familia que llegaron a cumplir más de 80 años de vida", dijo Blackwell. "Fumar siempre está conmigo, mucho después de que los amigos y las personas se han ido. Los cigarrillos siempre están aquí".




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El fumar es un factor de riesgo que se asocia a una gran cantidad de enfermedades. Se dice que una de cada cinco muertes en hombres es por causa del tabaquismo y, en las mujeres, se da una de cada diez. A pesar de esto, un estudio descriptivo realizado en siete capitales latinoamericanas mostró que entre los países que más se fuma está Chile y Argentina. Si bien el cigarrillo trae consigo una multitud de enfermedades, si se deja de fumar a tiempo es posible que muchas de ellas se eviten y que la expectativa de vida sea igual a la que se tendría si nunca se hubiera fumado. Los primeros beneficios, si se deja de fumar, se experimentan a los pocos minutos.

A los 20 minutos de dejar de fumar
El cigarrillo tiene sustancias tóxicas que actúan sobre el tejido endotelial, aquel que recubre a las venas y arterias. Estas toxinas disminuyen el poder que tienen las arterias de vasodilatarse, lo que aumenta la presión arterial y también acelera el proceso de formación de un tapón de grasa y otros compuestos dentro de las arterias. Fumar entre uno y cuatro cigarrillos por día aumenta el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular. Si se deja de fumar de manera absoluta, a los 20 minutos la presión arterial disminuye hasta el valor que se tenía antes de comenzar a fumar y se normaliza la temperatura de las manos y los pies.

A las ocho horas de dejar de fumar
Uno de los componentes del cigarrillo es el monóxido de carbono, un tóxico capaz de producir daños irreversibles en el organismo. El efecto dañino que tiene este gas se debe a que disminuye los niveles de oxígeno en los tejidos. El oxígeno es transportado a todo el cuerpo por medio de los glóbulos rojos en una molécula llamada hemoglobina. El monóxido de carbono tiene 240 veces más afinidad por la hemoglobina que el propio oxígeno: si una persona fuma, está más propensa a tener una disfunción pulmonar y problemas relacionados con la falta de oxígeno. A las ocho horas de dejar de fumar los niveles de monóxido de carbono disminuyen en la sangre.

A las 24 horas de dejar de fumar
El fumar aumenta considerablemente los riesgos de morir de una cardiopatía isquémica o infarto al corazón. Se estima que el 29% de las muertes al corazón están relacionadas con el hábito de fumar. Los fumadores pasivos, es decir, aquellos que respiran el humo del tabaco aunque no fuman, tienen un 25 a un 30% más de riesgo de padecer enfermedad coronaria. Si se exponen a una inhalación de 20 cigarrillos por día, muy común para personas que viven con fumadores, su riesgo aumenta hasta aproximadamente un 60%. A las 24 horas de dejar de fumar comienza a disminuir el riesgo de tener un infarto al corazón.

De dos semanas a tres meses de dejar de fumarEl cigarrillo promueve la aterogénesis, lo cual aumenta la probabilidad de producir un trombo (coágulo móvil) y de generar un accidente cerebro-vascular (ACV), una falla renal o un infarto al corazón. El humo del cigarro adelanta diez años la probabilidad de tener una trombosis en las arterias coronarias si se compara con el riesgo de los no fumadores. Si los trombos se producen en las venas de las piernas es muy probable que se impacten en los pulmones generando una emergencia con riesgo de muerte. En los primeros tres meses, cuando se deja de fumar de manera definitiva, la circulación mejora y la función pulmonar aumenta hasta un 30%.


A los primeros nueve meses de dejar de fumar
El humo del cigarro en las vías respiratorias produce inflamación y destrucción celular y aumenta lo que se conoce como "estrés oxidativo". Por otro lado, disminuye la capacidad de reparación alveolar, lo que hace que aparezcan con mayor frecuencia las enfermedades respiratorias como el asma, la bronquitis crónica y el cáncer de pulmón, entre otras. Durante los primeros nueve meses luego de dejar de fumar, disminuye la tos, la congestión nasal, el cansancio y la disnea o dificultad para respirar. Además, algunas de las células pulmonares recuperan su función normal, principalmente las encargadas de limpiar el sistema respiratorio.

Al primer año de dejar de fumar
El tabaquismo daña al corazón por muchos medios. Aumenta la frecuencia cardíaca, disminuye la dilatación de las arterias, aumenta la presión arterial, aumenta la frecuencia de los espasmos en las arterias del corazón, daña al endotelio, aumenta la coagulación dentro de las arterias y el colesterol . En las personas en tratamiento de una enfermedad diagnosticada, interfiere con el funcionamiento de los fármacos para el corazón. Al primer año de dejar de fumar el riesgo de tener un ataque al corazón se reduce a la mitad.

A los cinco años de dejar de fumar
El riesgo de tener un accidente cerebro-vascular (ACV) disminuye a los cinco años de dejar de fumar. Las plaquetas son las células de la sangre encargadas de formar los coágulos cuando se producen las "heridas" y, si estos coágulos se desprenden y tapan las arterias cerebrales, pueden causar un ACV. Se dice que el fumar dos cigarrillos aumenta la función de las plaquetas aproximadamente 100 veces, por ello no es infrecuente que los fumadores fallezcan de infartos cerebrales o que queden con secuelas de los mismos como, por ejemplo, algunos trastornos neurológicos.

A los diez años de dejar de fumar
El cigarrillo tiene más de 4000 sustancias químicas, muchas de ellas cancerígenas, de las cuales el alquitrán es una de las más dañinas. Estas sustancias producen el cáncer a través de muchos mecanismos. Se dice que el cigarrillo se asocia a más de 16 tipos de cáncer. A los diez años de dejar de fumar el riesgo de morir por cáncer de pulmón disminuye a la mitad si se compara con el riesgo de un no fumador. También disminuye el riesgo de cáncer de boca, vejiga, garganta, esófago, páncreas y riñón.

A los 15 años de dejar de fumar
A los 15 años de dejar de fumar el riesgo de tener una enfermedad cardiovascular equivale a la misma que a la de un no fumador. Esto es inversamente proporcional a la edad de cesación, es decir, el grupo con mayores beneficios serán las personas jóvenes que dejen de fumar de forma definitiva y que no tengan signos de enfermedad al momento de dejar este tóxico.

Cómo dejar de fumar
Hay muchas terapias para dejar de fumar. Hace algunos años la Universidad Adventista de Loma Linda, Estados Unidos, junto con otros establecimientos educacionales, desarrollaron un plan para dejar de fumar en cinco días, un método muy efectivo basado en el estilo de vida. También existen terapias farmacológicas como el bupropión y de reemplazo nicotínico que van desde parches cutáneos hasta chicles con nicotina. Para algunas personas una terapia como el plan para dejar de fumar en cinco días, es suficiente, otras van a necesitar una combinación de algunas o todas ellas. Consulta a tu médico para más información.




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El fumar es un factor de riesgo que se asocia a una gran cantidad de enfermedades. Se dice que una de cada cinco muertes en hombres es por causa del tabaquismo y, en las mujeres, se da una de cada diez. A pesar de esto, un estudio descriptivo realizado en siete capitales latinoamericanas mostró que entre los países que más se fuma está Chile y Argentina. Si bien el cigarrillo trae consigo una multitud de enfermedades, si se deja de fumar a tiempo es posible que muchas de ellas se eviten y que la expectativa de vida sea igual a la que se tendría si nunca se hubiera fumado. Los primeros beneficios, si se deja de fumar, se experimentan a los pocos minutos.

A los 20 minutos de dejar de fumar
El cigarrillo tiene sustancias tóxicas que actúan sobre el tejido endotelial, aquel que recubre a las venas y arterias. Estas toxinas disminuyen el poder que tienen las arterias de vasodilatarse, lo que aumenta la presión arterial y también acelera el proceso de formación de un tapón de grasa y otros compuestos dentro de las arterias. Fumar entre uno y cuatro cigarrillos por día aumenta el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular. Si se deja de fumar de manera absoluta, a los 20 minutos la presión arterial disminuye hasta el valor que se tenía antes de comenzar a fumar y se normaliza la temperatura de las manos y los pies.

A las ocho horas de dejar de fumar
Uno de los componentes del cigarrillo es el monóxido de carbono, un tóxico capaz de producir daños irreversibles en el organismo. El efecto dañino que tiene este gas se debe a que disminuye los niveles de oxígeno en los tejidos. El oxígeno es transportado a todo el cuerpo por medio de los glóbulos rojos en una molécula llamada hemoglobina. El monóxido de carbono tiene 240 veces más afinidad por la hemoglobina que el propio oxígeno: si una persona fuma, está más propensa a tener una disfunción pulmonar y problemas relacionados con la falta de oxígeno. A las ocho horas de dejar de fumar los niveles de monóxido de carbono disminuyen en la sangre.

A las 24 horas de dejar de fumar
El fumar aumenta considerablemente los riesgos de morir de una cardiopatía isquémica o infarto al corazón. Se estima que el 29% de las muertes al corazón están relacionadas con el hábito de fumar. Los fumadores pasivos, es decir, aquellos que respiran el humo del tabaco aunque no fuman, tienen un 25 a un 30% más de riesgo de padecer enfermedad coronaria. Si se exponen a una inhalación de 20 cigarrillos por día, muy común para personas que viven con fumadores, su riesgo aumenta hasta aproximadamente un 60%. A las 24 horas de dejar de fumar comienza a disminuir el riesgo de tener un infarto al corazón.

De dos semanas a tres meses de dejar de fumarEl cigarrillo promueve la aterogénesis, lo cual aumenta la probabilidad de producir un trombo (coágulo móvil) y de generar un accidente cerebro-vascular (ACV), una falla renal o un infarto al corazón. El humo del cigarro adelanta diez años la probabilidad de tener una trombosis en las arterias coronarias si se compara con el riesgo de los no fumadores. Si los trombos se producen en las venas de las piernas es muy probable que se impacten en los pulmones generando una emergencia con riesgo de muerte. En los primeros tres meses, cuando se deja de fumar de manera definitiva, la circulación mejora y la función pulmonar aumenta hasta un 30%.


A los primeros nueve meses de dejar de fumar
El humo del cigarro en las vías respiratorias produce inflamación y destrucción celular y aumenta lo que se conoce como "estrés oxidativo". Por otro lado, disminuye la capacidad de reparación alveolar, lo que hace que aparezcan con mayor frecuencia las enfermedades respiratorias como el asma, la bronquitis crónica y el cáncer de pulmón, entre otras. Durante los primeros nueve meses luego de dejar de fumar, disminuye la tos, la congestión nasal, el cansancio y la disnea o dificultad para respirar. Además, algunas de las células pulmonares recuperan su función normal, principalmente las encargadas de limpiar el sistema respiratorio.

Al primer año de dejar de fumar
El tabaquismo daña al corazón por muchos medios. Aumenta la frecuencia cardíaca, disminuye la dilatación de las arterias, aumenta la presión arterial, aumenta la frecuencia de los espasmos en las arterias del corazón, daña al endotelio, aumenta la coagulación dentro de las arterias y el colesterol . En las personas en tratamiento de una enfermedad diagnosticada, interfiere con el funcionamiento de los fármacos para el corazón. Al primer año de dejar de fumar el riesgo de tener un ataque al corazón se reduce a la mitad.

A los cinco años de dejar de fumar
El riesgo de tener un accidente cerebro-vascular (ACV) disminuye a los cinco años de dejar de fumar. Las plaquetas son las células de la sangre encargadas de formar los coágulos cuando se producen las "heridas" y, si estos coágulos se desprenden y tapan las arterias cerebrales, pueden causar un ACV. Se dice que el fumar dos cigarrillos aumenta la función de las plaquetas aproximadamente 100 veces, por ello no es infrecuente que los fumadores fallezcan de infartos cerebrales o que queden con secuelas de los mismos como, por ejemplo, algunos trastornos neurológicos.

A los diez años de dejar de fumar
El cigarrillo tiene más de 4000 sustancias químicas, muchas de ellas cancerígenas, de las cuales el alquitrán es una de las más dañinas. Estas sustancias producen el cáncer a través de muchos mecanismos. Se dice que el cigarrillo se asocia a más de 16 tipos de cáncer. A los diez años de dejar de fumar el riesgo de morir por cáncer de pulmón disminuye a la mitad si se compara con el riesgo de un no fumador. También disminuye el riesgo de cáncer de boca, vejiga, garganta, esófago, páncreas y riñón.

A los 15 años de dejar de fumar
A los 15 años de dejar de fumar el riesgo de tener una enfermedad cardiovascular equivale a la misma que a la de un no fumador. Esto es inversamente proporcional a la edad de cesación, es decir, el grupo con mayores beneficios serán las personas jóvenes que dejen de fumar de forma definitiva y que no tengan signos de enfermedad al momento de dejar este tóxico.

Cómo dejar de fumar
Hay muchas terapias para dejar de fumar. Hace algunos años la Universidad Adventista de Loma Linda, Estados Unidos, junto con otros establecimientos educacionales, desarrollaron un plan para dejar de fumar en cinco días, un método muy efectivo basado en el estilo de vida. También existen terapias farmacológicas como el bupropión y de reemplazo nicotínico que van desde parches cutáneos hasta chicles con nicotina. Para algunas personas una terapia como el plan para dejar de fumar en cinco días, es suficiente, otras van a necesitar una combinación de algunas o todas ellas. Consulta a tu médico para más información.




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En lo que podría ser un potencial tratamiento para dejar de fumar, científicos de Estados Unidos crearon una vacuna que evita que la nicotina llegue al cerebro y, por ende, evita que el cigarrillo produzca placer en el fumador.

La vacuna fue probada en ratones, a los que se les aplicó una dosis única que logró protegerlos de la adicción a la nicotina durante toda su vida.

Los investigadores utilizaron el hígado de los animales como “fábrica de producción” de anticuerpos capaces de atacar a la nicotina en el mismo momento en que la droga entra a la corriente sanguínea, evitando que ésta llegue al cerebro.

Los resultados demostraron que en los animales tratados con anticuerpos, su concentración de nicotina en el cerebro fue de sólo el 15% de la concentración de los animales que no recibieron la vacuna.

“Nuestra vacuna permite que el organismo produzca sus propios anticuerpos monoclonales contra la nicotina y, de esa forma, desarrolle una inmunidad funcional”, explicó en declaraciones a Science Translational Medicine el doctor Ronald Crystal, quien dirigió la investigación.

Se indicó que el estudio es preliminar y todavía deberán llevarse a cabo investigaciones más amplias.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el tabaco mata a casi 6 millones de personas cada año y a menos que se tomen medidas urgentes para el 2030 la cifra aumentará a 8 millones.



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En lo que podría ser un potencial tratamiento para dejar de fumar, científicos de Estados Unidos crearon una vacuna que evita que la nicotina llegue al cerebro y, por ende, evita que el cigarrillo produzca placer en el fumador.

La vacuna fue probada en ratones, a los que se les aplicó una dosis única que logró protegerlos de la adicción a la nicotina durante toda su vida.

Los investigadores utilizaron el hígado de los animales como “fábrica de producción” de anticuerpos capaces de atacar a la nicotina en el mismo momento en que la droga entra a la corriente sanguínea, evitando que ésta llegue al cerebro.

Los resultados demostraron que en los animales tratados con anticuerpos, su concentración de nicotina en el cerebro fue de sólo el 15% de la concentración de los animales que no recibieron la vacuna.

“Nuestra vacuna permite que el organismo produzca sus propios anticuerpos monoclonales contra la nicotina y, de esa forma, desarrolle una inmunidad funcional”, explicó en declaraciones a Science Translational Medicine el doctor Ronald Crystal, quien dirigió la investigación.

Se indicó que el estudio es preliminar y todavía deberán llevarse a cabo investigaciones más amplias.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el tabaco mata a casi 6 millones de personas cada año y a menos que se tomen medidas urgentes para el 2030 la cifra aumentará a 8 millones.



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