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La inactividad hace aumentar la fatiga. ¿Cómo es posible? Así estropeas tu cuerpo y tu salud si te pasas el día tumbado.

Parece una contradicción, pero cuanta menos actividad física hagas, más cansado te sentirás. Es un círculo vicioso: estás cansado, así que no te mueves, lo que hace que estés más cansado todavía.

Estos son los principales motivos por los que no hacer nada cansa tanto:
  • Cortisol alto: el trabajo, las prisas, la ansiedad, las relaciones personales, todo eso provoca estrés y hace que aumenten nuestros niveles de cortisol. La forma más efectiva de hacer que descienda el cortisol es la actividad física. Si no te mueves, los niveles de cortisol se mantienen elevados.
  • Falta de sueño: el cortisol elevado hace que descienda la serotonina, el neurotransmisor que entre otras cosas regula el sueño. Si no duermes bien, estarás fatigado durante el día. Por el contrario, cuando haces deporte aumentan tus niveles de serotonina y duermes mejor.
  • Pérdida de masa muscular: si te cuesta levantar una caja de botellas o subir unas escaleras no es porque estés cansado, sino porque estás perdiendo músculo. La inactividad hace que el músculo se atrofie, con lo que serás más débil y te fatigarás con facilidad.
  • Aumento de grasa: el cortisol alto, la falta de sueño y la pérdida de músculo tienen como consecuencia directa la acumulación de grasa. La grasa es peso extra que tienes que cargar todo el día, precisamente cuando estás más débil.
  • Pérdida de capacidad cardiovascular: el corazón también es un músculo. Si no haces aumentar tus pulsaciones al menos una vez al día, tendrás un corazón débil que bombea menos sangre. Eso quiere decir que necesita latir más rápido para hacer el mismo trabajo y llega menos oxígeno a tus células.
  • Antojos y comida basura: cuando el cortisol aumenta y la serotonina baja, tu cerebro busca energía rápida. Eso quiere decir que tienes antojos de comer azúcar y fritos. La combinación de grasa y azúcar sabotea tu control del apetito, y comes más de la cuenta. Más kilos de grasa en tu cintura, más fatiga.
Por cierto, si añades el tabaco a la ecuación todos los factores anteriores se multiplican. La mejor forma de dejar de estar cansados es acabar cada día cansados por un buen motivo. ¡Hay que moverse! Camina, sube escaleras, corre, ve al gimnasio, pasa más tiempo de pie. Tu cuerpo cambiará, dormirás mejor y tu salud te lo agradecerá.




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La inactividad hace aumentar la fatiga. ¿Cómo es posible? Así estropeas tu cuerpo y tu salud si te pasas el día tumbado.

Parece una contradicción, pero cuanta menos actividad física hagas, más cansado te sentirás. Es un círculo vicioso: estás cansado, así que no te mueves, lo que hace que estés más cansado todavía.

Estos son los principales motivos por los que no hacer nada cansa tanto:
  • Cortisol alto: el trabajo, las prisas, la ansiedad, las relaciones personales, todo eso provoca estrés y hace que aumenten nuestros niveles de cortisol. La forma más efectiva de hacer que descienda el cortisol es la actividad física. Si no te mueves, los niveles de cortisol se mantienen elevados.
  • Falta de sueño: el cortisol elevado hace que descienda la serotonina, el neurotransmisor que entre otras cosas regula el sueño. Si no duermes bien, estarás fatigado durante el día. Por el contrario, cuando haces deporte aumentan tus niveles de serotonina y duermes mejor.
  • Pérdida de masa muscular: si te cuesta levantar una caja de botellas o subir unas escaleras no es porque estés cansado, sino porque estás perdiendo músculo. La inactividad hace que el músculo se atrofie, con lo que serás más débil y te fatigarás con facilidad.
  • Aumento de grasa: el cortisol alto, la falta de sueño y la pérdida de músculo tienen como consecuencia directa la acumulación de grasa. La grasa es peso extra que tienes que cargar todo el día, precisamente cuando estás más débil.
  • Pérdida de capacidad cardiovascular: el corazón también es un músculo. Si no haces aumentar tus pulsaciones al menos una vez al día, tendrás un corazón débil que bombea menos sangre. Eso quiere decir que necesita latir más rápido para hacer el mismo trabajo y llega menos oxígeno a tus células.
  • Antojos y comida basura: cuando el cortisol aumenta y la serotonina baja, tu cerebro busca energía rápida. Eso quiere decir que tienes antojos de comer azúcar y fritos. La combinación de grasa y azúcar sabotea tu control del apetito, y comes más de la cuenta. Más kilos de grasa en tu cintura, más fatiga.
Por cierto, si añades el tabaco a la ecuación todos los factores anteriores se multiplican. La mejor forma de dejar de estar cansados es acabar cada día cansados por un buen motivo. ¡Hay que moverse! Camina, sube escaleras, corre, ve al gimnasio, pasa más tiempo de pie. Tu cuerpo cambiará, dormirás mejor y tu salud te lo agradecerá.




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Si dormiste poco es evidente que estés cansado, pero muchas veces lo estás sin que exista una razón aparente.
Cuando esto pasa es fundamental que analices tu situación actual porque existen múltiples motivos para sentirte fatigado. “Es como pedirle a un pediatra que diga por qué un bebé está llorando, la respuesta podría ser un montón de cosas”, dice el doctor Tanvir Hussain, cardiólogo estadounidense.

Para ayudarte a resolver el misterio, te contamos algunas causas que eventualmente podrían estar afectándote y cómo recuperar tu energía, según revista Prevention.

1. Estás deshidratado

Un estudio publicado en The Journal of Nutrition estableció que una pérdida de agua de sólo un 1,5% puede desencadenar cambios de humor y falta de energía. Los investigadores sospechan que las neuronas en el hipotálamo (región del cerebro) son responsable de controlar, entre otras cosas, la hidratación y la temperatura corporal, lo que puede alterar el estado de ánimo y enviar el mensaje al resto del cuerpo de que necesita más agua.

La solución es simple: beber más agua, alrededor de 8 vasos al día. Pero esto tampoco supone una medida única para todos, ya que las necesidades de hidratación varían en función del clima o el ejercicio, entre otros factores.
En general, un indicador de buena hidratación es orinar al menos cada tres horas y que la orina tenga un color amarillo claro, dice Gina Sirchio, médico quiropráctico y especialista en nutrición en el Instituto de Salud Lagrange en Chicago.

2. Te falta vitamina B12

El cuerpo necesita vitamina B12 para producir glóbulos rojos y mantener las neuronas funcionando correctamente. La deficiencia de este elemento disminuye la cantidad de oxígeno que la sangre traslada a través del cuerpo, dejándote con la sensación de haber dormido mal.

A medida que envejecemos vamos perdiendo la capacidad de absorber esta vitamina que se encuentra en alimentos de origen animal. Por ello, los vegetarianos tienen más riesgo de agotarse, al igual que las personas que han tenido cirugías estomacales o intestinales, ya que estos procedimientos pueden alterar el tejido que actúa en la absorción de B12, dice Sirchio. Incluso los niveles bajos, no tan preocupantes, pueden desencadenar en agotamiento.

Si además de la fatiga, tienes falta de memoria, piernas inquietas, entumecimiento y hormigueo, considera la vitamina B12 como un culpable potencial. Consulta a tu médico o nutricionista por un examen de sangre que mida sus niveles.

De ser así, es probable que necesites suplementos. Sólo tu médico debe decirte cuánto tomar, pero las dosis típicas oscilan entre 100 y 500 mcg.

3. Estás abrumado por el estrés

Los niveles de cortisol, la hormona del estrés, comúnmente se elevan por la mañana y bajan por la noche, lo que ayuda a mantener un ritmo diario normal. Pero el estrés crónico hace que este patrón se descontrole en cualquier dirección, dice Marc Bubbs, fundador de Naturopathic Sports Medicine en Toronto.

Si tu cuerpo permanece en estado de estrés constante, tus niveles de cortisol no descienden por la noche, interrumpiendo el sueño. O bien, las glándulas suprarrenales pueden llegar a quedarse atrás en la producción de cortisol, dejándote somnoliento en la mañana.

Si es tu caso, tómate al menos 15 minutos al día para meditar, reflexionar y descansar. También puedes relajarte con Yoga u otra actividad.

4. Enfermedades cardíacas

Según un estudio publicado en la revista Heart & Lung, la mitad de las mujeres que habían sufrido infartos dijeron que tenían problemas para dormir y se sentían inusualmente cansados ​​en las semanas antes. El cansancio extremo y dificultad para respirar al hacer ejercicio o subir escaleras, son una advertencia. Un músculo cardíaco débil reduce el flujo de sangre, evitando que los músculos y tejidos reciban el oxígeno que necesitan para funcionar correctamente.
Si te sientes así, debes acudir a un médico. Así que ojo si tienes síntomas como cansancio repentino, dolor de pecho, ansiedad y dificultad para concentrarte. Lo más seguro es que te recomienden una prueba de esfuerzo o ecocardiograma para detectar enfermedades del corazón, dice Hussain.

5. Tus niveles de hierro son demasiado bajos o altos

Muchos saben que la anemia conduce a la fatiga, pero no debes asumir que los suplementos de hierro contrarrestan esto. Si bien los niveles bajos de hierro hacen que las células rojas de la sangre mal formadas priven al cuerpo de oxígeno; tomar demasiado hierro puede agotarte también, dice Sirchio.

Es importante que tengas en cuenta los factores de riesgo. La deficiencia de hierro afecta regularmente a los vegetarianos, las personas con enfermedades digestivas o problemas de la tiroides, las mujeres que consumen anticonceptivos hormonales, y las que tienen un flujo menstrual muy abundante.

Por otro lado, los niveles altos pueden ser hereditarias o resultado de la ingesta de suplementos, y con frecuencia causan otros síntomas que incluyen sensación de frío, adelgazamiento del pelo y las uñas, o mareos al ponerse de pie.

Encontrar el justo equilibrio es importante, así que no tomes pastillas de hierro por tu cuenta, advierte Sirchio, quien recomienda conversar con el médico primero y realizarse análisis de sangre anuales para comprobar los niveles. Si son anormales, debes chequearte mensualmente hasta que se estabilicen, y luego cada tres a seis meses hasta que se vuelvan constantemente normales.

6. No estás haciendo ejercicio

Si esto se suma al estrés crónico, tu energía estará más que en baja, dice Bubbs. Si estás estresado y no descargas la tensión, tu cortisol se seguirá disparando, afectando tu sueño durante la noche.

Comienza a hacer ejercicio moderado por 150 minutos a la semana o 75 si es actividad enérgica. Un estudio de Medicine & Science in Sports & Exercise, determinó que quienes se ejercitan sienten menos fatiga que quienes no lo hacen.

7. Te ejercitas demasiado

Los extremos no son buenos, así que si te ejercitas demasiado también podrías fatigarte y tener dificultades para dormir profundamente. Procura no sobreexigirte y conocer tus límites, pues los ejercicios en exceso también pueden provocar un aumento de cortisol por el estrés físico.
Si haces ejercicio regularmente y de pronto sientes que te cansas con mayor facilidad, puede que te estés extralimitando. Trata de tomar unos días de descanso y luego regresa a tu rutina, haciendo un 25% del ejercicio que hacías antes, añadiendo otro 25% cada semana, aconseja Tom Holland, triatleta y autor de El Método de Maratón.

8. Tienes una infección del tracto urinario

Alrededor de la mitad de las mujeres que sufren infecciones urinarias reportan fatiga y malestar general, aumentando entre las personas de 40 años o más, dice Ashley Carroll, profesor asistente de Uroginecología de la Virginia Commonwealth University. “Básicamente, es la manera en que tu cuerpo te obliga a descansar con el fin de concentrar la energía en la lucha contra la infección”, dice Carroll.

Si sospechas que padeces una infección urinaria concurre al médico para que te recete antibióticos. Tus síntomas deberían desaparecer en 7 a 10 días después de terminar el tratamiento. Mientras te recuperas, descansa, mantente hidratado y lleva una dieta saludable, aconseja Carroll.




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Si dormiste poco es evidente que estés cansado, pero muchas veces lo estás sin que exista una razón aparente.
Cuando esto pasa es fundamental que analices tu situación actual porque existen múltiples motivos para sentirte fatigado. “Es como pedirle a un pediatra que diga por qué un bebé está llorando, la respuesta podría ser un montón de cosas”, dice el doctor Tanvir Hussain, cardiólogo estadounidense.

Para ayudarte a resolver el misterio, te contamos algunas causas que eventualmente podrían estar afectándote y cómo recuperar tu energía, según revista Prevention.

1. Estás deshidratado

Un estudio publicado en The Journal of Nutrition estableció que una pérdida de agua de sólo un 1,5% puede desencadenar cambios de humor y falta de energía. Los investigadores sospechan que las neuronas en el hipotálamo (región del cerebro) son responsable de controlar, entre otras cosas, la hidratación y la temperatura corporal, lo que puede alterar el estado de ánimo y enviar el mensaje al resto del cuerpo de que necesita más agua.

La solución es simple: beber más agua, alrededor de 8 vasos al día. Pero esto tampoco supone una medida única para todos, ya que las necesidades de hidratación varían en función del clima o el ejercicio, entre otros factores.
En general, un indicador de buena hidratación es orinar al menos cada tres horas y que la orina tenga un color amarillo claro, dice Gina Sirchio, médico quiropráctico y especialista en nutrición en el Instituto de Salud Lagrange en Chicago.

2. Te falta vitamina B12

El cuerpo necesita vitamina B12 para producir glóbulos rojos y mantener las neuronas funcionando correctamente. La deficiencia de este elemento disminuye la cantidad de oxígeno que la sangre traslada a través del cuerpo, dejándote con la sensación de haber dormido mal.

A medida que envejecemos vamos perdiendo la capacidad de absorber esta vitamina que se encuentra en alimentos de origen animal. Por ello, los vegetarianos tienen más riesgo de agotarse, al igual que las personas que han tenido cirugías estomacales o intestinales, ya que estos procedimientos pueden alterar el tejido que actúa en la absorción de B12, dice Sirchio. Incluso los niveles bajos, no tan preocupantes, pueden desencadenar en agotamiento.

Si además de la fatiga, tienes falta de memoria, piernas inquietas, entumecimiento y hormigueo, considera la vitamina B12 como un culpable potencial. Consulta a tu médico o nutricionista por un examen de sangre que mida sus niveles.

De ser así, es probable que necesites suplementos. Sólo tu médico debe decirte cuánto tomar, pero las dosis típicas oscilan entre 100 y 500 mcg.

3. Estás abrumado por el estrés

Los niveles de cortisol, la hormona del estrés, comúnmente se elevan por la mañana y bajan por la noche, lo que ayuda a mantener un ritmo diario normal. Pero el estrés crónico hace que este patrón se descontrole en cualquier dirección, dice Marc Bubbs, fundador de Naturopathic Sports Medicine en Toronto.

Si tu cuerpo permanece en estado de estrés constante, tus niveles de cortisol no descienden por la noche, interrumpiendo el sueño. O bien, las glándulas suprarrenales pueden llegar a quedarse atrás en la producción de cortisol, dejándote somnoliento en la mañana.

Si es tu caso, tómate al menos 15 minutos al día para meditar, reflexionar y descansar. También puedes relajarte con Yoga u otra actividad.

4. Enfermedades cardíacas

Según un estudio publicado en la revista Heart & Lung, la mitad de las mujeres que habían sufrido infartos dijeron que tenían problemas para dormir y se sentían inusualmente cansados ​​en las semanas antes. El cansancio extremo y dificultad para respirar al hacer ejercicio o subir escaleras, son una advertencia. Un músculo cardíaco débil reduce el flujo de sangre, evitando que los músculos y tejidos reciban el oxígeno que necesitan para funcionar correctamente.
Si te sientes así, debes acudir a un médico. Así que ojo si tienes síntomas como cansancio repentino, dolor de pecho, ansiedad y dificultad para concentrarte. Lo más seguro es que te recomienden una prueba de esfuerzo o ecocardiograma para detectar enfermedades del corazón, dice Hussain.

5. Tus niveles de hierro son demasiado bajos o altos

Muchos saben que la anemia conduce a la fatiga, pero no debes asumir que los suplementos de hierro contrarrestan esto. Si bien los niveles bajos de hierro hacen que las células rojas de la sangre mal formadas priven al cuerpo de oxígeno; tomar demasiado hierro puede agotarte también, dice Sirchio.

Es importante que tengas en cuenta los factores de riesgo. La deficiencia de hierro afecta regularmente a los vegetarianos, las personas con enfermedades digestivas o problemas de la tiroides, las mujeres que consumen anticonceptivos hormonales, y las que tienen un flujo menstrual muy abundante.

Por otro lado, los niveles altos pueden ser hereditarias o resultado de la ingesta de suplementos, y con frecuencia causan otros síntomas que incluyen sensación de frío, adelgazamiento del pelo y las uñas, o mareos al ponerse de pie.

Encontrar el justo equilibrio es importante, así que no tomes pastillas de hierro por tu cuenta, advierte Sirchio, quien recomienda conversar con el médico primero y realizarse análisis de sangre anuales para comprobar los niveles. Si son anormales, debes chequearte mensualmente hasta que se estabilicen, y luego cada tres a seis meses hasta que se vuelvan constantemente normales.

6. No estás haciendo ejercicio

Si esto se suma al estrés crónico, tu energía estará más que en baja, dice Bubbs. Si estás estresado y no descargas la tensión, tu cortisol se seguirá disparando, afectando tu sueño durante la noche.

Comienza a hacer ejercicio moderado por 150 minutos a la semana o 75 si es actividad enérgica. Un estudio de Medicine & Science in Sports & Exercise, determinó que quienes se ejercitan sienten menos fatiga que quienes no lo hacen.

7. Te ejercitas demasiado

Los extremos no son buenos, así que si te ejercitas demasiado también podrías fatigarte y tener dificultades para dormir profundamente. Procura no sobreexigirte y conocer tus límites, pues los ejercicios en exceso también pueden provocar un aumento de cortisol por el estrés físico.
Si haces ejercicio regularmente y de pronto sientes que te cansas con mayor facilidad, puede que te estés extralimitando. Trata de tomar unos días de descanso y luego regresa a tu rutina, haciendo un 25% del ejercicio que hacías antes, añadiendo otro 25% cada semana, aconseja Tom Holland, triatleta y autor de El Método de Maratón.

8. Tienes una infección del tracto urinario

Alrededor de la mitad de las mujeres que sufren infecciones urinarias reportan fatiga y malestar general, aumentando entre las personas de 40 años o más, dice Ashley Carroll, profesor asistente de Uroginecología de la Virginia Commonwealth University. “Básicamente, es la manera en que tu cuerpo te obliga a descansar con el fin de concentrar la energía en la lucha contra la infección”, dice Carroll.

Si sospechas que padeces una infección urinaria concurre al médico para que te recete antibióticos. Tus síntomas deberían desaparecer en 7 a 10 días después de terminar el tratamiento. Mientras te recuperas, descansa, mantente hidratado y lleva una dieta saludable, aconseja Carroll.




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El cansancio crónico puede ser síntoma de una enfermedad, eso es cierto, pero también puede ser consecuencia de hábitos perniciosos de nuestra vida diaria que, sin embargo, son a su manera mínimos, fáciles de modificar o erradicar y, por lo mismo, revertir esa sensación de estar constantemente cansados que afecta a algunas personas.

1. Desayuno sin carbohidratos
El desayuno es la comida más importante del día, reza la consigna, a la cual cabría agregar el detalle de los carbohidratos. Como se sabe, los carbohidratos son imprescindibles para que el cuerpo produzca la energía necesaria para realizar todas sus funciones, desde las más elementales hasta las más complejas. Lo que más se recomienda a este respecto son granos enteros, frutas y vegetales (y no harinas refinadas ni azúcar).

2. Medicamentos
El consumo de medicamentos puede forzar la labor del hígado, haciendo que este libre toxinas que fatigan tanto a este órgano como, por efecto paralelo, al resto del cuerpo. Si acaso debes cumplir con un régimen de prescripción médica estricto, consulta con tu doctor si es posible hacer algo al respecto. Pero igualmente evitar tomar medicamentos por enfermedades que puedes remediar con métodos alternativos y naturales o, mejor, adopta un modo de vida saludable, la mejor forma de prevenir el malestar del cuerpo.

3. Desorden
¿La mesa donde trabajas está llena de papeles y libros que se apilan sin fin? ¿Decenas de objetos esparcidos caóticamente en tu lugar de trabajo? Según una investigación del Instituto de Neurociencia de Princeton, el desorden puede hacer que nuestro cerebro se sienta sobrecargado y, por lo mismo, sea incapaz de concentrarse, con la consecuente fatiga que esto conlleva. La solución, por supuesto, es simple: da un poco de orden al lugar donde habitualmente realizas tus actividades cotidianas.

4. Bebidas energéticas o vitaminadas
En años recientes las bebidas energéticas y vitaminadas han causado cierta sensación en el mercado, ganando la atención y aun el gusto de consumidores que las ingieren sin saber que su efecto sobre el cuerpo dista de ser benéfico. Dada la alta concentración de sustancias como las vitaminas del complejo B, taurina, cafeína y otras similares, el cuerpo reacciona de manera opuesta al esperado: con cansancio y no con vitalidad. ¿Por qué? Esencialmente porque no estamos diseñados para asimilar la vitamina B de manera aislada, que es como se presentan en estos productos, por lo cual, cuando los bebemos, podemos sentirnos sí emocionados o eufóricos pero también extraños y en cierto momento cansados. Quizá lo mejor sea no consumir estas bebidas o revisar antes la etiqueta de sus ingredientes.

5. Uso de computadoras y otros gadgets
La PC, la laptop y otros gadgets se han vuelto dispositivos de uso diario, necesario incluso. A la par, sin embargo, se ha desarrollado algo que la Asociación Estadounidense de Optometría definió como Síndrome de Visión de Computadora, entre cuyos síntomas se cuentan la fatiga, la visión borrosa y dolores de cabeza. Es posible que por tu trabajo tengas que pasar mucho tiempo frente a uno de estos aparatos, si este es el caso, la misma asociación recomienda hacer pausas de 20 segundos cada 20 minutos, retirando la vista de la pantalla y fijándola en un punto a 5 0 6 metros de distancia. Asimismo, verificar que la pantalla se encuentre al nivel adecuado para tus ojos. La luz de las pantallas, además, altera nuestros periodos de sueño.

6. No comer suficientes frutas y verduras
Las verduras y los vegetales son parte esencial de la dieta diaria. Los micronutrientes que contienen (vitaminas y minerales) difícilmente se encuentran en otra fuente, así como los antioxidantes. Procura incluir en tu alimentación diaria suficientes porciones de espinacas, col, uvas, papaya y, en general, las que sean de tu preferencia (y también las que no), para obtener de ellas la energía suficiente para vivir tus días.

7. Mucho ejercicio
El ejercicio es saludable y recomendable, e incluso es capaz de inyectarnos de energía, pero procura no excederte. Ejercitarte en demasía provoca que tus glándulas adrenales liberen cortisol en exceso, la hormona del estrés entre cuyos efectos se encuentra la fatiga. Por su puesto cada quien conoce su propio cuerpo, así que, en función de este conocimiento, procura no llevarlo al límite, recuerda que es el único que tienes.




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El cansancio crónico puede ser síntoma de una enfermedad, eso es cierto, pero también puede ser consecuencia de hábitos perniciosos de nuestra vida diaria que, sin embargo, son a su manera mínimos, fáciles de modificar o erradicar y, por lo mismo, revertir esa sensación de estar constantemente cansados que afecta a algunas personas.

1. Desayuno sin carbohidratos
El desayuno es la comida más importante del día, reza la consigna, a la cual cabría agregar el detalle de los carbohidratos. Como se sabe, los carbohidratos son imprescindibles para que el cuerpo produzca la energía necesaria para realizar todas sus funciones, desde las más elementales hasta las más complejas. Lo que más se recomienda a este respecto son granos enteros, frutas y vegetales (y no harinas refinadas ni azúcar).

2. Medicamentos
El consumo de medicamentos puede forzar la labor del hígado, haciendo que este libre toxinas que fatigan tanto a este órgano como, por efecto paralelo, al resto del cuerpo. Si acaso debes cumplir con un régimen de prescripción médica estricto, consulta con tu doctor si es posible hacer algo al respecto. Pero igualmente evitar tomar medicamentos por enfermedades que puedes remediar con métodos alternativos y naturales o, mejor, adopta un modo de vida saludable, la mejor forma de prevenir el malestar del cuerpo.

3. Desorden
¿La mesa donde trabajas está llena de papeles y libros que se apilan sin fin? ¿Decenas de objetos esparcidos caóticamente en tu lugar de trabajo? Según una investigación del Instituto de Neurociencia de Princeton, el desorden puede hacer que nuestro cerebro se sienta sobrecargado y, por lo mismo, sea incapaz de concentrarse, con la consecuente fatiga que esto conlleva. La solución, por supuesto, es simple: da un poco de orden al lugar donde habitualmente realizas tus actividades cotidianas.

4. Bebidas energéticas o vitaminadas
En años recientes las bebidas energéticas y vitaminadas han causado cierta sensación en el mercado, ganando la atención y aun el gusto de consumidores que las ingieren sin saber que su efecto sobre el cuerpo dista de ser benéfico. Dada la alta concentración de sustancias como las vitaminas del complejo B, taurina, cafeína y otras similares, el cuerpo reacciona de manera opuesta al esperado: con cansancio y no con vitalidad. ¿Por qué? Esencialmente porque no estamos diseñados para asimilar la vitamina B de manera aislada, que es como se presentan en estos productos, por lo cual, cuando los bebemos, podemos sentirnos sí emocionados o eufóricos pero también extraños y en cierto momento cansados. Quizá lo mejor sea no consumir estas bebidas o revisar antes la etiqueta de sus ingredientes.

5. Uso de computadoras y otros gadgets
La PC, la laptop y otros gadgets se han vuelto dispositivos de uso diario, necesario incluso. A la par, sin embargo, se ha desarrollado algo que la Asociación Estadounidense de Optometría definió como Síndrome de Visión de Computadora, entre cuyos síntomas se cuentan la fatiga, la visión borrosa y dolores de cabeza. Es posible que por tu trabajo tengas que pasar mucho tiempo frente a uno de estos aparatos, si este es el caso, la misma asociación recomienda hacer pausas de 20 segundos cada 20 minutos, retirando la vista de la pantalla y fijándola en un punto a 5 0 6 metros de distancia. Asimismo, verificar que la pantalla se encuentre al nivel adecuado para tus ojos. La luz de las pantallas, además, altera nuestros periodos de sueño.

6. No comer suficientes frutas y verduras
Las verduras y los vegetales son parte esencial de la dieta diaria. Los micronutrientes que contienen (vitaminas y minerales) difícilmente se encuentran en otra fuente, así como los antioxidantes. Procura incluir en tu alimentación diaria suficientes porciones de espinacas, col, uvas, papaya y, en general, las que sean de tu preferencia (y también las que no), para obtener de ellas la energía suficiente para vivir tus días.

7. Mucho ejercicio
El ejercicio es saludable y recomendable, e incluso es capaz de inyectarnos de energía, pero procura no excederte. Ejercitarte en demasía provoca que tus glándulas adrenales liberen cortisol en exceso, la hormona del estrés entre cuyos efectos se encuentra la fatiga. Por su puesto cada quien conoce su propio cuerpo, así que, en función de este conocimiento, procura no llevarlo al límite, recuerda que es el único que tienes.




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