Con los diversos cambios de estación, principalmente invierno y verano, llegan las batallas por el termostato en las oficinas (y las casas). Las señoras con vestidos de tirantes, que pasan frío, contra los caballeros con corbata, que se asan. Quienes estornudan y moquean, mirando las rejillas refrigerantes como obra demoníaca, contra los que llegan de la calle sudando y respiran aliviados al notar el aire fresco.
¿Nos pone enfermos el aire acondicionado? La respuesta es no. Nos ponemos enfermos por los mismos motivos que el resto del año: exposición a bacterias, virus y alérgenos. El aire acondicionado tiene muchas ventajas:
- El calor extremo hace descender el rendimiento físico e intelectual
- Por encima de 26 grados no se puede dormir bien
- El aire acondicionado dispone de filtros que limpian el aire
- Las temperaturas bajas reducen las presencia de insectos y parásitos
- Al bajar la temperatura sudamos menos nos deshidratamos menos
- El aire acondicionado elimina la humedad del aire, y el aire seco y frío produce irritación de los ojos y moqueo, lo mismo que nos ocurre en la alta montaña.
- El frío repentino pueden contraer rápidamente los vasos sanguíneos en el cráneo y provocar dolores de cabeza, igual que al comer rápidamente un helado
- En las grandes instalaciones centralizadas de aire acondicionado que no se mantienen bien pueden provocar brotes de legionelosis, pero es muy raro, y no se da nunca en las instalaciones caseras.
Con ropa de verano la temperatura más confortable está entre 23 y 26 grados. No hay necesidad de poner el termostato a 21, y además ahorras dinero
Limpia los filtros con agua y jabón cada año
En climas secos usa un humidificador o un simple aerosol para vaporizar agua
Si tienes frío usa una chaqueta ligera para aclimatarte durante los primeros minutos.


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