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Cada 17 de octubre tiene lugar la conmemoración del Día Mundial de la Menopausia. Esta jornada es promovida por la Sociedad Internacional de la Menopausia y actúa como vía para crear conciencia en cuanto a la importancia de la evaluación y prevención de la salud de las mujeres durante este período de la vida.

El Día Mundial de la Menopausia se presenta como la jornada ideal para que los países activen sus programas de educación mediante los cuales las mujeres pueden conocer sobre cómo transitar esta etapa y lograr prevenir las eventuales consecuencias. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se prevé que dentro de 30 años la población mundial de mujeres con 50 años de edad en adelante alcanzará a los mil millones; es decir, esta cifra triplicará a la registrada en 1990.

Conceptos, características y síntomas
La menopausia se define como el cese permanente de la menstruación y tiene correlaciones fisiológicas con la declinación de la secreción de estrógenos ante la pérdida de la función folicular; se trata de un proceso lento y largo de envejecimiento reproductivo. El último período suele suceder, en promedio, a los 52 años de edad.

El climaterio consiste en la fase de transición entre la etapa reproductiva y no reproductiva de la mujer. En este contexto, la disminución de los niveles de las hormonas femeninas hasta su desaparición total provoca el surgimiento de una serie de signos y síntomas; su aparición, gravedad e importancia -con respecto al empeoramiento de la calidad de vida- depende de cada mujer. En tanto, actualmente existe un gran número de opciones terapéuticas que pueden ayudar a paliar estos síntomas o trastornos.

La menopausia comprende tres fases:
Premenopausia: es el período reproductivo de la mujer anterior a la menopausia.
Perimenopausia: consiste en el tiempo previo a la menopausia en el que aparecen los eventos endocrinológicos, biológicos y clínicos de aproximación a la menopausia. También comprende el año posterior a la menopausia.
Postmenopausia: se extiende desde la última menstruación en adelante.

Recomendaciones
Con el fin de que la etapa del climaterio transcurra con naturalidad, es necesario adoptar ciertos hábitos de vida saludables que eviten o retrasen la aparición de enfermedades relacionadas con la edad:

Dieta adecuada para evitar el exceso de peso y la obesidad. La menopausia está vinculada a cambios metabólicos que suelen producir un incremento en la grasa corporal: a los 20 años es del 26%, a los 40 alcanza el 33% y a los 50 llega al 42%. Se debe tener en cuenta que la vida sedentaria acelera este proceso, y que en muchas mujeres se produce un aumento de peso, mientras que en otras aparecen solamente modificaciones en la distribución de la grasa pero sin traducirse en cambios al momento de pesarse. Esta realidad representa un factor de riesgo cardiovascular.

Actividad física. Los adultos que son físicamente activos reciben muchos beneficios y esto ayuda a mantener un peso corporal deseable; el ejercicio construye músculos fuertes, fortalece el corazón y los pulmones, disminuye la presión sanguínea, y protege contra enfermedades cardíacas, la diabetes, el cáncer, la osteoporosis y la menopausia temprana. El sedentarismo es una de las 10 causas principales, a nivel mundial, de muerte e incapacidad.

Evitar los hábitos tóxicos. Son entendidos como el consumo de tabaco o la ingesta de cantidades excesivas de alcohol y cafeína. El tabaquismo se encuentra asociado a efectos antiestrogénicos; en el caso de las fumadoras, la incidencia en la menopausia precoz es significativamente mayor que en las no consumidoras. Además, agrava el riesgo de adquirir enfermedades por deficiencia de estrógeno -como osteoporosis fisiológica- y se genera un mayor riesgo a la exposición de fracturas óseas, tanto vertebral como del hueso fémur.

La principal causa de mortalidad tras la menopausia es la enfermedad cardiovascular; las personas con alto riesgo deberían modificar su estilo de vida y tratar los factores de riesgo. Los estudios adecuados son fundamentales para la detección precoz.




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Cada 17 de octubre tiene lugar la conmemoración del Día Mundial de la Menopausia. Esta jornada es promovida por la Sociedad Internacional de la Menopausia y actúa como vía para crear conciencia en cuanto a la importancia de la evaluación y prevención de la salud de las mujeres durante este período de la vida.

El Día Mundial de la Menopausia se presenta como la jornada ideal para que los países activen sus programas de educación mediante los cuales las mujeres pueden conocer sobre cómo transitar esta etapa y lograr prevenir las eventuales consecuencias. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se prevé que dentro de 30 años la población mundial de mujeres con 50 años de edad en adelante alcanzará a los mil millones; es decir, esta cifra triplicará a la registrada en 1990.

Conceptos, características y síntomas
La menopausia se define como el cese permanente de la menstruación y tiene correlaciones fisiológicas con la declinación de la secreción de estrógenos ante la pérdida de la función folicular; se trata de un proceso lento y largo de envejecimiento reproductivo. El último período suele suceder, en promedio, a los 52 años de edad.

El climaterio consiste en la fase de transición entre la etapa reproductiva y no reproductiva de la mujer. En este contexto, la disminución de los niveles de las hormonas femeninas hasta su desaparición total provoca el surgimiento de una serie de signos y síntomas; su aparición, gravedad e importancia -con respecto al empeoramiento de la calidad de vida- depende de cada mujer. En tanto, actualmente existe un gran número de opciones terapéuticas que pueden ayudar a paliar estos síntomas o trastornos.

La menopausia comprende tres fases:
Premenopausia: es el período reproductivo de la mujer anterior a la menopausia.
Perimenopausia: consiste en el tiempo previo a la menopausia en el que aparecen los eventos endocrinológicos, biológicos y clínicos de aproximación a la menopausia. También comprende el año posterior a la menopausia.
Postmenopausia: se extiende desde la última menstruación en adelante.

Recomendaciones
Con el fin de que la etapa del climaterio transcurra con naturalidad, es necesario adoptar ciertos hábitos de vida saludables que eviten o retrasen la aparición de enfermedades relacionadas con la edad:

Dieta adecuada para evitar el exceso de peso y la obesidad. La menopausia está vinculada a cambios metabólicos que suelen producir un incremento en la grasa corporal: a los 20 años es del 26%, a los 40 alcanza el 33% y a los 50 llega al 42%. Se debe tener en cuenta que la vida sedentaria acelera este proceso, y que en muchas mujeres se produce un aumento de peso, mientras que en otras aparecen solamente modificaciones en la distribución de la grasa pero sin traducirse en cambios al momento de pesarse. Esta realidad representa un factor de riesgo cardiovascular.

Actividad física. Los adultos que son físicamente activos reciben muchos beneficios y esto ayuda a mantener un peso corporal deseable; el ejercicio construye músculos fuertes, fortalece el corazón y los pulmones, disminuye la presión sanguínea, y protege contra enfermedades cardíacas, la diabetes, el cáncer, la osteoporosis y la menopausia temprana. El sedentarismo es una de las 10 causas principales, a nivel mundial, de muerte e incapacidad.

Evitar los hábitos tóxicos. Son entendidos como el consumo de tabaco o la ingesta de cantidades excesivas de alcohol y cafeína. El tabaquismo se encuentra asociado a efectos antiestrogénicos; en el caso de las fumadoras, la incidencia en la menopausia precoz es significativamente mayor que en las no consumidoras. Además, agrava el riesgo de adquirir enfermedades por deficiencia de estrógeno -como osteoporosis fisiológica- y se genera un mayor riesgo a la exposición de fracturas óseas, tanto vertebral como del hueso fémur.

La principal causa de mortalidad tras la menopausia es la enfermedad cardiovascular; las personas con alto riesgo deberían modificar su estilo de vida y tratar los factores de riesgo. Los estudios adecuados son fundamentales para la detección precoz.




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El calcio es el mineral más abundante en nuestro cuerpo. Un adulto, por término medio, tiene alrededor de 1 kg, almacenándose en los huesos y los dientes que en más de un 99%, lo que contribuye a que sean fuertes y resistentes. El resto se encuentra en la sangre, los músculos y el líquido intercelular. Sin embargo este balance es diferente a lo largo de la vida. Desde el nacimiento hasta alcanzar su punto máximo alrededor de los 30 años, la masa ósea aumenta. Entre los 30 y 35 años, el cuerpo comienza a perder hueso más rápidamente de lo que puede formarlo.

El organismo necesita el calcio para ayudar a que los músculos y los vasos sanguíneos se contraigan y se relajen, para secretar hormonas y enzimas y enviar mensajes a través del sistema nervioso. A su vez, el cuerpo necesita vitamina D para absorber dicho calcio. Esta vitamina se puede obtener: a través de la piel (al sintetizarse con la exposición a la luz del sol), con la ingestión de ciertos alimentos y por medio de suplementos.

Una dieta pobre en calcio provoca los calambres musculares y obliga al cuerpo a obtenerla de la reserva contenida en los huesos. La ingesta inadecuada prolongada conlleva una estructura ósea deficiente, con las consiguientes fracturas. La pérdida de calcio aumenta con la actividad física extenuante (con la sudoración) y el reposo en cama prolongado (por la falta de tensión sobre los huesos).

La cantidad exacta de calcio que se necesita depende de la edad: los niños y los adolescentes en etapa de crecimiento necesitan más calcio que los adultos jóvenes; las mujeres mayores necesitan mucho calcio para prevenir la osteoporosis.

Menopausia


Cuando se retira la menstruación (menopausia), lo que generalmente ocurre alrededor de los 51 años, la pérdida de masa ósea se acelera drásticamente. Los ovarios dejan de producir estrógeno, una hormona que inhibe tanto la deposición de calcio en los huesos como la liberación del mismo desde éstos. Aunque pudiera parecer lo contrario, esto hace que el nivel de calcificación de los huesos se prolongue, siendo por ello beneficioso.


Con el tiempo, la pérdida excesiva de hueso puede inicialmente causar la osteopenia (disminución de la masa ósea) y posteriormente la osteoporosis.

Tomar el sol favorece la sintetización de Vitamina D necesaria para absober el calcio…

Osteoporosis
La osteoporosis ocasiona la degeneración prematura de los huesos, lo que revierte en la mayor posibilidad de fracturas. Cualquier persona puede padecer osteoporosis, pero es más común entre mujeres de edad avanzada. Casi la mitad de todas las mujeres y una cuarta parte de los hombres mayores de 50 años se fracturará un hueso debido a la osteoporosis.

También existen otros factores de riesgo como: ser de constitución pequeña y delgada, contar con antecedentes familiares de osteoporosis, tomar ciertos medicamentos como esteroides, ser mujer de raza blanca o asiática, beber demasiado alcohol, fumar, hacer poco o ningún ejercicio.

El exceso de calcio en la dieta produce osteoporosis…

Para mantener huesos resistentes es necesaria una dieta rica en calcio -aunque no en exceso ya que esto también provoca osteoporosis- y vitamina D, practique ejercicios y no fume. Si es necesario, existen medicamentos que también pueden serle de ayuda. Los alimentos ricos en calcio incluyen los productos lácteos, como la leche y el queso de oveja, el pescado, como el salmón y los calamares, y los vegetales con hojas verdes, como el perejil y los canónigos, y frutos como las almendras o los higos secos.

Las personas que no ingieren suficientes alimentos ricos en calcio deben tomar suplementos de calcio. Éstos se absorben mejor cuando se toman en dosis pequeñas (500 mg o menos) varias veces al día…




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El calcio es el mineral más abundante en nuestro cuerpo. Un adulto, por término medio, tiene alrededor de 1 kg, almacenándose en los huesos y los dientes que en más de un 99%, lo que contribuye a que sean fuertes y resistentes. El resto se encuentra en la sangre, los músculos y el líquido intercelular. Sin embargo este balance es diferente a lo largo de la vida. Desde el nacimiento hasta alcanzar su punto máximo alrededor de los 30 años, la masa ósea aumenta. Entre los 30 y 35 años, el cuerpo comienza a perder hueso más rápidamente de lo que puede formarlo.

El organismo necesita el calcio para ayudar a que los músculos y los vasos sanguíneos se contraigan y se relajen, para secretar hormonas y enzimas y enviar mensajes a través del sistema nervioso. A su vez, el cuerpo necesita vitamina D para absorber dicho calcio. Esta vitamina se puede obtener: a través de la piel (al sintetizarse con la exposición a la luz del sol), con la ingestión de ciertos alimentos y por medio de suplementos.

Una dieta pobre en calcio provoca los calambres musculares y obliga al cuerpo a obtenerla de la reserva contenida en los huesos. La ingesta inadecuada prolongada conlleva una estructura ósea deficiente, con las consiguientes fracturas. La pérdida de calcio aumenta con la actividad física extenuante (con la sudoración) y el reposo en cama prolongado (por la falta de tensión sobre los huesos).

La cantidad exacta de calcio que se necesita depende de la edad: los niños y los adolescentes en etapa de crecimiento necesitan más calcio que los adultos jóvenes; las mujeres mayores necesitan mucho calcio para prevenir la osteoporosis.

Menopausia


Cuando se retira la menstruación (menopausia), lo que generalmente ocurre alrededor de los 51 años, la pérdida de masa ósea se acelera drásticamente. Los ovarios dejan de producir estrógeno, una hormona que inhibe tanto la deposición de calcio en los huesos como la liberación del mismo desde éstos. Aunque pudiera parecer lo contrario, esto hace que el nivel de calcificación de los huesos se prolongue, siendo por ello beneficioso.


Con el tiempo, la pérdida excesiva de hueso puede inicialmente causar la osteopenia (disminución de la masa ósea) y posteriormente la osteoporosis.

Tomar el sol favorece la sintetización de Vitamina D necesaria para absober el calcio…

Osteoporosis
La osteoporosis ocasiona la degeneración prematura de los huesos, lo que revierte en la mayor posibilidad de fracturas. Cualquier persona puede padecer osteoporosis, pero es más común entre mujeres de edad avanzada. Casi la mitad de todas las mujeres y una cuarta parte de los hombres mayores de 50 años se fracturará un hueso debido a la osteoporosis.

También existen otros factores de riesgo como: ser de constitución pequeña y delgada, contar con antecedentes familiares de osteoporosis, tomar ciertos medicamentos como esteroides, ser mujer de raza blanca o asiática, beber demasiado alcohol, fumar, hacer poco o ningún ejercicio.

El exceso de calcio en la dieta produce osteoporosis…

Para mantener huesos resistentes es necesaria una dieta rica en calcio -aunque no en exceso ya que esto también provoca osteoporosis- y vitamina D, practique ejercicios y no fume. Si es necesario, existen medicamentos que también pueden serle de ayuda. Los alimentos ricos en calcio incluyen los productos lácteos, como la leche y el queso de oveja, el pescado, como el salmón y los calamares, y los vegetales con hojas verdes, como el perejil y los canónigos, y frutos como las almendras o los higos secos.

Las personas que no ingieren suficientes alimentos ricos en calcio deben tomar suplementos de calcio. Éstos se absorben mejor cuando se toman en dosis pequeñas (500 mg o menos) varias veces al día…




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Las mujeres que practican deporte entre ocho y diez horas por semana o que ingieren más grasas poliinsaturadas son más propensas a alcanzar la menopausia antes que aquellas que no siguen estos hábitos, según se ha podido desprender de un estudio de la Universidad Gifu, situada en Japón. Estos resultados podrían ser importantes para prevenir el cáncer.



Concretamente, los investigadores, que han publicado los resultados en la revista 'Menopause', evaluaron a más de 3.100 mujeres premenopáusicas durante una década y llegaron a la conclusión de que el 17 por ciento de las mujeres que hacían ejercicio durante ocho y diez horas eran más propensas a comenzar la menopausia durante el tiempo de estudio que aquellas con vidas más sedentarias.
Asimismo, las mujeres que comían más grasas poliinsaturadas, que se encuentran en muchos pescados y aceites vegetales, eran un 15 por ciento más proclives a llegar a la menopausia durante el período de investigación que aquellas que ingerían la menor cantidad de estos alimentos.
Para realizar el estudio, se facilitaron cuestionarios sobre alimentación y ejercicio a mujeres de 35 a 56 años al inicio de la investigación. Durante la siguiente década, casi 1.800 de ellas entraron en la menopausia.

Durante la menopausia, que suele iniciarse entre los 41 y los 55 años, los ovarios femeninos dejan de producir óvulos y la mujer ya no puede quedarse embarazada.
Según la presidenta de la Sociedad Norteamericana de la Menopausia, Joann Manson, este fenómeno hace que las mujeres tengan menor exposición a niveles elevados de estrógeno, que promueve los tumores mamarios, lo que explicaría por qué la menopausia temprana está ligada a menor riesgo de cáncer de pecho.
"El buen mensaje de este estudio es que la actividad física regular y los patrones habituales de salud cardiaca son aconsejables para reducir el riesgo de osteoporosis y de varios cánceres ligados a las hormonas", ha señalado. "Es un efecto modesto, pero importa", ha matizado.



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Concretamente, los investigadores, que han publicado los resultados en la revista 'Menopause', evaluaron a más de 3.100 mujeres premenopáusicas durante una década y llegaron a la conclusión de que el 17 por ciento de las mujeres que hacían ejercicio durante ocho y diez horas eran más propensas a comenzar la menopausia durante el tiempo de estudio que aquellas con vidas más sedentarias.
Asimismo, las mujeres que comían más grasas poliinsaturadas, que se encuentran en muchos pescados y aceites vegetales, eran un 15 por ciento más proclives a llegar a la menopausia durante el período de investigación que aquellas que ingerían la menor cantidad de estos alimentos.
Para realizar el estudio, se facilitaron cuestionarios sobre alimentación y ejercicio a mujeres de 35 a 56 años al inicio de la investigación. Durante la siguiente década, casi 1.800 de ellas entraron en la menopausia.

Durante la menopausia, que suele iniciarse entre los 41 y los 55 años, los ovarios femeninos dejan de producir óvulos y la mujer ya no puede quedarse embarazada.
Según la presidenta de la Sociedad Norteamericana de la Menopausia, Joann Manson, este fenómeno hace que las mujeres tengan menor exposición a niveles elevados de estrógeno, que promueve los tumores mamarios, lo que explicaría por qué la menopausia temprana está ligada a menor riesgo de cáncer de pecho.
"El buen mensaje de este estudio es que la actividad física regular y los patrones habituales de salud cardiaca son aconsejables para reducir el riesgo de osteoporosis y de varios cánceres ligados a las hormonas", ha señalado. "Es un efecto modesto, pero importa", ha matizado.



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