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Mientras seguimos tratando de zanjar el eterno debate, si debemos o no tomar alcohol cuando estamos medicándonos, es buen momento para echar la vista atrás y ver cómo se las ingeniaban nuestros antepasados. Aunque a menudo lo olvidemos, la cerveza lleva incontables años haciendo bien a los habitantes de este mundo. Es más, no hace demasiado tiempo, los hospitales fabricaban su propia birra y se la daban de beber a los pacientes.

Por extraño que pueda parecer en pleno siglo XXI, cuando nos resulta extraño ver a alguien tomando una cerveza en el bar de un hospital pero no comiendo dentro de un contenedor, conviene recordar que fue en los sanatorios donde se fraguó una larga tradición cervecera. Por ejemplo, en la ciudad de Ratisbona, situada en el estado alemán de Baviera.

Cuentan que los orígenes de una de las grandes cerveceras nacidas en Ratisbona, la firma Spitalbrauerei, se sitúan en torno al 1.226, casualmente el mismo año en que se fundó el hospital de la ciudad. Así, si en el antiguo Egipto pagaban los honorarios de los trabajadores con cerveza, en el siglo XIII, en el hospital de Baviera, todas las noches servían a los residentes una jarra de cerveza o una copa de vino antes de irse a dormir.

Por aquel entonces no existía debate alguno en cuanto a si la cerveza era perjudicial o saludable para quienes la tomaban, y aunque no fue hasta el siglo XVI cuando la cerveza destronó al vino para erigirse bebida favorita de los bávaros, ya había por allí muchos osados que se atrevían a cocinar su propia birra siguiendo las recetas que ellos mismos pergeñaban.

Esto funcionó hasta que se toparon con los más puristas; aquellos que se atrevieron a establecer una serie de requisitos para mantener la tradición cervecera bávara y quienes, incluso, consideraba un sacrilegío la más mínima alteración de la receta propia de una ciudad, de un pueblo o de una familia. De hecho, llegó el momento en que las autoridades llegaron a interceder para aplacar el espíritu innovador de sus maestros cerveceros e implantar duros castigos contra todos aquellos que se atreviesen a saltarse las cláusulas de pureza.

Todo apunta a que, en el hospital de Ratisbona, los encargados de fabricar el brebaje no se saltaron, en ningún momento, las normas establecidas. Pese a ello, como ocurrió con las cervecerías que surgieron en tantos y tantos centros clínicos, tuvo que echar el cierre o pasar a manos de alguna compañía cervecera en el siglo XIX. Ni el mismísimo rey bávaro Max I Joseph estaba dispuesto a echar por tierra tantos siglos de tradición.
Para corroborar lo que cuentan los cronistas alemanes, hemos de cruzar el Canal de la Mancha y viajar hasta Londres. Allí, ocurrió algo similar ya hace varias décadas. Concretamente, en el barrio londinense de Greenwich, donde la tradición de elaborar cerveza de forma artesanal se remonta a 1426, cuando se estableció allí el duque Humphrey de Gloucester, hermano de Enrique V. Junto a las casas de la nobleza de aquellos años se había de levantar una fábrica de cerveza casi por necesidad, ya que, según cuentan las crónicas de aquel entonces, el agua no era muy potable que digamos.
De hecho, hay quien sitúa el inicio del legado de la birra artesanal británica en ese mismo lugar, y mucho antes del siglo XV. Algo más adelante en el tiempo, en 1694, en el Hospital de Greenwich (que más tarde se convirtió en lugar de retiro para los marineros de la Armada Real), los responsables de la clínica compraban la cerveza a un cervecero local para dársela a los pensionistas.


Eso sucedió hasta 1708 cuando, descontentos con la calidad de la bebida que les suministraba su proveedor, decidieron fabricar la suya propia. Ni cortos ni perezosos, dedicaron una parte del hospital a cocinar el zumo de cebada. Además, hicieron números y comprobaron que les salía mucho más económico fabricar su propia birra que comprarla a los cerveceros del barrio.

Si durante tantos y tantos años los hospitales no solamente sirvieron cerveza a los que allí se trataban de una u otra dolencia, sino que además la fabricaron, ¿cómo podemos dudar ahora de que sea beneficiosa para nuestra salud? Claro está, en su justa medida.




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Mientras seguimos tratando de zanjar el eterno debate, si debemos o no tomar alcohol cuando estamos medicándonos, es buen momento para echar la vista atrás y ver cómo se las ingeniaban nuestros antepasados. Aunque a menudo lo olvidemos, la cerveza lleva incontables años haciendo bien a los habitantes de este mundo. Es más, no hace demasiado tiempo, los hospitales fabricaban su propia birra y se la daban de beber a los pacientes.

Por extraño que pueda parecer en pleno siglo XXI, cuando nos resulta extraño ver a alguien tomando una cerveza en el bar de un hospital pero no comiendo dentro de un contenedor, conviene recordar que fue en los sanatorios donde se fraguó una larga tradición cervecera. Por ejemplo, en la ciudad de Ratisbona, situada en el estado alemán de Baviera.

Cuentan que los orígenes de una de las grandes cerveceras nacidas en Ratisbona, la firma Spitalbrauerei, se sitúan en torno al 1.226, casualmente el mismo año en que se fundó el hospital de la ciudad. Así, si en el antiguo Egipto pagaban los honorarios de los trabajadores con cerveza, en el siglo XIII, en el hospital de Baviera, todas las noches servían a los residentes una jarra de cerveza o una copa de vino antes de irse a dormir.

Por aquel entonces no existía debate alguno en cuanto a si la cerveza era perjudicial o saludable para quienes la tomaban, y aunque no fue hasta el siglo XVI cuando la cerveza destronó al vino para erigirse bebida favorita de los bávaros, ya había por allí muchos osados que se atrevían a cocinar su propia birra siguiendo las recetas que ellos mismos pergeñaban.

Esto funcionó hasta que se toparon con los más puristas; aquellos que se atrevieron a establecer una serie de requisitos para mantener la tradición cervecera bávara y quienes, incluso, consideraba un sacrilegío la más mínima alteración de la receta propia de una ciudad, de un pueblo o de una familia. De hecho, llegó el momento en que las autoridades llegaron a interceder para aplacar el espíritu innovador de sus maestros cerveceros e implantar duros castigos contra todos aquellos que se atreviesen a saltarse las cláusulas de pureza.

Todo apunta a que, en el hospital de Ratisbona, los encargados de fabricar el brebaje no se saltaron, en ningún momento, las normas establecidas. Pese a ello, como ocurrió con las cervecerías que surgieron en tantos y tantos centros clínicos, tuvo que echar el cierre o pasar a manos de alguna compañía cervecera en el siglo XIX. Ni el mismísimo rey bávaro Max I Joseph estaba dispuesto a echar por tierra tantos siglos de tradición.
Para corroborar lo que cuentan los cronistas alemanes, hemos de cruzar el Canal de la Mancha y viajar hasta Londres. Allí, ocurrió algo similar ya hace varias décadas. Concretamente, en el barrio londinense de Greenwich, donde la tradición de elaborar cerveza de forma artesanal se remonta a 1426, cuando se estableció allí el duque Humphrey de Gloucester, hermano de Enrique V. Junto a las casas de la nobleza de aquellos años se había de levantar una fábrica de cerveza casi por necesidad, ya que, según cuentan las crónicas de aquel entonces, el agua no era muy potable que digamos.
De hecho, hay quien sitúa el inicio del legado de la birra artesanal británica en ese mismo lugar, y mucho antes del siglo XV. Algo más adelante en el tiempo, en 1694, en el Hospital de Greenwich (que más tarde se convirtió en lugar de retiro para los marineros de la Armada Real), los responsables de la clínica compraban la cerveza a un cervecero local para dársela a los pensionistas.


Eso sucedió hasta 1708 cuando, descontentos con la calidad de la bebida que les suministraba su proveedor, decidieron fabricar la suya propia. Ni cortos ni perezosos, dedicaron una parte del hospital a cocinar el zumo de cebada. Además, hicieron números y comprobaron que les salía mucho más económico fabricar su propia birra que comprarla a los cerveceros del barrio.

Si durante tantos y tantos años los hospitales no solamente sirvieron cerveza a los que allí se trataban de una u otra dolencia, sino que además la fabricaron, ¿cómo podemos dudar ahora de que sea beneficiosa para nuestra salud? Claro está, en su justa medida.




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La barriga cervecera no solo es culpa de la cerveza. Aprende cómo puedes dejar de ser esférico.

La cerveza es uno de los grandes inventos de la humanidad, y uno de los motivos de que pasáramos de ser cazadores recolectores a agricultores, con todos los problemas que eso ha traído. Uno de ellos es la barriga cervecera.

No tiene que ver con lo que llamamos lorza, flotador o michelín, que es grasa subcutánea, es decir, depósitos de grasa que se encuentran bajo la piel. Este es el mismo tipo de grasa que se acumula principalmente en las caderas y trasero de las mujeres.

Pero si tu tripa tiene la forma de una sandía, cuidado, porque es un tipo de grasa mucho más peligroso: grasa visceral.

La grasa visceral no está bajo la piel, sino que se acumula dentro de la cavidad abdominal, “abrazando” nuestros órganos internos. Por eso hay tripas cerveceras que son duras al tacto: hay poca grasa bajo la piel, pero mucha más por dentro.

¿Por qué se acumula la grasa alrededor de las vísceras? El mecanismo exacto no se conoce pero se sabe que es una combinación de dieta, sexo y genética. Es más probable que aparezca en los hombres que en las mujeres, más probable a medida que te haces mayor, y más probable si hay antecedentes en tu familia de barrigas redondas.

Pero el motivo más importante es la dieta. Primero tienes que entender la razón general por la que tu cuerpo acumula grasa: el exceso de carbohidratos.

El azúcar, pan, pasta, patatas, arroz, refrescos y otros alimentos ricos en azúcares y almidón se transforman rápidamente en glucosa en tu sangre. A no ser que estés corriendo una maratón, la glucosa no se puede quemar suficientemente rápido, y el exceso pasa al hígado. El hígado convierte la glucosa en grasa que se acumula al final en tus depósitos subcutáneos.

¿Qué tiene que ver la cerveza? Esto es lo que hay en una lata de una conocida marca cerveza holandesa:
  • Calorías: 150
  • Carbohidratos: 11,5g
  • De los cuales azúcares: 1,5g
  • Dextrinas: 10g
  • Alcohol: 5% (15g)
La cerveza tiene pues un contenido bajo en carbohidratos, no tiene grasas ni prácticamente proteínas. La cerveza no alimenta. El contenido en minerales y vitaminas es ridículo. La mayor parte de las calorías provienen del alcohol.

Aquí es donde empieza el problema. El alcohol es un tóxico, y es el hígado el encargado de deshacerse de él a lo largo de varias horas desde el momento en que lo tomas.

Pero mientras tu hígado está ocupado procesando el alcohol, tú estás tomando comida alta en carbohidratos y grasa para empapar esas cervezas: aperitivos salados, pizza, patatas fritas. Toda esa comida tiene que pasar de nuevo por el hígado para ser procesada.

Como estás sentado viendo el partido, en lugar de quemando energía jugándolo, el hígado convertirá ese exceso de energía en grasa. Parte de esa grasa no llega a alcanzar los michelines y se queda alrededor del propio hígado, el páncreas, el corazón y los intestinos. Así se acumula la grasa visceral.

Esto quiere decir que si sigues una dieta limpia de pechuga de pollo y verduras, y te tomas una cerveza, no habrá consecuencias graves. Pero una pizza mediana y tres latas de cerveza con los amigos dia sí, día no, te pueden condenar poco a poco a un embarazo masculino.

La grasa visceral no solo es fea, es muy peligrosa. El que tu la circunferencia de tu cintura se pase de los límites es una entrada preferente para la diabetes, arterosclerosis, ataques al corazón y el Alzheimer.

La buena noticia es que la grasa visceral es más fácil de eliminar, al contrario que la grasa subcutánea que es testaruda. Si cambias tu dieta y empiezas a moverte, en unas pocas semanas puedes ver grandes cambios.

Dieta
  • Elimina por completo el azúcar visible (la del café y los caramelos) pero sobre todo menos visible: pasteles, zumos, refrescos.
  • Elimina el pan, la pasta, patatas, arroz y sobre todo los cereales de desayuno.
  • Toma verduras y legumbres como fuente de carbohidratos
  • Aumenta tu ingesta de proteínas: pollo, carne, pescado y marisco
  • Aumenta tu ingesta de grasa (sí, de grasa) en forma de aguacates, aceite de oliva, mantequilla y frutos secos
  • Limita el alcohol a una copa de vino o cerveza al día, o mejor aún, a un par de copas por semana. No bebas licores destilados (ron, whiskey, ginebra, etc.)
Ejercicio
  • Según un estudio reciente, la grasa visceral es más fácil de quemar que la grasa subcutánea mediante el ejercicio cardiovascular. Si cargas con una gran barriga, empieza por caminar, correr o subir escaleras a ritmo constante, todos los días, al menos durante 20 minutos.
  • A medida que desaparezca, podrás empezar a hacer ejercicios de fuerza combinados con el cardio (como la Operación Transformer), que te ayudarán a quemar además la grasa subcutánea y ponerte en la mejor forma de tu vida.



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La barriga cervecera no solo es culpa de la cerveza. Aprende cómo puedes dejar de ser esférico.

La cerveza es uno de los grandes inventos de la humanidad, y uno de los motivos de que pasáramos de ser cazadores recolectores a agricultores, con todos los problemas que eso ha traído. Uno de ellos es la barriga cervecera.

No tiene que ver con lo que llamamos lorza, flotador o michelín, que es grasa subcutánea, es decir, depósitos de grasa que se encuentran bajo la piel. Este es el mismo tipo de grasa que se acumula principalmente en las caderas y trasero de las mujeres.

Pero si tu tripa tiene la forma de una sandía, cuidado, porque es un tipo de grasa mucho más peligroso: grasa visceral.

La grasa visceral no está bajo la piel, sino que se acumula dentro de la cavidad abdominal, “abrazando” nuestros órganos internos. Por eso hay tripas cerveceras que son duras al tacto: hay poca grasa bajo la piel, pero mucha más por dentro.

¿Por qué se acumula la grasa alrededor de las vísceras? El mecanismo exacto no se conoce pero se sabe que es una combinación de dieta, sexo y genética. Es más probable que aparezca en los hombres que en las mujeres, más probable a medida que te haces mayor, y más probable si hay antecedentes en tu familia de barrigas redondas.

Pero el motivo más importante es la dieta. Primero tienes que entender la razón general por la que tu cuerpo acumula grasa: el exceso de carbohidratos.

El azúcar, pan, pasta, patatas, arroz, refrescos y otros alimentos ricos en azúcares y almidón se transforman rápidamente en glucosa en tu sangre. A no ser que estés corriendo una maratón, la glucosa no se puede quemar suficientemente rápido, y el exceso pasa al hígado. El hígado convierte la glucosa en grasa que se acumula al final en tus depósitos subcutáneos.

¿Qué tiene que ver la cerveza? Esto es lo que hay en una lata de una conocida marca cerveza holandesa:
  • Calorías: 150
  • Carbohidratos: 11,5g
  • De los cuales azúcares: 1,5g
  • Dextrinas: 10g
  • Alcohol: 5% (15g)
La cerveza tiene pues un contenido bajo en carbohidratos, no tiene grasas ni prácticamente proteínas. La cerveza no alimenta. El contenido en minerales y vitaminas es ridículo. La mayor parte de las calorías provienen del alcohol.

Aquí es donde empieza el problema. El alcohol es un tóxico, y es el hígado el encargado de deshacerse de él a lo largo de varias horas desde el momento en que lo tomas.

Pero mientras tu hígado está ocupado procesando el alcohol, tú estás tomando comida alta en carbohidratos y grasa para empapar esas cervezas: aperitivos salados, pizza, patatas fritas. Toda esa comida tiene que pasar de nuevo por el hígado para ser procesada.

Como estás sentado viendo el partido, en lugar de quemando energía jugándolo, el hígado convertirá ese exceso de energía en grasa. Parte de esa grasa no llega a alcanzar los michelines y se queda alrededor del propio hígado, el páncreas, el corazón y los intestinos. Así se acumula la grasa visceral.

Esto quiere decir que si sigues una dieta limpia de pechuga de pollo y verduras, y te tomas una cerveza, no habrá consecuencias graves. Pero una pizza mediana y tres latas de cerveza con los amigos dia sí, día no, te pueden condenar poco a poco a un embarazo masculino.

La grasa visceral no solo es fea, es muy peligrosa. El que tu la circunferencia de tu cintura se pase de los límites es una entrada preferente para la diabetes, arterosclerosis, ataques al corazón y el Alzheimer.

La buena noticia es que la grasa visceral es más fácil de eliminar, al contrario que la grasa subcutánea que es testaruda. Si cambias tu dieta y empiezas a moverte, en unas pocas semanas puedes ver grandes cambios.

Dieta
  • Elimina por completo el azúcar visible (la del café y los caramelos) pero sobre todo menos visible: pasteles, zumos, refrescos.
  • Elimina el pan, la pasta, patatas, arroz y sobre todo los cereales de desayuno.
  • Toma verduras y legumbres como fuente de carbohidratos
  • Aumenta tu ingesta de proteínas: pollo, carne, pescado y marisco
  • Aumenta tu ingesta de grasa (sí, de grasa) en forma de aguacates, aceite de oliva, mantequilla y frutos secos
  • Limita el alcohol a una copa de vino o cerveza al día, o mejor aún, a un par de copas por semana. No bebas licores destilados (ron, whiskey, ginebra, etc.)
Ejercicio
  • Según un estudio reciente, la grasa visceral es más fácil de quemar que la grasa subcutánea mediante el ejercicio cardiovascular. Si cargas con una gran barriga, empieza por caminar, correr o subir escaleras a ritmo constante, todos los días, al menos durante 20 minutos.
  • A medida que desaparezca, podrás empezar a hacer ejercicios de fuerza combinados con el cardio (como la Operación Transformer), que te ayudarán a quemar además la grasa subcutánea y ponerte en la mejor forma de tu vida.



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Debido a la epidemia de la obesidad mundial, expertos señalan que debemos evitar consumir bebidas alcohólicas y jugos frutales debido a su alto contenido de azúcar. Pero curiosamente, la cerveza es cada vez más aclamada por sus beneficios a la salud. Una investigación sugiere que puede ayudar a proteger contra la enfermedad de Alzheimer, promover la pérdida de peso y equilibrar las hormonas.

Por eso te traemos 10 beneficios de la cerveza que retomamos de Laura Boll de The Daily Mail:

1. Una botella de vitaminas: Si analizamos la cerveza, nos sorprendería la cantidad de super-nutrientes que hay en ella. La cerveza contiene todos los aminoácidos esenciales - y muchos de los no esenciales”, dijo el Dr. Stephan Domenig, director médico del Centro de Salud Original F.X. Mayr, en Austria. Además de fósforo, yodo, magnesio y potasio, la cerveza es rica en calcio por lo que es buena para los huesos.

3. Contra la osteoporosis: Un estudio de 2009 de la Universidad de Tufts, en los Estados Unidos encontró que el consumo moderado de cerveza puede proteger la densidad ósea. Incluso, durante años la cerveza Guinness fue prescrita a mujeres embarazadas debido a su alto contenido de vitamina B. “Ahora se recomienda que las mujeres embarazadas eviten el alcohol, pero otras personas podrían beneficiarse", señala la nutrióloga Vicki Edgson. Aunque ellas se pueden beneficiar de las cervezas oscuras sin alcohol.

4. Entre más artesanal mejor: Para tener mejores beneficios, se debe elegir una cerveza sin pasteurizar, ya que este proceso prolonga la vida útil de la bebida pero reduce los valor nutricionales de los organismos vivos. Una cerveza turbia es mucho mejor, ya que el filtrado para obtener una cerveza clara elimina la levadura, y por lo tanto, la cantidad de vitamina B, asegura Georgina Young, maestra cervecera de Fuller.

5. Mejor que un refresco:
La cerveza es alta en vitaminas y baja en azúcar. Comparada con una lata de refresco de cola, que contiene 12 cucharadas de azúcar, o un vaso de jugo de naranja, que contiene seis, un cuarto de litro de cerveza contiene poco más de una cucharada de azúcar.
"En comparación con las bebidas gaseosas, la cerveza te dará menos de un pico de azúcar en la sangre. La cerveza es aproximadamente 93% agua por lo que es muy hidratante", dice la nutrióloga Dra. Kathryn O'Sullivan.

6. ¿Contra diabetes? De hecho, el consumo moderado de cerveza puede ayudar a prevenir la diabetes como lo indica un estudio de 2010 realizado a más de 38,000 hombres en los Estados Unidos. El análisis encontró que cuando los hombres que casi no consumían cerveza aumentaron su ingesta de una o dos copas al día, redujeron el riesgo de diabetes tipo 2 en 25% después de cuatro años.

7. Sí pero ¿y la panza chelera?: Un estudio de la Universidad de Londres con casi 2,000 consumidores de cerveza regular concluyó que es poco probable que el consumo moderado esté asociado con un gran aumento de peso.
"Beber cerveza aumenta la producción de bilis, que nos ayuda a digerir los alimentos grasos," indica el Dr. Domenig. Además, la cerveza es una fuente rica de fibra: dos vasos proporcionan entre 10 y 30% de nuestras necesidades.

8. Contra las enfermedades: Aunque el consumo de cerveza se suele asociar con problemas de memoria, investigaciones aseguran que puede ayudar a prevenir la enfermedad de Alzheimer. Esta enfermedad se ha relacionado con altos niveles de aluminio, pero el silicio que contiene la cerveza puede compensar el daño. Un estudio de 2008 publicado en la revista Food and Chemical Toxicology encontró que el silicio fue capaz de reducir la absorción de aluminio en el tracto digestivo y retardar la acumulación de metal en el tejido del cuerpo y el cerebro. Pero otro estudio de la Universidad College de Londres, advirtió que los hombres que beben más de dos litros al día pueden sufrir pérdida de memoria. Así que nada de exagerar.

9. Buena para el corazón:
No obstante, la cerveza también podría ayudar a la salud del corazón. Un estudio de 2013 en la Universidad de Harokopio, Atenas, encontró que la bebida impulsó la flexibilidad de las arterias. En este experimento, los científicos midieron la salud cardiovascular de los hombres no fumadores de menos de 35 años dos horas después de beber 400 ml de cerveza y compararon los resultados con el consumo de vodka o cerveza sin alcohol. Mientras que las tres bebidas tenían algún efecto beneficioso sobre la rigidez de las arterias, la cerveza normal tenía el mayor beneficio.

Asimismo, la cerveza puede aumentar el colesterol bueno. “El principal componente que ayuda a proteger el corazón es el alcohol, que incrementa el colesterol HDL, además de otros beneficios. Pero grandes cantidades de alcohol pueden causar enfermedad del músculo del corazón ", dice el doctor R. Curtis Ellison, profesor de medicina y salud pública en la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston

10. Plus para la belleza: Los bebedores de cerveza también obtienen beneficios en la piel. Ya que está hecha de la cebada, la cerveza es rica en ácido ferúlico, potente antioxidante que protege la piel del daño solar. Aunque esta sustancia también se encuentra en los tomates, maíz y salvado de arroz, una investigación del Hospital Guy de Londres en el año 2000 sugiere que la cerveza tiene una forma más absorbible.

Hombres que bebieron cerveza baja en alcohol absorbieron todo el ácido ferúlico presente en contra de sólo 25 % que se absorbe de los tomates. Estudios indican que cervezas más oscuras suponen un aporte mayor de antioxidantes.




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Debido a la epidemia de la obesidad mundial, expertos señalan que debemos evitar consumir bebidas alcohólicas y jugos frutales debido a su alto contenido de azúcar. Pero curiosamente, la cerveza es cada vez más aclamada por sus beneficios a la salud. Una investigación sugiere que puede ayudar a proteger contra la enfermedad de Alzheimer, promover la pérdida de peso y equilibrar las hormonas.

Por eso te traemos 10 beneficios de la cerveza que retomamos de Laura Boll de The Daily Mail:

1. Una botella de vitaminas: Si analizamos la cerveza, nos sorprendería la cantidad de super-nutrientes que hay en ella. La cerveza contiene todos los aminoácidos esenciales - y muchos de los no esenciales”, dijo el Dr. Stephan Domenig, director médico del Centro de Salud Original F.X. Mayr, en Austria. Además de fósforo, yodo, magnesio y potasio, la cerveza es rica en calcio por lo que es buena para los huesos.

3. Contra la osteoporosis: Un estudio de 2009 de la Universidad de Tufts, en los Estados Unidos encontró que el consumo moderado de cerveza puede proteger la densidad ósea. Incluso, durante años la cerveza Guinness fue prescrita a mujeres embarazadas debido a su alto contenido de vitamina B. “Ahora se recomienda que las mujeres embarazadas eviten el alcohol, pero otras personas podrían beneficiarse", señala la nutrióloga Vicki Edgson. Aunque ellas se pueden beneficiar de las cervezas oscuras sin alcohol.

4. Entre más artesanal mejor: Para tener mejores beneficios, se debe elegir una cerveza sin pasteurizar, ya que este proceso prolonga la vida útil de la bebida pero reduce los valor nutricionales de los organismos vivos. Una cerveza turbia es mucho mejor, ya que el filtrado para obtener una cerveza clara elimina la levadura, y por lo tanto, la cantidad de vitamina B, asegura Georgina Young, maestra cervecera de Fuller.

5. Mejor que un refresco:
La cerveza es alta en vitaminas y baja en azúcar. Comparada con una lata de refresco de cola, que contiene 12 cucharadas de azúcar, o un vaso de jugo de naranja, que contiene seis, un cuarto de litro de cerveza contiene poco más de una cucharada de azúcar.
"En comparación con las bebidas gaseosas, la cerveza te dará menos de un pico de azúcar en la sangre. La cerveza es aproximadamente 93% agua por lo que es muy hidratante", dice la nutrióloga Dra. Kathryn O'Sullivan.

6. ¿Contra diabetes? De hecho, el consumo moderado de cerveza puede ayudar a prevenir la diabetes como lo indica un estudio de 2010 realizado a más de 38,000 hombres en los Estados Unidos. El análisis encontró que cuando los hombres que casi no consumían cerveza aumentaron su ingesta de una o dos copas al día, redujeron el riesgo de diabetes tipo 2 en 25% después de cuatro años.

7. Sí pero ¿y la panza chelera?: Un estudio de la Universidad de Londres con casi 2,000 consumidores de cerveza regular concluyó que es poco probable que el consumo moderado esté asociado con un gran aumento de peso.
"Beber cerveza aumenta la producción de bilis, que nos ayuda a digerir los alimentos grasos," indica el Dr. Domenig. Además, la cerveza es una fuente rica de fibra: dos vasos proporcionan entre 10 y 30% de nuestras necesidades.

8. Contra las enfermedades: Aunque el consumo de cerveza se suele asociar con problemas de memoria, investigaciones aseguran que puede ayudar a prevenir la enfermedad de Alzheimer. Esta enfermedad se ha relacionado con altos niveles de aluminio, pero el silicio que contiene la cerveza puede compensar el daño. Un estudio de 2008 publicado en la revista Food and Chemical Toxicology encontró que el silicio fue capaz de reducir la absorción de aluminio en el tracto digestivo y retardar la acumulación de metal en el tejido del cuerpo y el cerebro. Pero otro estudio de la Universidad College de Londres, advirtió que los hombres que beben más de dos litros al día pueden sufrir pérdida de memoria. Así que nada de exagerar.

9. Buena para el corazón:
No obstante, la cerveza también podría ayudar a la salud del corazón. Un estudio de 2013 en la Universidad de Harokopio, Atenas, encontró que la bebida impulsó la flexibilidad de las arterias. En este experimento, los científicos midieron la salud cardiovascular de los hombres no fumadores de menos de 35 años dos horas después de beber 400 ml de cerveza y compararon los resultados con el consumo de vodka o cerveza sin alcohol. Mientras que las tres bebidas tenían algún efecto beneficioso sobre la rigidez de las arterias, la cerveza normal tenía el mayor beneficio.

Asimismo, la cerveza puede aumentar el colesterol bueno. “El principal componente que ayuda a proteger el corazón es el alcohol, que incrementa el colesterol HDL, además de otros beneficios. Pero grandes cantidades de alcohol pueden causar enfermedad del músculo del corazón ", dice el doctor R. Curtis Ellison, profesor de medicina y salud pública en la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston

10. Plus para la belleza: Los bebedores de cerveza también obtienen beneficios en la piel. Ya que está hecha de la cebada, la cerveza es rica en ácido ferúlico, potente antioxidante que protege la piel del daño solar. Aunque esta sustancia también se encuentra en los tomates, maíz y salvado de arroz, una investigación del Hospital Guy de Londres en el año 2000 sugiere que la cerveza tiene una forma más absorbible.

Hombres que bebieron cerveza baja en alcohol absorbieron todo el ácido ferúlico presente en contra de sólo 25 % que se absorbe de los tomates. Estudios indican que cervezas más oscuras suponen un aporte mayor de antioxidantes.




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Corazón más sano. Un vaso de cerveza al día podría aumentar la salud cardíaca, ya que mejora el estado de los vasos sanguíneos y el flujo de sangre, además de hacer a las arterias más flexibles, de acuerdo con una investigación reciente de la Universidad Harokopio en Atenas (Grecia). Además, Lina Badimón y sus colegas del Centro de Investigación Cardiovascular (CSIC-ICCC) demostraron hace poco que el consumo moderado de alcohol (de 10 a 30 gramos al día) se asocia a un menor riesgo de infarto de miocardio y muerte en estudios en poblaciones con grave riesgo cardiovascular. Y mejora la formación de tejido reparativo después de sufrir un infarto. El efecto se debe, sobre todo, a que el lúpulo de la cerveza contiene un antioxidante llamado xanthohumol con efectos protectores en la salud cardiovascular.

Mejora el sistema inmune. Según un estudio realizado por el Instituto del Frío del CSIC, tanto en mujeres como en hombres adultos y sanos el consumo moderado de cerveza durante un mes produce un efecto beneficioso, al observarse una mejora en la respuesta del sistema inmune contra patógenos externos. Además, esta bebida causa un aumento de los leucocitos (glóbulos blancos)?y linfocitos, así como una tendencia generalizada al incremento de?los valores de las subpoblaciones de los linfocitos T, las células?inmunológicas que ayudan a destruir microorganismos invasores.

Combate el alzhéimer. Consumir moderadamente cerveza podría disminuir uno de los factores de riesgo de la enfermedad de Alzheimer, ya que esta bebida fermentada contiene silicio, un mineral que parece interaccionar con el aluminio, un metal neurotóxico que se relaciona con la demencia y otros desórdenes neurodegenerativos. La bebida contiene aproximadamente 36 mg/l de silicio biodisponible, lo que implicaría que un consumo moderado de cerveza (dos cañas al día de 200 ml.) aportaría aproximadamente el 50% de la ingesta diaria recomendable de silicio; si bien los requerimientos diarios de este elemento no están en la actualidad totalmente establecidos.




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Corazón más sano. Un vaso de cerveza al día podría aumentar la salud cardíaca, ya que mejora el estado de los vasos sanguíneos y el flujo de sangre, además de hacer a las arterias más flexibles, de acuerdo con una investigación reciente de la Universidad Harokopio en Atenas (Grecia). Además, Lina Badimón y sus colegas del Centro de Investigación Cardiovascular (CSIC-ICCC) demostraron hace poco que el consumo moderado de alcohol (de 10 a 30 gramos al día) se asocia a un menor riesgo de infarto de miocardio y muerte en estudios en poblaciones con grave riesgo cardiovascular. Y mejora la formación de tejido reparativo después de sufrir un infarto. El efecto se debe, sobre todo, a que el lúpulo de la cerveza contiene un antioxidante llamado xanthohumol con efectos protectores en la salud cardiovascular.

Mejora el sistema inmune. Según un estudio realizado por el Instituto del Frío del CSIC, tanto en mujeres como en hombres adultos y sanos el consumo moderado de cerveza durante un mes produce un efecto beneficioso, al observarse una mejora en la respuesta del sistema inmune contra patógenos externos. Además, esta bebida causa un aumento de los leucocitos (glóbulos blancos)?y linfocitos, así como una tendencia generalizada al incremento de?los valores de las subpoblaciones de los linfocitos T, las células?inmunológicas que ayudan a destruir microorganismos invasores.

Combate el alzhéimer. Consumir moderadamente cerveza podría disminuir uno de los factores de riesgo de la enfermedad de Alzheimer, ya que esta bebida fermentada contiene silicio, un mineral que parece interaccionar con el aluminio, un metal neurotóxico que se relaciona con la demencia y otros desórdenes neurodegenerativos. La bebida contiene aproximadamente 36 mg/l de silicio biodisponible, lo que implicaría que un consumo moderado de cerveza (dos cañas al día de 200 ml.) aportaría aproximadamente el 50% de la ingesta diaria recomendable de silicio; si bien los requerimientos diarios de este elemento no están en la actualidad totalmente establecidos.




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Una cervecita después de entrenar, ¿buena o mala idea?

Hace unos años un estudio del catedrático Manuel Castillo Garzón de la Universidad de Granada dio la vuelta al mundo. ¡La cerveza es buena después del ejercicio!, se apresuraron a publicar. Si lo dicen los científicos, ¡póngame otra caña por favor!

En realidad el estudio del doctor Garzón hablaba de la eficacia de la cerveza para rehidratar el cuerpo después de hacer ejercicio a 40 grados, y el resultado es que era solo un poco mejor que el agua.

La cerveza también contiene maltodextrina y maltosa, azúcares que se absorben muy rápidamente, con un índice glucémico superior al de la glucosa pura. Ya sabes que hay evitar los alimentos con IG alto, con una sola excepción: después de un entrenamiento de fuerza.

Pero antes de tomarte dos pintas después del gimnasio, piensa en el otro ingrediente de la cerveza: el alcohol. El alcohol impide que ganes músculo y te hace ganar grasa, lo contrario de lo que quieres. Estos son los motivos:
  • El alcohol tiene siete calorías por gramo, casi tanto como la grasa. Es muy fácil pasarse. Piensa en que ese chupito de vodka es como si fuera de aceite.
  • El alcohol es tóxico para el organismo, y el hígado tiene que metabolizarlo para convertirlo en compuestos inofensivos. Mientras está ocupado con el alcohol, el hígado no puede quemar grasa.
  • El alcohol te deshidrata, por mucho que pienses que una cerveza quita la sed. Por eso tienes la boca seca cuando te levantas con resaca. Lo ideal sería beber agua al mismo tiempo, pero después de unas cuantas cervezas ya no te acuerdas del agua.
  • El alcohol es vasoconstrictor, es decir, reduce el riego sanguíneo. Una mala idea antes de entrenar, porque te dejará sin fuerzas, pero también después, que es cuando tu cuerpo necesita recuperarse.
  • El alcohol neutraliza la testosterona, y ya sabes que necesitas testosterona para ganar músculo y perder grasa. También interfiere con la regeneración de los músculos que debe tener lugar tras el ejercicio.

Todo esto no quiere decir que tengas que privarte de una copa de vino o una cerveza de vez en cuando, pero siempre con moderación. Se ha comprobado que una o dos copas de vino o cerveza, dos veces por semana, es beneficiosa por los antioxidantes que contiene. Aprovecha tu día libre en el que te puedes olvidar de la dieta. Pero evita emborracharte, porque te pasará factura en forma de michelín.



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Una cervecita después de entrenar, ¿buena o mala idea?

Hace unos años un estudio del catedrático Manuel Castillo Garzón de la Universidad de Granada dio la vuelta al mundo. ¡La cerveza es buena después del ejercicio!, se apresuraron a publicar. Si lo dicen los científicos, ¡póngame otra caña por favor!

En realidad el estudio del doctor Garzón hablaba de la eficacia de la cerveza para rehidratar el cuerpo después de hacer ejercicio a 40 grados, y el resultado es que era solo un poco mejor que el agua.

La cerveza también contiene maltodextrina y maltosa, azúcares que se absorben muy rápidamente, con un índice glucémico superior al de la glucosa pura. Ya sabes que hay evitar los alimentos con IG alto, con una sola excepción: después de un entrenamiento de fuerza.

Pero antes de tomarte dos pintas después del gimnasio, piensa en el otro ingrediente de la cerveza: el alcohol. El alcohol impide que ganes músculo y te hace ganar grasa, lo contrario de lo que quieres. Estos son los motivos:
  • El alcohol tiene siete calorías por gramo, casi tanto como la grasa. Es muy fácil pasarse. Piensa en que ese chupito de vodka es como si fuera de aceite.
  • El alcohol es tóxico para el organismo, y el hígado tiene que metabolizarlo para convertirlo en compuestos inofensivos. Mientras está ocupado con el alcohol, el hígado no puede quemar grasa.
  • El alcohol te deshidrata, por mucho que pienses que una cerveza quita la sed. Por eso tienes la boca seca cuando te levantas con resaca. Lo ideal sería beber agua al mismo tiempo, pero después de unas cuantas cervezas ya no te acuerdas del agua.
  • El alcohol es vasoconstrictor, es decir, reduce el riego sanguíneo. Una mala idea antes de entrenar, porque te dejará sin fuerzas, pero también después, que es cuando tu cuerpo necesita recuperarse.
  • El alcohol neutraliza la testosterona, y ya sabes que necesitas testosterona para ganar músculo y perder grasa. También interfiere con la regeneración de los músculos que debe tener lugar tras el ejercicio.

Todo esto no quiere decir que tengas que privarte de una copa de vino o una cerveza de vez en cuando, pero siempre con moderación. Se ha comprobado que una o dos copas de vino o cerveza, dos veces por semana, es beneficiosa por los antioxidantes que contiene. Aprovecha tu día libre en el que te puedes olvidar de la dieta. Pero evita emborracharte, porque te pasará factura en forma de michelín.



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Durante la Edad Media, se tomaba cerveza al desayuno... almuerzo y comida, "porque era más sano que tomar agua".
"Era pan líquido", dice a el arqueólogo biomolecular Patrick McGovern.

Pero nuestra relación con esta bebida data de mucho antes. Los primeros asentamientos de grupos humanos se dan cerca de donde están los cultivos de plantas domesticadas, en su mayoría granos, que "probablemente se usaban originalmente para producir grandes cantidades de cerveza. La cerveza parece preceder al pan, según la evidencia que tenemos".

Además de calmar la sed, el hambre y a veces hasta mejorar la salud, el profesor del Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania destaca el rol de esta bebida en lo que llama "lubricación social".

"Acompañaba la religión y las relaciones entre las personas, pues fomenta la apertura a ideas".

Esto es cierto de cualquier bebida alcohólica, pero para tener cerveza, hay que asentarse para poder cuidar de los granos, desde que son semilla hasta que salen como líquido dorado de un barril, o cualquier contenedor.

"La definición de cerveza es bebida fermentada hecha de un grano o un cereal".

Así que puede hacerse con trigo o cebada fermentada. Pero, si está hecha de maíz en América o de arroz en Asia o, como en África, mijo y sorgo, también es cerveza.

Como arqueólogo, McGovern no sólo ha encontrado vestigios de cervezas antiguas, sino que, usando química molecular, también ha descubierto las recetas y hasta probado los resultados.
9.000 años atrás.

"La más antigua que hemos identificado químicamente es de China, de alrededor de 7.000aC. En un yacimiento en el Río Amarillo, llamado Jiahu, había jarrones que se usaban para contener líquidos e hicimos el análisis químico e identificamos una bebida que mezclaba miel, arroz y uvas silvestres y frutos de espino chino".

Con esa receta, el arqueólogo acudió a sus compinches de Dogfish Head de Rehoboth Beach en Delaware, EE.UU., una microcervecería renombrada por su espíritu aventurero, para recrear la bebida.

"Me gustó mucho, no sólo porque es la más antigua que hemos identificado sino también porque tiene un sabor agridulce que acompaña muy bien la comida asiática".

La cerveza resucitada ganó una medalla de oro en la feria de degustación de cerveza más grande del mundo, en Denver, tras una prueba ciega en la que los jueces no sabían qué estaban tomando.

No era la primera vez que McGovern hacía algo así.

Recrear las bebidas se ha vuelto parte del proceso, pues "queríamos saber más sobre cómo las podrían haber hecho".

El primer experimento fue con la Midas Touch, su primera colaboración con Dogfish Head.

Tras analizar los residuos en unas vasijas encontradas en la que se piensa que es la tumba del fabuloso rey Midas en un yacimiento arqueológico de Turquía, la curiosidad de McGovern y su equipo se despertó.

"Teníamos una formula extraña, una mezcla de cerveza de cebada, vino de uva e hidromiel y nos sorprendió tanto que nos preguntamos '¿de verdad se puede hacer una bebida que revuelve todo eso?'", recuerda el arqueólogo.

"Eso era en el año 2000 y aún no sabíamos mucho sobre bebidas mediorientales u otras que eran mezcladas, así que nos pareció interesante hacer esa arqueología experimental para ver si salíamos con algo medianamente bueno y además aprendíamos algo del proceso".

Paso seguido, durante una cena, le contó a los microcerveceros presentes cuán inusual era lo que habían descubierto y les propuso que si querían experimentar, vinieran a su laboratorio al día siguiente para que les diera los detalles.

"Llegaron 20. Se llevaron los ingredientes, me mandaban los resultados y yo los probaba... era una labor muy placentera".

En la mayoría de los casos. McGovern confiesa que, en ocasiones, lo que recibía no sabía muy bien.

Indistintamente, fue entonces que empezó a beber el pasado, a probar lo que los antiguos tomaban.

Efectivamente, estas cervezas son como cápsulas de tiempo líquidas".

"Habíamos perdido muchas de estas bebidas con el paso del tiempo pero ahora las estamos recuperando una a una".

A McGovern le queda difícil escoger su preferida entre las que ha probado, pero destaca una hecha con cacao, tras una investigación en Honduras basada en la evidencia más reciente de los Mayas y Aztecas.

Se trata de una cerveza hecha con maíz y el mejor chocolate amargo que tenían los aztecas, proveniente de Soconusco. Contiene además chile y miel.

"Está basada en la idea de Honduras, en donde la bebida de chocolate más antigua era hecha de la fruta, de la vaina, pues tiene una pulpa que rodea los granos. Esa pulpa está compuesta en un 15% de azúcar. Cuando los españoles llegaron, observaron cómo los nativos preparaban una bebida echando la pulpa en una piragua y dejándola fermentar".

El arqueólogo explica que se piensa que el gusto por esa bebida fue lo que llevó a que se domesticara el cacao. Después de un tiempo, las culturas mesoamericanas dejaron de usar la pulpa y prefirieron el grano del fruto.

El resultado de las pesquisas de McGovern y consecuente trabajo con la cervecería se llama Theobroma, que, según Dogfish Head, significa "alimento de los dioses" y, según el arqueólogo, "es una bebida verdaderamente buena y a mucha gente le gusta bastante".

Y de Centro América, brinca a Irán, pues de allá es la cerveza más antigua encontrada hasta ahora hecha de un grano -cebada- sin mezclar.

Las vasijas que la contenían fueron halladas en un yacimiento en las Montañas Zagros que data de entre 3400 y 4000aC.

"Sabemos que la cebada fue domesticada mucho antes, en quizás 9.000 a 8.000aC, así que asumimos que estaban haciendo cerveza desde entonces pero no tenemos las evidencia química aún".

Mientras la encuentra, McGovern está ocupado con otro asunto.

"Sabemos que el vino solo llegó a Francia en 600aC, gracias a los fenicios. ¿Qué bebían entonces antes de que llegara el vino? ¿Cuál era la bebida nativa, original?".

"Estamos interesados en eso y tenemos unas muestras arqueológicas interesantes que vinieron de Montpellier...".

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Durante la Edad Media, se tomaba cerveza al desayuno... almuerzo y comida, "porque era más sano que tomar agua".
"Era pan líquido", dice a el arqueólogo biomolecular Patrick McGovern.

Pero nuestra relación con esta bebida data de mucho antes. Los primeros asentamientos de grupos humanos se dan cerca de donde están los cultivos de plantas domesticadas, en su mayoría granos, que "probablemente se usaban originalmente para producir grandes cantidades de cerveza. La cerveza parece preceder al pan, según la evidencia que tenemos".

Además de calmar la sed, el hambre y a veces hasta mejorar la salud, el profesor del Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania destaca el rol de esta bebida en lo que llama "lubricación social".

"Acompañaba la religión y las relaciones entre las personas, pues fomenta la apertura a ideas".

Esto es cierto de cualquier bebida alcohólica, pero para tener cerveza, hay que asentarse para poder cuidar de los granos, desde que son semilla hasta que salen como líquido dorado de un barril, o cualquier contenedor.

"La definición de cerveza es bebida fermentada hecha de un grano o un cereal".

Así que puede hacerse con trigo o cebada fermentada. Pero, si está hecha de maíz en América o de arroz en Asia o, como en África, mijo y sorgo, también es cerveza.

Como arqueólogo, McGovern no sólo ha encontrado vestigios de cervezas antiguas, sino que, usando química molecular, también ha descubierto las recetas y hasta probado los resultados.
9.000 años atrás.

"La más antigua que hemos identificado químicamente es de China, de alrededor de 7.000aC. En un yacimiento en el Río Amarillo, llamado Jiahu, había jarrones que se usaban para contener líquidos e hicimos el análisis químico e identificamos una bebida que mezclaba miel, arroz y uvas silvestres y frutos de espino chino".

Con esa receta, el arqueólogo acudió a sus compinches de Dogfish Head de Rehoboth Beach en Delaware, EE.UU., una microcervecería renombrada por su espíritu aventurero, para recrear la bebida.

"Me gustó mucho, no sólo porque es la más antigua que hemos identificado sino también porque tiene un sabor agridulce que acompaña muy bien la comida asiática".

La cerveza resucitada ganó una medalla de oro en la feria de degustación de cerveza más grande del mundo, en Denver, tras una prueba ciega en la que los jueces no sabían qué estaban tomando.

No era la primera vez que McGovern hacía algo así.

Recrear las bebidas se ha vuelto parte del proceso, pues "queríamos saber más sobre cómo las podrían haber hecho".

El primer experimento fue con la Midas Touch, su primera colaboración con Dogfish Head.

Tras analizar los residuos en unas vasijas encontradas en la que se piensa que es la tumba del fabuloso rey Midas en un yacimiento arqueológico de Turquía, la curiosidad de McGovern y su equipo se despertó.

"Teníamos una formula extraña, una mezcla de cerveza de cebada, vino de uva e hidromiel y nos sorprendió tanto que nos preguntamos '¿de verdad se puede hacer una bebida que revuelve todo eso?'", recuerda el arqueólogo.

"Eso era en el año 2000 y aún no sabíamos mucho sobre bebidas mediorientales u otras que eran mezcladas, así que nos pareció interesante hacer esa arqueología experimental para ver si salíamos con algo medianamente bueno y además aprendíamos algo del proceso".

Paso seguido, durante una cena, le contó a los microcerveceros presentes cuán inusual era lo que habían descubierto y les propuso que si querían experimentar, vinieran a su laboratorio al día siguiente para que les diera los detalles.

"Llegaron 20. Se llevaron los ingredientes, me mandaban los resultados y yo los probaba... era una labor muy placentera".

En la mayoría de los casos. McGovern confiesa que, en ocasiones, lo que recibía no sabía muy bien.

Indistintamente, fue entonces que empezó a beber el pasado, a probar lo que los antiguos tomaban.

Efectivamente, estas cervezas son como cápsulas de tiempo líquidas".

"Habíamos perdido muchas de estas bebidas con el paso del tiempo pero ahora las estamos recuperando una a una".

A McGovern le queda difícil escoger su preferida entre las que ha probado, pero destaca una hecha con cacao, tras una investigación en Honduras basada en la evidencia más reciente de los Mayas y Aztecas.

Se trata de una cerveza hecha con maíz y el mejor chocolate amargo que tenían los aztecas, proveniente de Soconusco. Contiene además chile y miel.

"Está basada en la idea de Honduras, en donde la bebida de chocolate más antigua era hecha de la fruta, de la vaina, pues tiene una pulpa que rodea los granos. Esa pulpa está compuesta en un 15% de azúcar. Cuando los españoles llegaron, observaron cómo los nativos preparaban una bebida echando la pulpa en una piragua y dejándola fermentar".

El arqueólogo explica que se piensa que el gusto por esa bebida fue lo que llevó a que se domesticara el cacao. Después de un tiempo, las culturas mesoamericanas dejaron de usar la pulpa y prefirieron el grano del fruto.

El resultado de las pesquisas de McGovern y consecuente trabajo con la cervecería se llama Theobroma, que, según Dogfish Head, significa "alimento de los dioses" y, según el arqueólogo, "es una bebida verdaderamente buena y a mucha gente le gusta bastante".

Y de Centro América, brinca a Irán, pues de allá es la cerveza más antigua encontrada hasta ahora hecha de un grano -cebada- sin mezclar.

Las vasijas que la contenían fueron halladas en un yacimiento en las Montañas Zagros que data de entre 3400 y 4000aC.

"Sabemos que la cebada fue domesticada mucho antes, en quizás 9.000 a 8.000aC, así que asumimos que estaban haciendo cerveza desde entonces pero no tenemos las evidencia química aún".

Mientras la encuentra, McGovern está ocupado con otro asunto.

"Sabemos que el vino solo llegó a Francia en 600aC, gracias a los fenicios. ¿Qué bebían entonces antes de que llegara el vino? ¿Cuál era la bebida nativa, original?".

"Estamos interesados en eso y tenemos unas muestras arqueológicas interesantes que vinieron de Montpellier...".

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1.- Las calorías que aporta: Un vaso de 200 cc de cerveza posee 90 calorías, en tanto que una lata de 350cc tiene 150 calorías.

2.- ¿Cuánto consumir?: En cuanto al consumo diario recomendable, la Dra. Rojas explica que “al no tratarse de un alimento, no existe una recomendación de consumo”. La dosis máxima “no debería ser más de una lata en el caso de una mujer y dos latas en el caso de un hombre”. Lo anterior excluye a las personas con problemas de triglicéridos elevados o hígado graso, quienes no deberían consumir alcohol.

3.- La cerveza en exceso sí engorda: La creencia de que la cerveza ayuda a aumentar la “ponchera” no está demostrada científicamente, pero si una persona bebe en exceso puede aumentar de peso debido al aporte de calorías dado por el alcohol y la cebada (cereal) que contiene la cerveza.

4.- Es una de las bebidas alcohólicas con menos calorías: Un punto a favor para la cerveza es que, en comparación con otras bebidas alcohólicas, tiene un menor aporte calórico. “Pero esto no significa que se pueda consumir en grandes cantidades, porque en este caso sí contribuiría a un aporte mayor de calorías. Actualmente algunos jóvenes consumen más de un litro de cerveza varias veces a la semana, eso no se recomienda en absoluto”, dice la especialista.

5.- No tiene beneficios para la salud: Desde el punto de vista médico la cerveza -ya sea tradicional o artesanal-, no entrega ningún beneficio para la salud. No limpia los riñones pero sí tiene un efecto diurético, por lo que se produce una mayor cantidad de orina tras su ingesta.

6.- Preferir cervezas sin alcohol: Si se trata de beber, es mejor optar por las cervezas sin alcohol. “Tienen menos calorías y al no poseer alcohol son menos tóxicas”, concluye la especialista.




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1.- Las calorías que aporta: Un vaso de 200 cc de cerveza posee 90 calorías, en tanto que una lata de 350cc tiene 150 calorías.

2.- ¿Cuánto consumir?: En cuanto al consumo diario recomendable, la Dra. Rojas explica que “al no tratarse de un alimento, no existe una recomendación de consumo”. La dosis máxima “no debería ser más de una lata en el caso de una mujer y dos latas en el caso de un hombre”. Lo anterior excluye a las personas con problemas de triglicéridos elevados o hígado graso, quienes no deberían consumir alcohol.

3.- La cerveza en exceso sí engorda: La creencia de que la cerveza ayuda a aumentar la “ponchera” no está demostrada científicamente, pero si una persona bebe en exceso puede aumentar de peso debido al aporte de calorías dado por el alcohol y la cebada (cereal) que contiene la cerveza.

4.- Es una de las bebidas alcohólicas con menos calorías: Un punto a favor para la cerveza es que, en comparación con otras bebidas alcohólicas, tiene un menor aporte calórico. “Pero esto no significa que se pueda consumir en grandes cantidades, porque en este caso sí contribuiría a un aporte mayor de calorías. Actualmente algunos jóvenes consumen más de un litro de cerveza varias veces a la semana, eso no se recomienda en absoluto”, dice la especialista.

5.- No tiene beneficios para la salud: Desde el punto de vista médico la cerveza -ya sea tradicional o artesanal-, no entrega ningún beneficio para la salud. No limpia los riñones pero sí tiene un efecto diurético, por lo que se produce una mayor cantidad de orina tras su ingesta.

6.- Preferir cervezas sin alcohol: Si se trata de beber, es mejor optar por las cervezas sin alcohol. “Tienen menos calorías y al no poseer alcohol son menos tóxicas”, concluye la especialista.




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Ayer, especialistas europeos en distintas ramas como la medicina, nutrición y alimentación se reunieron en la Biblioteca Solvay de Bruselas en el marco del VI European Beer and Health Symposium con el fin de analizar las últimas evidencias científicas en torno al consumo moderado de cerveza y su relación con nuestra salud.

Mejora la capacidad antioxidante de la leche materna

La investigación concluyó que las madres que habían seguido la dieta suplementada con cerveza sin alcohol presentaban un menor daño en la oxidación celular, así como un aumento antioxidante, tanto en la sangre, como en la orina

Olvidar la dieta mediterránea tendría consecuencias desastrosas


Por su parte, el Dr. Ramón Estruch, Consultor de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona, explicó que las bebidas fermentadas forman parte de la Dieta Mediterránea, declarada recientemente Patrimonio Intangible de la Humanidad por la UNESCO. Según afirmó en el Beer and Health: “el aceite de oliva, el trigo y las bebidas fermentadas como el vino y la cerveza desempeñan un papel importante en esta dieta, junto con la fruta y las verduras, el grano, las nueces, los productos lácteos y el pescado y advierte que el olvido de la Dieta Mediterránea tendría consecuencias desastrosas para nuestra salud, nuestra agricultura o nuestros paisajes”. Es más, la cerveza se realiza con materias primas que son indispensables en la agricultura de muchos países, además de tener una larga historia cultural que a menudo se minusvalora en el mundo occidental.

La cerveza: saludable para los deportistas


El Dr. Castillo Garzón, Catedrático de la Universidad de Granada, expuso las principales conclusiones de su investigación realizada sobre el papel de la cerveza en la recuperación del metabolismo del deportista. El estudio del doctor granadino, concluye que el consumo moderado de cerveza puede contribuir a mantener niveles más altos de glucosa plasmática y atenuar las respuestas hormonales de estrésLas maltodextrinas, carbohidratos de gran interés para la nutrición deportiva y presentes en la cerveza, corrigen la posibilidad de hipoglucemia, ya que se metabolizan lentamente liberando unidades de glucosa que pasan progresivamente a la sangre y dan lugar a concentraciones de glucosa en plasma menos elevadas y más extendidas. Por otro lado, el consumo moderado de esta bebida estrella, tanto en su variedad tradicional como sin alcohol, tras realizar ejercicio físico en condiciones de elevada temperatura ambiental y abundante transpiración, puede permitir recuperar las pérdidas hídricas en medidas similares al agua.



Otro mito desterrado: la barriga cervecera


Según el Dr. Vernon Astrup, quien ha dado a conocer una revisión de las últimas investigaciones sobre el consumo moderado de cerveza y su relación con el peso corporal, concluye que no hay evidencias científicas que apoyen que el consumo moderado de cerveza produce una mayor masa y peso corporal. Los factores de riesgo bien establecidos para la mal denominada barriga cervecera son el sexo masculino, la edad, el tabaquismo, la falta de actividad física, el estrés mental, la alteración del suelo, la elevada ingesta de grasas trans y el consumo de determinados medicamentos.


La cerveza ayuda a mejorar la salud cardiovascular, ósea y neuronal


la ingesta escasa o moderada de alcohol se ha propuesto como factor protector contra el desarrollo de cambios relacionados con la edad en la función cognitiva, síndrome de predemencia y deterioro cognitivo de origen degenerativo(enfermedad de Alzheimer) o vascular (demencia vascular) en varios estudios longitudinales, pero también existen resultados opuestos. Según Sofritti, “En este momento no hay indicios de que el consumo escaso o moderado de alcohol sea dañino para la cognición y la demencia, y no es posible definir un nivel beneficioso específico de ingesta de alcohol”.







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Ayer, especialistas europeos en distintas ramas como la medicina, nutrición y alimentación se reunieron en la Biblioteca Solvay de Bruselas en el marco del VI European Beer and Health Symposium con el fin de analizar las últimas evidencias científicas en torno al consumo moderado de cerveza y su relación con nuestra salud.

Mejora la capacidad antioxidante de la leche materna

La investigación concluyó que las madres que habían seguido la dieta suplementada con cerveza sin alcohol presentaban un menor daño en la oxidación celular, así como un aumento antioxidante, tanto en la sangre, como en la orina

Olvidar la dieta mediterránea tendría consecuencias desastrosas


Por su parte, el Dr. Ramón Estruch, Consultor de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona, explicó que las bebidas fermentadas forman parte de la Dieta Mediterránea, declarada recientemente Patrimonio Intangible de la Humanidad por la UNESCO. Según afirmó en el Beer and Health: “el aceite de oliva, el trigo y las bebidas fermentadas como el vino y la cerveza desempeñan un papel importante en esta dieta, junto con la fruta y las verduras, el grano, las nueces, los productos lácteos y el pescado y advierte que el olvido de la Dieta Mediterránea tendría consecuencias desastrosas para nuestra salud, nuestra agricultura o nuestros paisajes”. Es más, la cerveza se realiza con materias primas que son indispensables en la agricultura de muchos países, además de tener una larga historia cultural que a menudo se minusvalora en el mundo occidental.

La cerveza: saludable para los deportistas


El Dr. Castillo Garzón, Catedrático de la Universidad de Granada, expuso las principales conclusiones de su investigación realizada sobre el papel de la cerveza en la recuperación del metabolismo del deportista. El estudio del doctor granadino, concluye que el consumo moderado de cerveza puede contribuir a mantener niveles más altos de glucosa plasmática y atenuar las respuestas hormonales de estrésLas maltodextrinas, carbohidratos de gran interés para la nutrición deportiva y presentes en la cerveza, corrigen la posibilidad de hipoglucemia, ya que se metabolizan lentamente liberando unidades de glucosa que pasan progresivamente a la sangre y dan lugar a concentraciones de glucosa en plasma menos elevadas y más extendidas. Por otro lado, el consumo moderado de esta bebida estrella, tanto en su variedad tradicional como sin alcohol, tras realizar ejercicio físico en condiciones de elevada temperatura ambiental y abundante transpiración, puede permitir recuperar las pérdidas hídricas en medidas similares al agua.



Otro mito desterrado: la barriga cervecera


Según el Dr. Vernon Astrup, quien ha dado a conocer una revisión de las últimas investigaciones sobre el consumo moderado de cerveza y su relación con el peso corporal, concluye que no hay evidencias científicas que apoyen que el consumo moderado de cerveza produce una mayor masa y peso corporal. Los factores de riesgo bien establecidos para la mal denominada barriga cervecera son el sexo masculino, la edad, el tabaquismo, la falta de actividad física, el estrés mental, la alteración del suelo, la elevada ingesta de grasas trans y el consumo de determinados medicamentos.


La cerveza ayuda a mejorar la salud cardiovascular, ósea y neuronal


la ingesta escasa o moderada de alcohol se ha propuesto como factor protector contra el desarrollo de cambios relacionados con la edad en la función cognitiva, síndrome de predemencia y deterioro cognitivo de origen degenerativo(enfermedad de Alzheimer) o vascular (demencia vascular) en varios estudios longitudinales, pero también existen resultados opuestos. Según Sofritti, “En este momento no hay indicios de que el consumo escaso o moderado de alcohol sea dañino para la cognición y la demencia, y no es posible definir un nivel beneficioso específico de ingesta de alcohol”.







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