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Adoptar hábitos saludables puede hacer la diferencia. Una enorme diferencia que tiene como premio mayor nada menos que vivir más y mejor. 

Después de todo, la salud no es otra cosa que la acumulación de las decisiones que tomamos diariamente.

Desde luego, después de años de malas costumbres arraigadas, ya sea por desconocimiento o simplemente por elección, producir un cambio saludable no es una tarea sencilla.

A veces, interiorizar esos cambios demanda mucho más tiempo del que quisiéramos, y mucho más esfuerzo, es cierto.

Pero también es real que hay un montón de buenos hábitos que no exigen tanta energía y que se pueden hacer en 1 minuto (o menos).

Porque, por supuesto, hacer algo bueno para la salud es mejor que no hacer nada en absoluto.

Veamos entonces ocho hábitos saludables que se pueden adoptar en 60 segundos, o menos:

1- Dejar los calzados en la puerta

La pintoresca costumbre japonesa de dejar los zapatos en la puerta, como una forma de honrar la pureza del hogar, tiene su costado saludable. Según un estudio de la Universidad de Houston, en Estados Unidos, y publicado en LifeHack, alrededor del 40% de las personas que no se quitan las zapatillas antes de entrar a su casa cargan y esparcen una bacteria conocida como Clostridium difficile, que puede producir malestar estomacal, diarrea y fiebre. Otras: Escherichia coli, Clostridium difficile, e incluso meningitis están entre las bacterias comunes que se encuentran en las zapatillas.

Toxinas, polvo, restos de productos químicos que pululan en el ambiente también pueden venir “pegados” a nuestra suela.

Otra investigación, realizada por el microbiólogo de la Universidad de Arizona, Estados Unidos, Charles Gerba demostró que se pueden encontrar una media de 421 mil microbios en la parte exterior de la zapatilla y 2.887 en el interior.

Mejor, las zapatillas, zapatos, borceguíes o lo que sea, queden fuera de casa.

2- Cepillarse la lengua

Es indispensable en algunos de los hábitos más necesarios de nuestro día a día: masticar, saborear, hablar. La lengua es el único conjunto de músculos voluntarios que no se fatiga y, al igual que las huellas digitales, es diferente en cada persona.

Su cuidado es muy importante y, sin embargo, muchas personas la excluyen de su higiene bucodental. La lengua, por su anatomía, es la parte de la boca donde se acumulan más bacterias, y si no la limpiamos correctamente nuestro cepillado no habrá servido de nada.

Tres beneficios de cepillar la lengua:
  • 1- Elimina el mal aliento (halitosis). En el 90 % de los casos el origen del mal aliento está en la boca y está asociado al denominado cubrimiento lingual (bacterias en la parte posterior de la lengua).
  • 2- Previene la caries, gingivitis y periodontitis. Las bacterias se alojan especialmente en las papilas de la lengua y, desde ahí, logran colocarse sobre la superficie de los dientes, provocando la formación de placa bacteriana, causante de estas tres enfermedades.
  • 3- Mejora el sentido del gusto.
Tres consejos sobre cómo limpiar la lengua:
  • 1- Hay que utilizar el cepillo de dientes o el raspador lingual. Intentar colocar el cepillo en la parte posterior del dorso de la lengua, es decir, lo más al fondo posible, y desde ahí realizar un barrido suave hasta la punta. No es necesario apretar. Si se sientes náuseas al hacerlo, se puede usar un raspador lingual (disponible en farmacias), que disminuirá ese reflejo nauseoso. No obstante, esta sensación irá desapareciendo conforme se vaya acostumbrando a limpiar la lengua, y poco a poco alcanzar zonas más lejanas de la lengua.
  • 2- Conocer la lengua. No todas las lenguas son iguales, algunas requieren un cuidado especial. Los fumadores o las personas que respiran por la boca o toman medicamentos que secan la boca son más propensas a tener una lengua seca o blanca. Si la lengua está muy seca cuando se limpia o raspa, se puede dañar el tejido, por lo que es aconsejable hacerlo justo después de cepillar los dientes, cuando la boca todavía se encuentra húmeda. También se puede recurrir a un espray o gel humectante que se puede aplicar a la lengua antes de limpiarla.
  • 3- Prestar atención. Una inspección regular de la lengua puede ayudar a detectar el cáncer bucal. Sacar la lengua frente al espejo y revisar bien su parte superior, inferior y los lados. Comprobar que no haya cambios en su color, cortes o zonas blancas o rojas que no sanen después de una semana o dos. Si se detecta algo inusual, hay que consultar al dentista.

3- Taparse la boca con la parte interior del codo al estornudar o toser

Cuando no contamos con un pañuelo de papel a mano para cubrirnos la boca y la nariz, lo mejor es que tosa o estornude en la parte interior del codo o la parte superior del brazo, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

El punto es evitar el uso de las manos, que pueden no estar limpiar, y también puede propagar fácilmente los gérmenes alrededor. Cubrirse también evita que las gotas cargadas de gérmenes sean lanzadas al aire, donde pueden aterrizar en superficies que se tocan con frecuencia y contagiar a otros.

Esta sencilla técnica es un buen consejo para adultos y niños a recordar durante la temporada de resfriados y gripe.

En todo caso, lavarse frecuentemente las manos es el mejor aliado para evitar el contagio de la gripe, de los resfriados o de cualquier otro tipo de infección vírica. Lo ideal es hacerlo con agua templada y jabón y recordar lavar las palmas, entre los dedos y hasta la muñeca sin olvidarse del pulgar. Un hábito saludable para toda la vida.

4- Tomar agua

Normalmente, los médicos recomiendan entre 6 y 8 vasos de agua al día, o 1 litro o litro y medio de agua, aunque depende de la complexión, salud y actividad. El otro medio litro necesario se puede obtener de frutas y verduras, ya que son alimentos que de por sí muy acuosos.

Si el agua no nos gusta o nos parece aburrida, se puede poner un poco de dinamismo mediante la adición de rodajas de limón, lima o naranja.

Las consecuencias de no tomar suficiente agua son: - Dolor de cabeza.
  • - Fatiga.
  • - Cambios de humor.
  • - Calambres.
  • - Dolores musculares.
Estos síntomas suelen presentarse en estados de deshidratación crónica, cuando la ingesta de agua es menor de 700 mililitros diarios (menos de 3 vasos de agua al día) por un tiempo prolongado: - Adormecimientos de las extremidades.
  • - Alteraciones de la vista.
  • - Dificultades para tragar.
  • - Delirio.
  • - Ataques cardíacos e incluso la muerte.
5- Descansar los ojos

Celular, monitor, tableta, televisor. En los días que nos tocan, pasamos horas y horas mirando las pantallas. Las consecuencias mas comunes son la fatiga ocular, dolor de cabeza, visión borrosa, mala focalización, enrojecimiento de los ojos, el llamado “ojo seco“, que consiste en que como el usuario parpadea menos al poner atención en la pantalla, la superficie ocular; o lo contrario, el llamado “ojo húmedo“, que se debe a que la carga electrostática de las pantallas atrae polvo, y esto puede generar alergias oculares y por tanto humedecer el ojo.

Para proteger nuestros ojos del estrés diario, los médicos recomiendan la regla de “20-20-20” ¿En qué consiste?

Muy fácil, si tenemos que estar varias horas pegados a la pantalla (aunque también podemos aplicarlo a teléfonos celulares o libros digitales), debemos dirigir la mirada cada 20 minutos, por un periodo de 20 segundos, algún objeto que se encuentre a una distancia de 20 pies (o 6 metros). Esto permite que los ojos se reenfoquen y, de esta manera, descansen.

6- Usar protector solar todo el año

Un nuevo estudio sugiere que el uso diario de filtro solar tiene un doble propósito: la puesta bloqueador solar sobre una base regular puede proteger la piel contra los signos visibles del envejecimiento, y también ayuda a reducir el riesgo de cáncer de piel.

Un investigación de científicos australianos halló que los hombres y mujeres que aplican protector solar con mayor frecuencia, con un SPF de 15 o más, tienen una piel más joven que los adultos que lo utilizaron sólo ocasionalmente. Tenían menos arrugas y manchas oscuras en comparación con las personas que usaban protector solar con menos frecuencia.

7- Limpiar la esponja de casa en el microondas

La cosa más sucia de la casa es la esponja para lavar platos. “Esta es mucho más sucia que el asiento de inodoro y el tacho de basura”, cuenta el Dr. Philip Tierno, profesor clínico de microbiología y patología en la Universidad de Nueva York.

Las esponjas tienen muchos agujeros que conservan todas las cosas sucias y microorganismos no deseados durante la limpieza. Al lavar los platos, piezas de comida permanecen atrapadas en los agujeros de la esponja, y cuando la esponja se mantiene húmeda y seca lentamente, cada 20 minutos se está desarrollando una nueva bacteria.

“Los platos limpios pueden tener bacterias también si se han lavado con una esponja sucia, porque el agua y el detergente no pueden matar las bacterias. Después de cada uso se debe desinfectar la esponja “, agrega el microbiólogo.

Para limpiar la esponja, Tierno recomienda sumergir la esponja en agua limpia y luego ponerla en el microondas hasta que el agua comienza a hervir, luego escurrir y dejar secar.






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Contrario a la creencia popular, no siempre es necesario hacer grandes y drásticos cambios en la rutina diaria para optar por un estilo de vida más saludable. A veces sólo basta con incorporar pequeños hábitos para mejorar la calidad de vida, en un mundo hiperconectado, y muchas veces, sedentario.

Según Giuseppe Russolillo, presidente de la Fundación Española de Dietistas y Nutricionistas, “hay que volver a los patrones de vida que tenían nuestros abuelos y bisabuelos, a lo que hacían hace un siglo”, explicó al diario español, El País, y agregó “antes, la alimentación era más moderada, se comía de todo pero no todos los días y, desde luego, carnes y pescados no con tanta regularidad. Y también hay que abandonar el estilo de vida sedentario. Nuestros abuelos iban por leña o a lavar al río, se movían. Nosotros, como mínimo, debemos procurar caminar”.

Es por eso que a continuación detallamos seis rápidos hábitos saludables que el experto recomienda incorporar en la rutina
1. Comer como mínimo una fruta al desayuno.

Se recomienda que al día cada persona consuma al menos cinco raciones de frutas o verduras, porque si se empieza el día con una manzana o naranja, ya se ocupado de una de estas raciones. “Un jugo y dos piezas de fruta es una ración perfecta para el desayuno. Las frutas aportan citoquímicos vegetales, también llamados compuestos bioactivos, que previenen numerosas enfermedades como la diabetes, la hipertensión arterial, la obesidad o el cáncer”, explica Russolillo.

2. Aprender a comprar correctamente en el supermercado.

El profesional recomienda optar siempre por las frutas y las verduras. Además de implementar algunos pequeños cambios como optar por el pan integral en lugar del blanco. “Es más rico en fibra, vitaminas y minerales. La fibra se digiere más lentamente y esto hace que la glucosa llegue más despacio a la sangre y el aporte enérgico sea constante. Y, además, es buena para el tránsito intestinal, ayuda a disminuir el colesterol y sacia mucho más”, señala el profesional.

Incluir una botella de vino, tampoco es perjudicial, ya que los expertos recomiendan consumir una o dos copas al día, ya que trae varios beneficios cardiovasculares.

3. Moverse.

No siempre se tiene tiempo para ir al gimnasio o salir a correr, así que el profesional recomienda por ejemplo, si es posible caminar hacia el trabajo o de lo contrario bajarse del bus o metro, antes de completar el trayecto, “Los niveles de sedentarismo son tan elevados que con esto ya sería suficiente”, apunta Russolillo.

Lo recomendable es hacer entre 30 y 35 minutos de ejercicio, tres o cuatro veces a la semana.

4. Hacer estiramientos

La mayoría de los adultos pasan gran cantidad de tiempo sentados o sin realizar muchos movimientos, es por eso, que un buen truco es moverse por cinco minutos cada hora para realizar estiramientos. Basta con rotar el cuello y estirar la espalda hacia el suelo. Estos movimientos sirven para liberar la mente y volver con más concentración a la actividad.

5. Quererse para que te quieran

Sólo basta con pasar algunos minutos frente al espejo, no por vanidad o moda, sino para asegurarse que te sientes bien contigo mismo, y que estás cómodo con cómo luces. “No sólo proyectaremos una imagen más segura de nosotros mismos sino que los demás también nos mirarán mejor. O, quizás, no nos importará tanto”.

6. Desconectarse.

La mejor forma de dormir bien, es apagar el computador, teléfono, tablet y cualquier otro dispositivo electrónico, una hora antes de irse a la cama, y por supuesto, evitar caer en la tentación de encenderlos nuevamente, pues la llamada “contaminación eléctrica”, entusiasma al cerebro, alterando los patrones de sueño.




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Contrario a la creencia popular, no siempre es necesario hacer grandes y drásticos cambios en la rutina diaria para optar por un estilo de vida más saludable. A veces sólo basta con incorporar pequeños hábitos para mejorar la calidad de vida, en un mundo hiperconectado, y muchas veces, sedentario.

Según Giuseppe Russolillo, presidente de la Fundación Española de Dietistas y Nutricionistas, “hay que volver a los patrones de vida que tenían nuestros abuelos y bisabuelos, a lo que hacían hace un siglo”, explicó al diario español, El País, y agregó “antes, la alimentación era más moderada, se comía de todo pero no todos los días y, desde luego, carnes y pescados no con tanta regularidad. Y también hay que abandonar el estilo de vida sedentario. Nuestros abuelos iban por leña o a lavar al río, se movían. Nosotros, como mínimo, debemos procurar caminar”.

Es por eso que a continuación detallamos seis rápidos hábitos saludables que el experto recomienda incorporar en la rutina
1. Comer como mínimo una fruta al desayuno.

Se recomienda que al día cada persona consuma al menos cinco raciones de frutas o verduras, porque si se empieza el día con una manzana o naranja, ya se ocupado de una de estas raciones. “Un jugo y dos piezas de fruta es una ración perfecta para el desayuno. Las frutas aportan citoquímicos vegetales, también llamados compuestos bioactivos, que previenen numerosas enfermedades como la diabetes, la hipertensión arterial, la obesidad o el cáncer”, explica Russolillo.

2. Aprender a comprar correctamente en el supermercado.

El profesional recomienda optar siempre por las frutas y las verduras. Además de implementar algunos pequeños cambios como optar por el pan integral en lugar del blanco. “Es más rico en fibra, vitaminas y minerales. La fibra se digiere más lentamente y esto hace que la glucosa llegue más despacio a la sangre y el aporte enérgico sea constante. Y, además, es buena para el tránsito intestinal, ayuda a disminuir el colesterol y sacia mucho más”, señala el profesional.

Incluir una botella de vino, tampoco es perjudicial, ya que los expertos recomiendan consumir una o dos copas al día, ya que trae varios beneficios cardiovasculares.

3. Moverse.

No siempre se tiene tiempo para ir al gimnasio o salir a correr, así que el profesional recomienda por ejemplo, si es posible caminar hacia el trabajo o de lo contrario bajarse del bus o metro, antes de completar el trayecto, “Los niveles de sedentarismo son tan elevados que con esto ya sería suficiente”, apunta Russolillo.

Lo recomendable es hacer entre 30 y 35 minutos de ejercicio, tres o cuatro veces a la semana.

4. Hacer estiramientos

La mayoría de los adultos pasan gran cantidad de tiempo sentados o sin realizar muchos movimientos, es por eso, que un buen truco es moverse por cinco minutos cada hora para realizar estiramientos. Basta con rotar el cuello y estirar la espalda hacia el suelo. Estos movimientos sirven para liberar la mente y volver con más concentración a la actividad.

5. Quererse para que te quieran

Sólo basta con pasar algunos minutos frente al espejo, no por vanidad o moda, sino para asegurarse que te sientes bien contigo mismo, y que estás cómodo con cómo luces. “No sólo proyectaremos una imagen más segura de nosotros mismos sino que los demás también nos mirarán mejor. O, quizás, no nos importará tanto”.

6. Desconectarse.

La mejor forma de dormir bien, es apagar el computador, teléfono, tablet y cualquier otro dispositivo electrónico, una hora antes de irse a la cama, y por supuesto, evitar caer en la tentación de encenderlos nuevamente, pues la llamada “contaminación eléctrica”, entusiasma al cerebro, alterando los patrones de sueño.




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Llevar una vida sana implica algunas prácticas que, durante años, han sido llamadas “comunes y saludables”. No obstante, la ciencia tiene hoy una lectura distinta a lo que se supone debería hacernos bien.
Así lo explican en el diario electrónico Huffington Post, donde explicaron que ciertos hábitos sindicados como sanos, en realidad suponen un riesgo para nuestra salud.
A continuación pasamos a detallar la lista de las 10 costumbres supuestamente saludables pero que no lo son:

1. Consumir alimentos con 0% grasa: 

Si eres diabético o tienes exceso de peso te puede beneficiar, de eso no hay duda. Pero, debes tener en cuenta que si un yogur asegura que no tiene grasa o ácidos grasos, no quiere decir que no engorde.
Para Vanesa León, de la Asociación de Nutricionistas de Madrid, eso está más que claro. Los hidratos de carbono y las proteínas presentes en dicho alimento, también pueden hacer que subas de peso.
La experta recuerda que para compensar el sabor del alimento, es común que la empresa le agregue aditivos o azúcar modificada. Además, sostiene que una dieta demasiado baja en grasa puede afectar tu memoria, tu piel y provocar fatigas.

2. Tomar agua…sin parar: 

En este punto los nutricionistas suelen ser bastante insistentes y recalcar que debes beber 8 vasos de agua al día, sea invierno o verano.
Sin embargo, los autores del libro “Comer y correr“, no escatiman en decir que beber demasiada agua (más de 7.5 litros) puede dañar tus riñones, la sangre, los fluidos y electrolitos corporales.

3. Exponerse mucho al sol para obtener vitamina D: 

Sólo al dar un paseo ya tenemos la vitamina D necesaria para el cuerpo, dice Ramon Grimalt, dermatólogo español.
Una exposición al sol un poco más larga podría ser recomendable para una persona que se encierra todo el día, pero no para alguien que comúnmente transita bajo el sol.

4. Blanquearse los dientes: 

Los blanqueamientos dentales repetidos pueden ocasionar Blancaorexia, que no es más que el desgaste de los dientes, encías e incluso la lengua, causando incluso grietas.

5. Usar jabón antibacterial: 

Que matan el 99,9% de los gérmenes o que son una buena forma de proteger a la familia, son algunas de las promesas que realizan las marcas que venden jabones antibacteriales.
Sin embargo, múltiples estudios y expertos han cuestionado los beneficios de estos productos e incluso han manifestado que su uso implica riesgos.
Entre las conclusiones de los expertos está que no es más efectivo que el jabón normal, su principal componente (el triclosán) sería riesgoso para la salud y el medio ambiente y que podría provocar resistencia a ciertos antibióticos.

6.Consumir bebidas rehidratantes o isotónicas: 

A menos que seas un deportista de alto rendimiento no debes abusar de este tipo de líquidos. Por ejemplo, si sales a trotar o vas al gimnasio dos o tres días a la semana no son completamente recomendables.
Las isotónicas, muy comunes en el mercado, incluyen carbohidratos de absorción rápida, como la glucosa o la dextrosa, que reponen la energía en el deportista.
Pero si eres de esos que trota o hace zumba cuando le alcanza el tiempo, entonces los azúcares propios se depositan en tu cuerpo como grasa, lo que perjudicará el resultado cuando te subas a la balanza.

7.Correr todos los días: 

Salir a correr por deporte o por relajo puede ser agradable, pero no por eso estrictamente saludable. Cuando lo haces, son tus piernas y tobillos los que reciben el impacto del peso y deben aguantar el ejercicio.
El fisioterapeuta Daniel martínez de la Sociedad Espaola de Traumatología en el Deporte dice que con frecuencia exponemos a las mismas estructuras a una carga difícil.
De modo que, si dejas pasar poco tiempo entre una rutina y otra, tus huesos no alcanzarán a reponerse y se irán desgastando.

8.Limpiar nuestros oídos con “cotonetes”: 

Mantener aseados nuestros oídos es ideal, pero limpiarlos con cuidado y de forma correcta es tema aparte.
Si introduces mal uno de los clásicos “cotonetes”, puedes empujar el cerumen y hacer que llegue al tímpano, causándole una lesión. Mainz, dice que nuestro aparato auditivo expulsa la suciedad naturalmente, sin la necesidad de otros objetos.

9.Deportes y calor, mala combinación: 

Cuando nos ejercitamos, trabaja nuestra musculatura pero también nuestro sistema cardiovascular. Nuestro corazón se esfuerza por mantener la energía, el riego sanguíneo y también la temperatura corporal.
Si estamos en un lugar caluroso y a eso le sumamos la condición de nuestro organismo, se puede generar un síncope de calor o, aún más grave, un golpe de calor que conlleva el riesgo de morir, dice Luis Franco de la Federación Española de Medicina del Deporte.

10. Agua muy helada luego del deporte: 

Cuando terminas la rutina de ejercicios tu cuerpo está muy sudado y con una alta temperatura.
Proporcionarle agua helada, genera espamos en la glotis que a su vez provoca un efecto de como si te estuvieras ahogando, esto demuestra que biológicamente no estamos preparados para un “golpe helado”.





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Llevar una vida sana implica algunas prácticas que, durante años, han sido llamadas “comunes y saludables”. No obstante, la ciencia tiene hoy una lectura distinta a lo que se supone debería hacernos bien.
Así lo explican en el diario electrónico Huffington Post, donde explicaron que ciertos hábitos sindicados como sanos, en realidad suponen un riesgo para nuestra salud.
A continuación pasamos a detallar la lista de las 10 costumbres supuestamente saludables pero que no lo son:

1. Consumir alimentos con 0% grasa: 

Si eres diabético o tienes exceso de peso te puede beneficiar, de eso no hay duda. Pero, debes tener en cuenta que si un yogur asegura que no tiene grasa o ácidos grasos, no quiere decir que no engorde.
Para Vanesa León, de la Asociación de Nutricionistas de Madrid, eso está más que claro. Los hidratos de carbono y las proteínas presentes en dicho alimento, también pueden hacer que subas de peso.
La experta recuerda que para compensar el sabor del alimento, es común que la empresa le agregue aditivos o azúcar modificada. Además, sostiene que una dieta demasiado baja en grasa puede afectar tu memoria, tu piel y provocar fatigas.

2. Tomar agua…sin parar: 

En este punto los nutricionistas suelen ser bastante insistentes y recalcar que debes beber 8 vasos de agua al día, sea invierno o verano.
Sin embargo, los autores del libro “Comer y correr“, no escatiman en decir que beber demasiada agua (más de 7.5 litros) puede dañar tus riñones, la sangre, los fluidos y electrolitos corporales.

3. Exponerse mucho al sol para obtener vitamina D: 

Sólo al dar un paseo ya tenemos la vitamina D necesaria para el cuerpo, dice Ramon Grimalt, dermatólogo español.
Una exposición al sol un poco más larga podría ser recomendable para una persona que se encierra todo el día, pero no para alguien que comúnmente transita bajo el sol.

4. Blanquearse los dientes: 

Los blanqueamientos dentales repetidos pueden ocasionar Blancaorexia, que no es más que el desgaste de los dientes, encías e incluso la lengua, causando incluso grietas.

5. Usar jabón antibacterial: 

Que matan el 99,9% de los gérmenes o que son una buena forma de proteger a la familia, son algunas de las promesas que realizan las marcas que venden jabones antibacteriales.
Sin embargo, múltiples estudios y expertos han cuestionado los beneficios de estos productos e incluso han manifestado que su uso implica riesgos.
Entre las conclusiones de los expertos está que no es más efectivo que el jabón normal, su principal componente (el triclosán) sería riesgoso para la salud y el medio ambiente y que podría provocar resistencia a ciertos antibióticos.

6.Consumir bebidas rehidratantes o isotónicas: 

A menos que seas un deportista de alto rendimiento no debes abusar de este tipo de líquidos. Por ejemplo, si sales a trotar o vas al gimnasio dos o tres días a la semana no son completamente recomendables.
Las isotónicas, muy comunes en el mercado, incluyen carbohidratos de absorción rápida, como la glucosa o la dextrosa, que reponen la energía en el deportista.
Pero si eres de esos que trota o hace zumba cuando le alcanza el tiempo, entonces los azúcares propios se depositan en tu cuerpo como grasa, lo que perjudicará el resultado cuando te subas a la balanza.

7.Correr todos los días: 

Salir a correr por deporte o por relajo puede ser agradable, pero no por eso estrictamente saludable. Cuando lo haces, son tus piernas y tobillos los que reciben el impacto del peso y deben aguantar el ejercicio.
El fisioterapeuta Daniel martínez de la Sociedad Espaola de Traumatología en el Deporte dice que con frecuencia exponemos a las mismas estructuras a una carga difícil.
De modo que, si dejas pasar poco tiempo entre una rutina y otra, tus huesos no alcanzarán a reponerse y se irán desgastando.

8.Limpiar nuestros oídos con “cotonetes”: 

Mantener aseados nuestros oídos es ideal, pero limpiarlos con cuidado y de forma correcta es tema aparte.
Si introduces mal uno de los clásicos “cotonetes”, puedes empujar el cerumen y hacer que llegue al tímpano, causándole una lesión. Mainz, dice que nuestro aparato auditivo expulsa la suciedad naturalmente, sin la necesidad de otros objetos.

9.Deportes y calor, mala combinación: 

Cuando nos ejercitamos, trabaja nuestra musculatura pero también nuestro sistema cardiovascular. Nuestro corazón se esfuerza por mantener la energía, el riego sanguíneo y también la temperatura corporal.
Si estamos en un lugar caluroso y a eso le sumamos la condición de nuestro organismo, se puede generar un síncope de calor o, aún más grave, un golpe de calor que conlleva el riesgo de morir, dice Luis Franco de la Federación Española de Medicina del Deporte.

10. Agua muy helada luego del deporte: 

Cuando terminas la rutina de ejercicios tu cuerpo está muy sudado y con una alta temperatura.
Proporcionarle agua helada, genera espamos en la glotis que a su vez provoca un efecto de como si te estuvieras ahogando, esto demuestra que biológicamente no estamos preparados para un “golpe helado”.





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